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Domingo, 9 de junio de 2013

RESCATES > VIOLETA SECRETA, MúSICA Y PALABRAS DE VIOLETA PARRA

COMO CAIDA DEL CIELO

Hace siete años, revisando su biblioteca, León Gieco encontró unas olvidadas partituras para guitarra de Violeta Parra. Junto a su socio Osqui Amante decidieron que era importante difundir el hallazgo y que la persona más indicada para grabar las composiciones era la guitarrista Cecilia Zabala. Después de varias idas y vueltas –y con la supervisión de Isabel y Tita Parra–, el disco se acaba de editar. Violeta secreta se presenta durante todo el mes de junio en un espectáculo donde además Fernando Noy recitará las legendarias Décimas.

 Por Mariano del Mazo

La historia es buena: un día León Gieco estaba revisando su biblioteca cuando de pronto se le cayó un libraco con partituras de composiciones para guitarra de Violeta Parra. Pensó que sería interesante que esa música se conociera y se lo comentó a Osqui Amante, su compañero de ruta de toda la vida, músico e ingeniero de sonido, con quien comparte un estudio de grabación frente a Parque Centenario. Osqui le dijo que justo estaba grabando en el estudio una guitarrista llamada Cecilia Zabala. Se lo propusieron, y Zabala aceptó el desafío. “Yo siempre pensé en un varón. Pero cuando Osqui me sugirió lo de Cecilia no lo dudé: era mucho mejor una mujer”, dice ahora León Gieco, sentado al lado de la exuberancia de Fernando Noy, frente a la delicadeza de Cecilia Zabala y a centímetros de la calidez del anfitrión, Osqui Amante: sushi y vino tinto.

Aquel pesado libro de partituras, que incluye las célebres anticuecas, cayó de la biblioteca de León en 2006. Lo que estaba grabando en ese momento Cecilia Zabala era su primer disco solista, Aguaribay. El proyecto Parra quedó suspendido entre otras actividades, y entre los propios recaudos de la guitarrista. “¿Por qué yo? ¿Estaré a la altura? Necesitaba tomarme mi tiempo”, cuenta. Su currículum desmiente esos temores: Zabala ha girado por todo el mundo, ha dictado master classes sobre música argentina en la Universidad de Yale, en la Sociedad de Guitarra Clásica de Nueva York, en la Universidad de Oregon, en la Universidad de Marshall y en la Sociedad de Guitarra de Wichita, y más.

A los pocos meses del ofrecimiento de Osqui, fue invitada por el guitarrista chileno Eulogio Dávalos para tocar en Barcelona. “Apenas nos conocimos le conté del disco, de las partituras. Eulogio me miraba extrañado: no podía creer lo que le estaba contando. Me dijo que fue a él a quien Violeta Parra le había pedido que transcribiera las anticuecas, que finalmente se habían desencontrado y al tiempo sucedió la muerte de Violeta. Me contó toda la historia desde adentro: cómo los casetes originales donde ella había grabado las anticuecas pasaron a manos de diferentes personas hasta que llegaron a quienes al fin transcribieron las músicas y editaron el libro de partituras. El mismo fue quien estrenó las anticuecas.”

El disco acaba de salir y es una constatación de la tremenda genialidad de Parra. Como el abordaje pianístico que años atrás hizo Hilda Herrera de la obra de Atahualpa Yupanqui, el trabajo permite perforar los velos de la estatura simbólica de Violeta para descubrir cierta pureza artística detrás del emblema. Si como poeta y compositora elevó la media de la canción popular a niveles todavía insuperables, habrá que decir que tropezó muy aisladamente con el panfleto y que toda su obra configura una trama muy precisa. Son como los hilos de sus propios tapices. Los múltiples caminos conducen a una misma desesperada visión de la vida: ahí confluyen la ideología macerada en su origen campesino y la desolada búsqueda amorosa, la rabia y la muerte. En esa mirada la riqueza y el manejo del idioma son fundamentales. No en vano es la artista latinoamericana más admirada por dos exquisitos de la palabra como Chico Buarque y Silvio Rodríguez. Pero la que aquí asoma es otra Violeta, oculta entre las capas de la palabra, las arpilleras y los tapices.

Cecilia Zabala se metió de lleno debajo de esas capas. “Su música tiene algo de impresionismo. El impresionismo en la música trató de romper ciertas reglas de la armonía, tal vez con la necesidad de encontrar nuevos colores que no tengan que ver con la relación ‘tensión-reposo’ tal cual se venía utilizando. Por eso utiliza acordes con elementos más independientes. En el plano estilístico, los compositores impresionistas fueron a buscar elementos mayormente de los folklores de Africa y Oceanía. Violeta utiliza ese recurso armónico, pero con el folklore chileno.”

