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Domingo, 5 de mayo de 2013

RESCATES > LA INCREíBLE EDICIóN EN FORMATO LIBRO DEL LEGENDARIO FANZINE RESISTENCIA

SOY REBELDE PORQUE EL MUNDO ME HIZO ASI

Durante diez números, de 1984 a 2001, Patricia Pietrafesa editó Resistencia, el fanzine que, desde la posdictadura y hasta la caída del gobierno de la Alianza, documentó no sólo el movimiento punk de Buenos Aires –y del mundo– sino una escena de rebeldía y autogestión de la que ella misma fue parte y creadora, como agitadora, música –fue parte de Cadáveres de Niños y Sentimiento Incontrolable, hoy toca en She Devils y Kumbia Queers–, testigo lúcida y escriba de altísima obsesión y detalle. Eso queda evidenciado en la reciente edición de Resistencia, Registro impreso de la cultura punk rock subterránea. Buenos Aires, 1984-2001, un libro que no sólo recopila esos diez números sino que lo hace con casi el mismo formato del fanzine original, en toda su gloria de fotocopias. Y también es una enciclopedia que refleja una época y una ética de forma exhaustiva y contundente.

 Por Walter Lezcano

Empieza y termina con un libro. El libro del comienzo es Punk, La muerte joven de Juan Carlos Kreimer. El del final es Resistencia, Registro impreso de la cultura punk rock subterránea. Buenos Aires, 1984-2001. Entre un límite y otro hay una mujer, primero lectora, luego cronista, después punk rocker, que tuvo una vida intensa pateando los márgenes del mainstream musical y se hizo un tiempo para vivirlo y contar todo aquello que los libros de Historia y las revistas especializadas de rock y cultura joven siempre dejan de lado o llegan tarde.

Se llama Patricia Pietrafesa.

GARABATOS

A fines de los setenta, la casa de los Pietrafesa era un lugar donde las cosas no se hablaban demasiado. Por ejemplo, no se tocaba el tema de los familiares desaparecidos y se respetaban ciertas prohibiciones: libros que no se leían, películas que no se veían, bandas que no se escuchaban. Sin embargo, una joven Patricia Pietrafesa tenía una insensata inclinación por aquello que se prohibía. Buceando la calle de manera solitaria descubrió las revistas de rock. Estas publicaciones le mostraban seres hermosos y fantásticos: Patti Smith, Joey Ramone, Joe Strummer, entre otros. Llenó su habitación de posters. Ellos comenzaron a ser una imagen a reproducir: ropa negra, peinados nuevos y una postura desafiante que se reflejaba en cierta postura corporal de no mostrar sumisión. Mientras ocurrían estos cambios en ella, se vio agarrando cada vez más seguido una hoja, una lapicera y anotaba cosas. “Escribía pequeñas crónicas sobre mi vida cotidiana, sobre la vida que yo llevaba”, recuerda Patricia. Luego se puso más específica. “Empecé a registrar los discos que escuchaba: ponía los nombres de los temas, autores, formación, estudio donde se grabó. Y hacía lo mismo con las películas, y también anotaba los nombres de libros y autores que leía o que quería leer.”

De esta forma, con la escritura y el registro, Pietrafesa libraba su batalla ínfima y trascendente contra la censura doméstica: tenía una constancia de lo que veía, escuchaba y leía.

FOTOCOPIAS

Punk. La muerte Joven de Juan Carlos Kreimer fue un libro que tuvo la virtud de hablar del punk en el mismo momento en el que se estaba gestando. Kreimer estuvo en el ojo del huracán (una Londres donde reinaban Malcolm McLaren y Sex Pistols) y escribió sobre ese revuelo como un pionero. A comienzos de los ochenta, ese libro llegó a Buenos Aires en fotocopias, y luego tuvo su edición correspondiente.

Cuando Patricia Pietrafesa tuvo en sus manos ese libro lo devoró en un par de sentadas y lo metabolizó. Había encontrado palabras a todas esas sensaciones confusas que no encontraban un cauce certero, y, lo más importante, había descubierto una manera de intervenir la realidad. “En el libro, él le dedica bastante espacio a lo que es un fanzine, incluso habla de fanzines de afuera, y explica la diferencia entre un fanzine y una revista de rock. Y también le dedica bastante espacio a que hay que hacer las cosas por uno mismo, a intentar hacer lo que uno quiera aunque no tengas un título que te habilite para hacerlo. Y eso me re quedó”, cuenta Patricia Pietrafesa.

Así, leyendo, se enteró lo que era: una punk.

