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Miércoles, 19 de noviembre de 2008

CULTURA / ESPECTáCULOS › PRO MúSICA DE ROSARIO DESLUMBRó CON EL SHOW ZOO...NANDO

Una selva musical para niños

El espectáculo del prestigioso conjunto local resultó didáctico y entretenido. La historia del casamiento entre Damiela y el Ciempiés fue la excusa para escuchar animales, experimentar con sonidos y conocer nuevos instrumentos.

 Por Marisol Gentile

Pocos espectáculos tienen la cualidad de educar, entretener, deslumbrar y divertir. El show que brindó el Pro Música para Niños de Rosario, en carácter de estreno en la ciudad, reunió todas estas condiciones, y aún más. La cita fue el domingo pasado, en el teatro El Círculo, donde el talentoso octeto de músicos asumió el desafío de mantener intacto el interés de un público muy especial: los mini espectadores que cantaron y bailaron a granel, al ritmo de los sonidos y de los movimientos corporales de los artistas, que contagiaban a chicos y grandes de modo tal que la audiencia se mantuvo absorta, y lograron el milagro de imbuir a todos los niños en el relato animado del grupo.

La tarea era difícil pero lo lograron con creces. El espectáculo, al que denominaron Zoo... nando, se presentó a la audiencia bajo la forma de cuento, con redacción de Marta Ortiz, y trató la historia de el casamiento de Diamela y el Ciempiés, con un argumento que transcurre íntegramente en la selva. Entonces, con este marco de vegetación, ríos y lagunas, arboledas y diversas especies animales como fondo, este casamiento -﷓sin duda todo un acontecimiento﷓- trajo consigo un sinfín de situaciones que tuvieron como protagonistas a los animalitos.

Así, cada canción ofreció variedad estilística, en ritmos de rock y chacareras; de jazz y de bagualas; en metros medievales y renacentistas. Y también variedad instrumental, a partir de un nutrido set que incluyó flautas, bombardas, violas da gamba, acordeón, guitarra, bajo eléctrico y un inagotable stock de idiófonos (esto es, instrumentos de percusión de los más diversos).

Pero lo más interesante fue el aspecto didáctico, que sin duda obró como base del espectáculo. A modo de juego y casi sin querer, los músicos enseñaron a cantar un canon y un quodlibet, recomendaron obedecer las señales viales (haciendo ver el por qué), instruyeron en diferenciar el sonido de un cromorno (especie de oboe antiguo) con el de una flauta y el de una viola, y muchas cosas más. Un cuento en forma de concierto, y a la vez, un concierto didáctico que fue un lujo.

Atraídos por el baile y el canto, aún los más dispersos de espectadores se entusiasmaron con las canciones de este cuento que alimentaba la historia a través de un variado repertorio. Los ocho integrantes del Pro Música para Niños Rosario hicieron honor a su prestigio y a su dilatada trayectoria nacional. Encantaron al público menudo, con una propuesta que los educó, los entretuvo y los divirtió, a través de la música.

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El octeto superó el desafío de mantener expectante a un público disperso como el infantil.
 
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