DEPORTES › JUAN SASTURAIN Y EL FERVOR MUNDIALISTA

"Comprometemos demasiado nuestros sentimientos"

Dueño de una larga trayectoria periodística y literaria, Juan Sasturain presentó su libro sobre Argentina en los mundiales y aseguró que, también en el fútbol, hay "una ideología, que hace concebir a los países como empresas".

 Por Claudio Socolsky

El escritor, periodista e historietista Juan Sasturain, presentó en Rosario su último libro La Patria Transpirada. Argentina en los mundiales 1930-2006. En su libro, el escritor nacido en González Cháves, provincia de Buenos Aires, hace 58 años, toma cada uno de los mundiales en los que Argentina participó y reflexiona sobre el juego y los jugadores de cada uno, pero articulándolo con cada momento histórico que atravesaba el país. Antes de la presentación del libro, que se llevó a cabo en los altos de la librería Homo Sapiens, el editor de deportes de Página/12 y también autor del libro El día del arquero, fue entrevistado por Rosario/12.

Además autor de las novelas policiales Manual de perdedores, Arena en los zapatos, Los sentidos del agua, Los dedos de Walt Disney, Parecido S.A. y La lucha continúa, y guionista de los volúmenes de la historieta Perramus, dibujada por Alberto Breccia, en La Patria... Sasturain elude detenerse en el estadística del fútbol y los Mundiales, para hurgar en los pequeños detalles, con referencias concretas por las distintas situaciones que sucedían en Argentina mientras se desarrollaban los mundiales. En esos detalles podemos ver la capacidad del escritor para contar sus experiencias en cada mundial que le tocó vivir, ya sea por las crónicas y fotos, los relatos en la radio y, en los últimos campeonatos, a través de la televisión.

-¿Cómo surgió la idea del libro?

-En el 2002, con Daniel Arcucci, hicimos un libro que se llamaba Argentina en los Mundiales. Daniel tenía unos valiosísimos reportajes a un representante de cada equipo argentino que había participado en algunos de los mundiales, hasta el del `98. Y me encargaron a mí que escribiese un texto, que no exigía ningún tipo de precisión, sino que fuera un texto subjetivo, de vivencias personales, y eso me dio mucha libertad para laburar.

-¿Cuáles fueron sus disparadores?

-Sin ninguna duda, las fotos y los recuerdos. El recuerdo pedía la foto, o la foto generaba el recuerdo. Para hablar del mundial del `30, los recuerdos son las mitologías que te transmitían tus ancestros. Fue el mundial mitológico, en la época de los enfrentamientos con los uruguayos, cuando ellos nos pasaban el trapo. Y ahí no sólo estaba comprometido el juego, sino la hombría del jugador argentino. Fue increíble cómo titularon cuando volvieron, "los argentinos no fueron cobardes", no se estaba discutiendo cómo se había jugado, sino si se había puesto o no. Ahí había una foto de los capitanes dándose la mano en el centro del campo. Es tan fuerte el contexto, la postura, cómo están parados. Y hay otra foto del equipo argentino, posando cuando entra a la cancha, con saco. Ese capítulo habla de "El piloto Nolo Ferreira va elegante al muere", remitiéndonos a Borges sobre Quiroga.

-¿Qué otras fotos marcaron la historia del relato?

-Una del mundial `58. Hay una foto del partido que Suecia nos golea por 6 a 1. Está Pancho Lombardo caído, con el 4 en la espalda, detrás de él, y parado con los brazos en jarra, Pipo Rossi, con una incipiente pancita, y un racimo de checos celebrando. Esa es un poco la postal de la impotencia, nos pasaron por arriba. Los diarios, en esa ocasión, titularon el desempeño de la selección argentina de "desastre". Y la otra, la reacción de los hinchas en Ezeiza, tirándoles moneditas a los jugadores, un gesto despectivo, que tiene mucho de clasismo. Algo que se usaba mucho en el boxeo. Eso es muy revelador del sentimiento que predominaba en ese momento.

-Y los medios que amplifican al máximo ese sentimiento.

-Claro. El aparato mediático es tan fuerte. Se trabaja tanto sobre esa falsa moral de la competencia, del que sale segundo no sirve para nada y toda esa mierda, que tiene que ver con una ideología, que hace concebir a los países como empresas. Pero creo que no está integrado en el espíritu de la gente, lo que sí es cierto es toda la ilusión que vivimos. Y cuando nos toca perder, nos duele, y nos duele mucho. Es un segundo paso que le echemos la culpa a alguien. Lo que sí es cierto que comprometemos demasiado nuestros sentimientos en esto.

-¿Piensa en algún escenario, dependiendo de cómo le vaya a la selección, relacionado con el poder?

-Creo que no. En todo este proceso, el poder se ha mantenido equilibradamente al margen. Tal vez a través del cálculo o de la convicción; por lo que sea, no ha habido esa cosa desagradable y desgastante del franeleo de fotos y participación. Los estados de ánimo en la Argentina van por carriles diferentes. Sabemos que todos vamos a estar contentos si nos va bien y deprimidos si nos va mal. Pero de ahí a que alguien pueda usufructuar políticamente esa sensación colectiva, eso no lo creo.

-¿El problema es ilusionarse demasiado?

-En el 2002, en el mundial Corea-Japón, fue muy claro que la decepción y la parálisis que nos produjo volvernos en la primera ronda, fue directamente proporcional a la ilusión que se había creado. Una ilusión que estaba potenciada por la necesidad de compensar un sentimiento colectivo de desgracia. Estábamos todos muy mal. Inclusive en los jugadores aparece por primera vez esa expresión, hoy tan común, de "darle una alegría a la gente". Los muchachos lo sentían y lo verbalizaban.

-A pesar de que nos fue muy mal.

-De todas maneras, el caso de Bielsa es emblemático. Nos podíamos pelear con él en términos tácticos, pero Bielsa siempre transmitió, tanto en la victoria, en la derrota, de nuevo en la victoria y en el renunciamiento final, una cosa de honestidad que no dejaba flancos. Te la podías agarrar con los periodistas exitistas o con Grondona, pero no con Bielsa. Así que no creo, en ese sentido, y nos vaya como nos vaya, que alguien lo vaya a colgar a Pekerman en la Plaza de Mayo.

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"Los medios trabajan mucho sobre esa falsa moral de la competencia, del que sale segundo no sirve para nada y toda esa mierda".
Imagen: Alberto Gentilcore
 
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