Luego supo de la existencia de dos fanzines: Vaselina (donde colaboraría) y otro, de La Plata, que lo pidió por correo: Reacción Punk. “Cuando me llegó a casa, fue toda una experiencia abrir el sobre, sacar el fanzine y pasar las páginas con cuidado y darme cuenta de que todo lo que había ahí adentro era la expresión particular de dos personas únicas, Foxi Fox y Bill Baraja, y que no pensaban como los demás. No eran rebaño. Y lo que más me gustó fue que estuviera hecho todo de fotocopias. Y me di cuenta de que quería hacer eso”, relata Patricia.

Le llevó unos meses de reflexión y armado mental. Para buscar su estilo compró, por correo, fanzines de otros países. Y se puso a escribir a máquina y a mano.

Así nació Resistencia, su primer fanzine. Y en su primera página dice, escrito a mano, esto: “Estamos aquí. Y somos la prueba que algo en la sociedad no funciona. A tiempo nos dimos cuenta que íbamos a ser un engranaje más. Y no queremos entregarnos al fuego”. El almanaque marcaba diciembre de 1984.

EL CLUB DE LA PELEA

“Eran cinco hojas tamaño oficio dobladas a la mitad que tenían informaciones de la movida y de recitales a los que iba. Además, columnas de opinión. Más algunas traducciones (hechas por mí) de fanzines de afuera. También aparecían collages armados con dibujos extraídos de diarios. Eso fue el primer número. Todo muy apretado porque tenía muchas cosas para decir”, cuenta Patricia.

Cuando lo tuvo listo fue a una fotocopiadora y pidió veinte juegos. Esa misma noche había un recital. Mientras se preparaba para salir, vio la pila de fanzines. Se guardó todo en la mochila y se fue al show. Al volver a su casa ya no tenía mas fanzines. “Haber hecho eso fue algo increíble, marcó un quiebre en mi vida y sentí que estaba armando un camino que nunca abandonaría”.

Luego de dos números de Resistencia (el segundo salió en mayo de 1985) decidió dejar a un lado su proyecto y sumarse a un grupo heroico. Junto a Fidel Nadal y Horacio “Gamexane” Villafañe sacaron un fanzine (que duró dos números) llamado ¿Quién sirve a la causa del Kaos? Acá tienen un perfil más combativo a nivel político dado el contexto de represión social que se evidenciaba como una mala resaca de la dictadura militar (los títulos de algunos artículos son: “¿Esto es vivir en democracia?”, “¡No al abuso policial!”). También contaban con entrevistas a bandas, hoy míticas y que no tenían otro espacio, como Alerta Roja y Todos tus muertos.

Resistencia continuó su marcha a la par de la carrera que fue desarrollando Patricia Pietrafesa como una estrella del under en grupos como Sentimiento incontrolable, Cadáveres de niños, Cadáveres y She Devils. Fueron 10 números (el último salió en el 2001) que fueron siendo cada vez más exhaustivos del movimiento punk rocker: la exaltación de la individualidad, el anarquismo, las luchas sociales y la defensa de los derechos civiles. Por esto fue acrecentando sus páginas para convertirse en un verdadero documento de lo que estaba sucediendo en toda esa época. Al fin y al cabo, Patricia Pietrafesa, a esta altura de las batallas ya era conocida con su nickname Pat Kombat Rocker, seguía haciendo lo de siempre: registrar su vida. Lo importante era que esa vida que ella llevaba estaba en las sombras de las luces más brillantes. Por esto, cada una de esas palabras que ella profirió durante una década fueron atesoradas con sumo cuidado “en unas cajas grandes en la casa de mamá, ahí iban a estar bien porque yo me mudaba seguido”, explica.

Pero no pasó mucho tiempo hasta que tuvo que desempolvar todo ese material imprescindible.

OBSESION DEL REGISTRO IMPRESO

La idea fue de Carlos Damián Rodríguez, más conocido como Nekro. Una estrella/agitador de nuestro under que formó parte de Fun People y también conocido como Boom Boom Kid. El, que tuvo sus fanzines y adoraba toda esa mitología, siempre fue un apasionado del trabajo de Pat Kombat Rocker como músico y, especialmente, de Resistencia. Entonces le propuso sacar un libro donde se reunieran todos los números. A Pat le surgieron dudas al principio. Pero Nekro fue insistente. Incluso se iba de gira por el exterior y la llamaba a Buenos Aires para recordarle su oferta. Hasta que Pat decidió desempolvar su archivo. ¿Cómo hacer un libro con TODO eso? La respuesta de Nekro fue simple y contundente: lo sacamos todo respetando la estética del fanzine. Y desde el comienzo, entre los dos, tenían claro que no querían esperar los tiempos laxos de las editoriales de este país. Nuevamente: la urgencia por expresarse. Así surgió Alcohol y fotocopias (la reluciente editorial de Pat), que se inaugura con este libro decisivo: Resistencia. Registro impreso de la cultura punk rock subterránea. Buenos Aires, 1984-2001. Y cuando uno abre este objeto maravilloso se lee una declaración de principios: “Uso negro porque es el color de la muerte, de todxs los que lucharon por la libertad. Y uso rojo porque es el color de mi sangre, mi fuerza y tomo otro camino, no el del silencio hacia el cementerio comunal”.

