SANTA FE › BARRIOS SANTAFESINOS VOLVIERON A QUEDAR ANEGADOS POR LA LLUVIA

Después del agua, la bronca

Una lluvia de 80 milímetros convirtió a Santa Fe en la ciudad de la bronca. Piquetes en avenidas, vecinos que amenazan con trompearse y cantitos al intendente Barletta. El cura de la iglesia San Cayetano -que también se inundó- pidió no tirar papelitos a la calle.

Una lluvia de 83 milímetros en poco tiempo, pero con una intensidad de 138 milímetros por hora según las mediciones oficiales convirtió ayer a Santa Fe en la ciudad de la bronca y los piquetes y obligó a la evacuación de 73 personas. Decenas de barrios del norte y el oeste volvieron a quedar anegados por segunda vez en menos de dos semanas, lo que empujó a muchos santafesinos a cortar calles y avenidas. Una de las protestas bloqueó el tránsito en una zona estratégica, en cercanías del puente Negro, donde la noche anterior los vecinos de dos barriadas populosas divididas por las vías del ferrocarril estuvieron a punto de trenzarse a golpes. ¿La causa? Un zanjón a cielo abierto que hicieron los de un lado para tirarle el agua a los del otro lado. Aunque el conflicto no llegó a las piñas: los dos grupos se pusieron de acuerdo para cortar la avenida Aristóbulo del Valle y Huergo, donde le tiraron al intendente Mario Barletta, que ayer ya no salió a poner la cara como después del diluvio del 20 de febrero. "Barletta, compadre...", era el clásico más cantado en los piquetes.

Santa Fe tiene la topografía de una olla. La altura de los dos ríos que la abrazan el Paraná y el Salado , las napas altas y las lluvias recurrentes amenazan con llenarla. Y también colmar la paciencia en los barrios bajos. Las calles convertidas en ríos y el agua en las rodillas volvieron a detonar la bronca. "Ya no se aguanta más. Así no se puede seguir", fue uno de los reclamos más escuchados.

Uno de los piquetes bloqueó la avenida Aristóbulo del Valle y Huergo, en el corazón de la ciudad, donde vecinos de Sargento Cabral y Villa María Selva estuvieron a punto de dirimir una disputa a puñetazos. La causa fue un zanjón a cielo abierto que hicieron unos para desagotar sus casas, pero que aumentó la presión del agua de los otros. El enojo quedó en amague, porque los dos grupos se pusieron de acuerdo y salieron a cortar la avenida, donde protestaron contra el intendente Barletta.

Uno de los vecinos explicó que hicieron el zanjón porque "teníamos entre 40 y 50 centímetros de agua adentro de las viviendas. Era única salida que teníamos. Ya la hicimos en el 2007 (en la inundación que hizo saltar al ex intendente Martín Balbarrey) y nunca tuvimos respuestas. Y ahora volvió pasar lo mismo. Y en vez de seguir discutiendo y peleando entre nosotros, decidimos cortar la avenida. Todo tiene un límite y ya no tenemos más paciencia", explicó.

Otro piquete cortó la avenida Gorriti y Zavalla. La zona era una laguna. "Salimos a la calle porque no tenemos respuestas. La gente reacciona y se enoja, pero no hay nadie que venga a poner la cara", dijo uno de los vecinos. "El otro día llovieron 200 milímetros y tuvimos este problema. Ahora, llovieron 83 milímetros y volvemos a tener el mismo problema. ¿Cuándo nos van a dar una solución? Ya no puedo escuchar al intendente que diga que los desagües de la ciudad funcionan bien. Eso no es cierto. En el norte de la ciudad entró el agua en las casas, en los comercios, así que es imposible seguir aguantando esta situación. Ya no podemos soportar más: cada lluvia es agua y agua y así no se puede seguir", se enojó.

El único funcionario de Barletta que puso la cara fue el subsecretario de Recursos Hídricos, Felipe Franco, quien intentó explicar por qué los barrios del norte de la ciudad reciben cada vez más agua de la zona de Recreo y Monte Vera. "Tuvimos 100 milímetros en menos de una hora, no hay ciudad con la topografía que tiene Santa Fe que pueda resistir ese caudal. Y después, se multiplican los problemas por las obstrucciones de los desagües que tienen que llevar el agua hacia los reservorios y eso hace más lento el drenaje", dijo Franco.

Otro de los barrios más afectados fue Guadalupe Oeste. La iglesia de San Cayetano tuvo ayer medio metro de agua y los bancos para feligreses patas para arriba. "El problema es la falta de limpieza de los desagües, que están prácticamente tapados y el agua corre muy poco, los ciudadanos tenemos una cuota de responsabilidad de ser más limpios, vamos a tener que exigirnos los unos a los otros ni siquiera tirar un papelito a la calle porque muchos papelitos tapan los desagües", reflexionó el sacerdote.

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Las calles convertidas "en ríos" volvieron a detonar la bronca de los vecinos.
 
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