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Domingo, 23 de octubre de 2005

LAS PRóXIMAS PRODUCCIONES DE CASA LIMóN

Lo que se viene

“Estoy muy contento con mi disco, porque yo no soy allí productor sino que soy un compositor. Lo escribí como si fuese un guión, y luego he llamado a los mejores

actores para cada uno de los temas. Para Paco y para Andrés, por ejemplo, escribí canciones con las que sabía que se lo iban a pasar bien. Los protagonistas del

disco, de alguna manera, somos Josele y yo, que estamos en todos los temas”, cuenta Javier Limón, describiendo su primer disco como solista, que se acaba de editar en la Argentina, y el primero de una serie numerada cuyo número cuatro será un disco de tangos, sólo de voz y guitarra, grabado por Andrés Calamaro.

Antes le llegará el turno a un disco de lujo, coproducido con Fernando Trueba y coeditado con su sello 54: un homenaje a Bill Evans por el Niño Josele. “El lujo es que lo acompaña Marc Johnston, un contrabajista que tocó con Evans, y además estrellas como Tom Harrell, Joe Lovano y Freddy Coleman, de Nat King Cole. Además, el batería es Horacio Negro. Y canta Estrella Morente... ¡Vamos, que es un disco mortal!”

Pero antes que nada, inmediatamente después de Limón, saldrá un disco por el que Javier parece tener especial preferencia. Es el disco de La Negra, una cantante con la que lo une una larga y extraña historia. “La descubrí en una Cueva del Candel hace casi doce años. La escuché cantar y me emocioné, era una gitana pura que cantaba como una mezcla entre Las Grecas y Nina Simone. La quise grabar entonces, pero estaba casada con un gitano, y él no la dejó porque ella tenía que estar en casa, algo que pasa mucho en el mundo gitano. Así que pasa el tiempo, y cuando decido hacer mi sello me acordé de ella. Me enteré de que se había separado y vivía en Alicante, así que me fui hasta allí a verla. Cuando la había conocido, tenía el pelo liso, sus perlitas en la oreja, sus muebles de metacrilato y las cortinas rosas. Pero ahora vivía sola en una casita pequeña, sólo con libros, y tenía unas rastas y dos piercings. Tenía una imagen que era como para enamorarse de ella allí mismo. ‘¿Sigues cantando?’, le pregunté. Cuando abrió la boca, su voz era todavía más oscura, más tostá. Así que me la traje para acá, cogí a los musicazos, Jerry, Josele y los amigos, y le hicimos un discazo en una semana.”

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