CULTURA / ESPECTACULOS › CINTA ROJA, EL ULTIMO TITULO DE DAVID MAMET

Con una enorme artesanía narrativa

 Por Leandro Arteaga

Cinta roja. (Redbelt). EEUU., 2008

Dirección y guión: David Mamet

Fotografía: Robert Elswit

Música: Stephen Endelman.

Montaje: Barbara Tulliver.

Intérpretes: Chiwetel Ejiofor, Alice Braga, Tim Allen, Joe Mantegna, Rodrigo Santoro, Bob Jennings.

Duración: 99 minutos.

Sólo en DVD

8 (ocho) puntos

Los últimos films de David Mamet -escritor, dramaturgo, guionista y realizador- han conocido estreno sólo en DVD. Es una pena, pero la cantidad de estrenos comerciales no sólo se ha reducido paulatinamente, sino que su calidad está sujeta al interés consumista, palabra ambigua y, por ello, perversa.

Redbelt -que aquí conocemos como Cinta roja- nos devuelve a Mamet realizador, luego de Spartan (2003, aquí titulada Búsqueda desesperada), film de visión ineludible, por lo que significa en cuanto a construcción dramática y por sus implicancias ideológicas: hija de político secuestrada, trata de blancas, milicia heroica, pero, de repente, nada es lo que parece y todo pasa a ser su reverso: visión espejada que desnuda la hipocresía y fascismo de films temáticamente similares, tales como Búsqueda implacable (Taken, 2007) o Sentencia de muerte (Death Sentence, 2008), donde se justifican todos los disparos letales de sus protagonistas.

Pero en Mamet nada es lo que parece. Maestro narrador, que reconoce en Alfred Hitchcock a uno de sus referentes, Mamet nos vuelve a situar, con Redbelt, en un callejón sin salida (aparente). Así como ya nos lo propusiera desde Casa de juegos (1987), la situación adquirirá, pausadamente, giros que obliguen al espectador y personaje a volver a pensar lo visto y vivido. En Redbelt asistimos a un pacto de complicidad entre el personaje y uno, puestos en alerta desde el mismo inicio: la prestidigitación nos engañará para creer en lo que hemos visto, situación que, a partir de allí, impregnará todo lo que suceda.

El cinturón rojo es el más importante dentro de las artes marciales brasileñas conocidas como Jujitsu. Como ha señalado el mismo Mamet: "El jujitsu me intrigó no sólo como arte sino por el mundo que le rodea, la gente a la que atrae. La película es sobre toda esa gente."

Y el escenario es Los Angeles, suelo que, por norteamericano, conjuga diversidad y ambigüedad. Dignidad y corrupción. Arte y comercio. Estafas y sinceridad. Dentro de este mundo se mueve Mike (Chiwetel Ejiofor), procurando establecer un nexo entre la prédica del arte marcial y su modo de vida. Hay un torneo de por medio. Hay un actor de cine admirado y decadente. Hay una esposa que reprocha la falta de dinero. Hay una abogada inestable que casi mata un policía. Hay una película sobre la guerra financiada por productores viles. Y hay mundo del espectáculo televisivo para que los contrincantes se golpeen hasta sangrar.

Pero allí cuando todo parece volverse irrespirable, cuando la falta de oxígeno nuble la vista, la respuesta aparece. Lo veraz, lo auténtico, tendrán su lugar, aún cuando nunca sepamos qué es lo que Mike va a decir al micrófono del estadio, aún cuando -estima uno- la situación misma sea una prestidigitación del realizador, capaz de hacer de la justicia dramática la mejor manera de intervención divina.

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Mike (Chiwetel Ejiofor) hace un modo de vida del arte marcial.
 
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