ZABALA

El disco va a ser presentado en un espectáculo performático durante todos los jueves de este mes con el inequívoco título de Violeta secreta. Como en aquellas hoy legendarias noches del Parakultural y el Centro Cultural Ricardo Rojas, cuando con Batato Barea desandaban la poética de Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni y otras poetas, Fernando Noy va a recitar a Violeta partiendo de las extraordinarias Décimas. A veces a capella, otras con la guitarra de Zabala, habrá una puesta en escena con videos a cargo de Leo Chajud y Andrés Saítta. “Violeta, violenta –dice Noy–. La violencia y la fuerza de las Décimas. Seré como siempre un cuerpo que oficiará de médium entre dos poderes. En este caso, los de la Zabala y la Parra.” Aporta Cecilia: “La idea no es proyectar en una pantalla a la manera tradicional, sino buscar un objeto representativo sobre el cual realizar las proyecciones. Y ese objeto tiene que ver con la obra plástica de Violeta. El trabajo de luces y video es clave, porque nos ayuda a contextualizar y delimitar las partes de ese relato a modo de ritual”.

En los últimos años se puede advertir una suerte de reivindicación de la obra de Violeta Parra, aunque quizá todo no sea más que –como ocurre con esta historia– una combinación de casualidades y coincidencias. En 2011 se estuvo viendo en varias capitales la notable película Violeta se fue a los cielos, de Andrés Wood; aquí, Carmen Baliero realizó una titánica musicalización de las Centésimas... Dice León: “Todo los países tienen, digamos, su Violeta Parra. Estados Unidos tiene a Bob Dylan, España a Serrat, Cuba a Silvio, Perú a Chabuca, nosotros a Yupanqui. Es decir, personajes fuertes, de alcances planetarios. Pero la gran diferencia es que en vida Violeta no fue reconocida. Como lo muestra la película de Andrés Wood, ella se pegó un tiro en la más absoluta de las soledades. Con Atahualpa no pasó eso: era reconocido, lo invitaban de todos lados. Cuando cayó la dictadura de Pinochet, recién se la empezó a valorar. Y ahora es increíble: vos vas a cualquier aeropuerto chileno y en los negocios tenés a tu disposición las obras discográficas completas de Violeta y de Víctor Jara”.

El primer acercamiento de Gieco a la chilena fue a través de la revista Folklore, que puntualmente compraba en Cañada Rosquín durante su adolescencia. “La esperaba con ansiedad, especialmente la del mes de febrero, que traía la data de Cosquín. Ahí me enteré del movimiento del Nuevo Cancionero en Mendoza, me metí de lleno en la música contestataria de la época, y eso me llevó directamente a Violeta. En Rosario, un comisionista me consiguió el elepé de las Ultimas composiciones, un disco extraordinario. Igual, lo que siempre me maravilló de ella, además de sus canciones increíbles, es su preocupación porque no se perdieran las músicas campesinas de Chile, toda su tarea como recopiladora. Cuando con Gustavo Santaolalla encaramos De Ushuaia a La Quiaca nos inspiramos en ella. Lo de Leda Valladares vino a través de la dimensión de lo que Violeta había hecho en Chile.”

En De Ushuaia a La Quiaca León grabó y filmó con Isabel Parra. La conocía desde 1983, cuando la hija de Violeta debió exiliarse en la Argentina. “La conocí a ella, y a su hija, Tita. Para mí Isabel es tan grande como Violeta. Tiene quince discos, y es maravillosa. No exagero, no tiene nada que envidiarle a la madre. En De Ushuaia... la llevamos al sur, al Canal de Beagle, y cantó desde un muelle argentino frente a las montañas chilenas, como un símbolo de que no podía entrar a su país. Ahora le acabo de mandar el disco de Cecilia.”

NOY

Isabel es la cancerbera de la obra de su madre a través de la Fundación Violeta Parra. También Tita. “Son muy exigentes –dice Zabala–. Yo me contacté con Tita por mail y le envié el master del disco. Lo escuchó y me respondió haciendo hincapié en detalles muy específicos. ‘Acá el tempo es más rápido’, esas cosas. Al final se quedó fascinada y me invitó para tocar juntas cuando alguna vez vaya a Chile.”

Sesión de fotos, vino, vinilos, el último sushi. Las voces chocan. Noy recuerda sus años en Salvador de Bahía, León habla de Angel y Nicanor Parra, Osqui cuenta aspectos de la grabación y Cecilia Zabala parece colgada de un anillo de Saturno. “Es que el proceso de atravesar y dejarme atravesar por la obra de Violeta me inspira, emociona y renueva. Es un lugar común, pero me siento totalmente honrada. Me parece que no voy a ser la misma después de este espectáculo”, dice, revuelve con el palito japonés la espesura negra de la salsa de soja sobrante en un pequeño bol, y remata: “Es muy poderoso todo; es muy poderosa ella, Violeta Parra”.

Violeta secreta, con Cecilia Zabala y Fernando Noy, se presentará todos los jueves de junio a las 21 en el Teatro del Viejo Mercado, Lavalle 3177. Entradas: $70

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Imagen: Catalina Bartolome
 
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