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Domingo, 5 de mayo de 2002

Escrito en los genes

LAS URNAS EN LAS CUALES FUERON DEPOSITADOS LOS RESTOS DE LOS NIÑOS DE SPIEGELGRUND EN ESPERA DE SU DESTINO FINAL.

En el solemne funeral de los restos de los niños de Spiegelgrund hicieron uso de la palabra Hannah Lessing, secretaria general del Fondo Nacional de la República de Austria para las víctimas del nacionalsocialismo, el Dr. Werner Vogt, la Sra. Waltraud Häupl, hermana de una de las víctimas de Spiegelgrund y, además del alcalde de la ciudad de Viena, Dr. Michael Häupl, y el presidente de la República de Austria, Dr. Thomas Klestil, el Dr. Ernst Berger, jefe del Departamento de Neuropsiquiatría Infantil en el Hospital Neurológico Rosenhügen, cuyo lúcido discurso sobre la lógica científica de entonces y de ahora se reproduce a continuación.

Por Ernst Berger

Soy especialista en psiquiatría infantil, el campo responsable del abuso y asesinato de estos niños. Responsable en el doble sentido de la palabra. En primer término, los psiquiatras y otros científicos establecieron colectivamente que los minusválidos y otras personas mentalmente enfermas llevaban vidas inútiles y que esas personas, a las que llamaron “asociales”, significaban una perturbación de la comunidad. En segundo término, los psiquiatras fueron autorizados por los nazis a implementar sus fantasías asesinas, que llevaron a cabo –bien lejos, como sabemos hoy– de manera sistemática y sin poner en evidencia ninguna resistencia. Con la cooperación de instituciones de asistencia social, Viena fue sometida a esta “selección negativa”, gracias a la cual su población se redujo en un 15 por ciento.
Los científicos guardaron silencio durante sesenta años, participando activamente en la denegación de lo sucedido en aquella época. Al conmemorar a las víctimas debemos, sin embargo, tratar de comprender qué fue lo que pasó medio siglo atrás.
Debemos comprender que lo que estos psiquiatras pensaron e hicieron se derivaba de la lógica de la ciencia y que no fueron obligados por reglas criminales.
Debemos comprender que esto afecta a los contenidos de la ciencia, a la imagen del hombre y a la ética.
Debemos comprender que el biologismo, que reduce a las personas a sus características biológicas, era la opinión científica dominante en aquella época. Fue la base de las teorías genéticas y raciales.
Debemos comprender que el utilitarismo es una opinión ética que evalúa la vida de las personas sólo de acuerdo con su utilidad para otras personas.
Debemos comprender que estas dos opiniones sustentaron en aquellos tiempos la base científica para definir la vida de los minusválidos, personas mentalmente enfermas y todos aquellos que fueron calificados como “asociales” por sus vidas inútiles, que podían, en consecuencia, ser eliminadas.
Y debemos comprender, finalmente, que esas dos opiniones todavía hoy existen: el biologismo gana nueva fuerza en la genética contemporánea, que reduce al ser humano a sus características genéticas. Y se corresponde con el espíritu utilitarista si organizamos nuestra ayuda para los más débiles de nuestra sociedad de acuerdo con criterios de eficiencia y no de solidaridad.
Sólo si aprendemos nuestra lección de lo que sucedió en el pasado podremos hacer justicia a las víctimas, aun con sesenta años de retraso.
De acuerdo con Franco Basaglia, un reconocido psiquiatra social, hay que entender lo “diferente” como parte de la vida social. Debemos, pues, implementar una psiquiatría infantil y un bienestar infantil acorde a la demanda de Basaglia y rehusarnos a excluir al “diferente”. Sólo así estaríamos rindiendo el honor debido a estas víctimas.

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