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Domingo, 25 de septiembre de 2011

> LES LUTHIERS EN PANTALLA GRANDE Y EN NY

Johann Sebastian Mastropiero en la city que nunca sleeps

 Por Daniel Rabinovich*

Hay un proyecto inconcluso en Les Luthiers que se llamaba Estados Unidos. Fuimos a trabajar a finales de los ’70 después de preparar durante un largo tiempo un espectáculo enteramente en inglés. Para los que no saben inglés, les cuento que es una lengua que se habla en Estados Unidos. Para los que no hemos tomado la teta en ese idioma, se hace muy complicado. Vamos a Nueva York y hacemos dos funciones en el Avery Fisher Hall, en el Lincoln Center. Nos va bárbaro, incluso tenemos reseñas muy buenas en el New York Times y en la revista Variety. Durante un año soñamos en que iban a venir a las funciones: Mel Brooks seguro, Peter Bogdanovich quizás, y Woody Allen probablemente. Y que nos iban a citar al día siguiente a tomar un café y pedirnos que trabajemos con ellos. Habíamos llegado a hablar, y esto que parece joda es absolutamente cierto, de lo que significaría vivir en Estados Unidos. Habíamos decidido no irnos al comienzo de la dictadura, en medio de los aprietes y las urgencias de amigos y familia, y sale la idea, la fantasía, de radicarse en Estados Unidos, o al menos hacer medio año allá y el otro acá. Pero no fue Mel Brooks, Peter Bogdanovich no nos conoció, Allen ni apareció. Por más que volvimos y nos siguió yendo muy bien, todo el proyecto fue inconcluso.

El otro es el de la película. Fue comenzado, promediado y firmado el contrato. Trabajamos con el Negro Fontanarrosa –el único colaborador creativo del grupo–, Luis Puenzo y el guionista Jorge Goldemberg. Fue todo un año de trabajo tremendo. Cerca de 1980. El guión quedó muy lindo. Los Luthiers éramos seis, todavía estaba Ernesto Acher, y se trataba de una historia en seis épocas distintas; cada segmento estaba protagonizado por uno de nosotros y el resto acompañaba como comparsa. No había ilación entre uno y otro salvo una psicoterapia de la que participaban los protagonistas con un analista. Estaban en divanes separados y el psicólogo se tomaba un elevador para tratar a cada uno. Mi personaje se llamaba Danilo Di Sassari y era un mafioso italiano situado a comienzos del siglo XX. Iba a matar a alguien y se olvidaba el revólver, estaba lleno de fallidos. Era un mafioso light. Nos dieron mil dólares de adelanto, en ese entonces una fortuna, nos creíamos Mel Brooks o Monty Python. Pero todas eran escenas de guerra o en la Edad Media. Y cuando los productores vieron por dónde iba la cosa nos empezaron a recortar escenas. Y nosotros que somos muy dignos y formales, les devolvimos la plata.

* actor y músico

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