De entrada uno se da cuenta de lo importante que es, y será, este libro.

Para empezar, respeta la estética y los diseños tal cual salieron en su momento. Ahí se pueden ver unas bellas tapas que confrontan y muestran un arte callejero, en un glorioso blanco y negro, urgente y directo. La del Nº1: un manifestante exigiendo respuestas de un policía. O la del Nº 4: una gráfica expresionista que remite a la tapa de Gulp de Los Redondos. O la Nº 5: una telaraña y una araña acechante con la leyenda “Nadie sale vivo de aquí”. O esas tapas (las Nº 6, 8 y 10) que retratan a tres músicos en la cúspide de su juventud y su furia iconoclasta: Iggy Pop, GG Allin y Dee Dee Ramone. Tres artistas que sirven de puerta de entrada a un universo que ellos mismos ayudaron a crear.

Luego, cuenta con tres sentidos prólogos de estandartes del punk rock: de Marcelo Poca Vida (“El año que Gutenberg gritó: ¡Resistencia!”), Martín Sorrondeguy (“Estampillas, cartas y dedos manchados”) y Pilar Arrese (“Hasta morirla”). Además, contiene un índice con todos los colaboradores de Resistencia, de fanzines mencionados, de sellos, de referencias y temático. Lo que convierte a este libro en una verdadera enciclopedia, en un tratado antropológico de un aspecto importante de nuestra sociedad (el punk rock del under nacional) en lo que respecta a ese período donde parecía que lo único que había era frivolidad y disco. Y, lo más interesante, uno puede acercarse a todo ese universo no como un acto de nostalgia ni para confirmar la tesis de Retromanía. Sino para sentir el calor y la fuerza de las opiniones políticas (“Quién dijo que no hay futuro si por cada policía que muere nacen 1000 niños”, “Derechos animales”, “Te advierto: la naturaleza de tu opresión es la estética de mi Anarkía”), la pasión contracultural (“¿Sabés qué significa comer en McDollars?”), los intereses (Okouts, Trabajadoras del sexo, Resuciten Indios, Psycho Killers, Corps Fucking Art, Darío Argento, Bruce LaBruce, Squats, Billy Childish, México psicotrónico y cabrón), la exégesis del movimiento (“¿Será que los punks son putos?”, “¿Por qué no lo llamamos punk?”), las consignas (“Revolution Girl-Style”, “¡Preferimos ser pendejos de mierda antes que hipócritas adultos!”, “Take back your life”, “Old punks never die”), las bandas y solistas que enaltecían (MC5, L7, Comando Suicida, Massacre Palestina, The birthday party, Daniel Melero, Jim Morrison, Jello Biafra, Johnny Thunders, entre otros de una lista enorme y variada), las historietas y la democratización de la información de todo lo que sucedía en la movida punk rocker mundial. En definitiva, todo lo que conformaba el altar de un grupo de personas desesperadas de libertad que intentaron construir una forma de vida alternativa a las que ofrecía la sociedad de esa época. Y uno no deja de pensar que muchos de esos cuestionamientos, búsquedas y luchas siguen estando presentes.

Patricia Pietrafesa hojea su libro, la obra de toda una vida –que, por supuesto, recién empieza– y dice: “Me sorprende todo esto que hice y, sobre todo, lo que viví. Y cuando revisaba los números me fueron sorprendiendo muchas de las cosas que fui pensando sobre la vida que llevábamos y también cómo fui volviéndome cada vez más combativa”.

Ella hoy en día trabaja más que nunca (está en dos bandas: She Devils y Kumbia Queers) y continúa escribiendo de manera esporádica, sobre todo en las giras y más todavía si es un lugar al que nunca fue (de chica coleccionaba mapas de los lugares que quería conocer). Pero ahora lo hace en el blog o en Facebook.

Vale la pena transcribir las últimas palabras del libro: “Con la sincera y profunda intención de contribuir a la agitación. ¡No abandones tus deseos!”.

Blog de Patricia Pietrafesa:
resistenciazinepunk.blogspot.com.ar/
Contacto para comprar el libro: [email protected]
Resistencia. Registro impreso de la cultura punk rock subterránea Buenos Aires 1984-2001 se presenta hoy, de 17 a 22, en el Centro de Investigaciones Artísticas, Tucumán 3758.

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