CULTURA / ESPECTáCULOS › CINE. FELICITAS, DE TERESA CONSTANTINI, MUESTRA COSTUMBRISMO DE AFICHE

Cuando la historia es pura cáscara

Prometida como el relato de un amor prohibido, la película sólo ofrece buena ambientación, pero sin dramatismo. Se suman fallas actorales en la narración del vínculo entre una joven, cuyo casamiento fue comprado, y un hombre humilde.

 Por Emilio A. Bellon

Un 24 de mayo de 1984 se estrenaba en nuestra ciudad, con la presencia de su realizadora y los actores protagónicos, uno de los films que inauguraba la nueva etapa democrática y que se ha constituido en una de las obras del cine argentino que más semanas permaneció en cartelera, en aquellos años. Nos referimos a Camila de María Luisa Bemberg, con las interpretaciones de Susú Pecoraro e Imanol Arias, un film que narraba una historia de amor en una época marcada por el autoritarismo y la incomprensión, por los fanatismos y la supresión de los derechos individuales.

Hoy, a veinticinco años y días de aquel evento, otra realizadora, Teresa Constantini, autora de una filmografía más que irregular, intenta, tal vez, revivir aquel momento y lo hace a través de una superproducción que se destaca -sólo se destaca para quien firma esta nota- por su cuidada ambientación y su pintura de época. Y al decir esto, es necesario aclarar que me refiero a ese costumbrismo que se puede reconocer en ciertas láminas de historias que se refieren a las últimas décadas del siglo XIX, que son presentadas por detallistas rasgos sobre vestuario, ambientación y ciertos usos familiares.

Pero, creo que sólo esto es lo que podemos valorar de un film que se ha lanzado a través de grandes cartelones publicitarios que ornamentan algunas vías públicas de la ciudad.

El estreno de Felicitas, título que nos lleva a pensar en el otro nombre propio, Camila, se dio de manera simultánea en distintas ciudades, invitando al espectador a seguir esta historia "inspirada en la trágica vida de Felicitas Guerrero" (reza el afiche), que se delata como una "ambiciosa producción", que se caracteriza por "factura técnica impecable", y se define como "prolija, con una bella fotografía", tal como leemos en algunas de las reseñas que acompañan los anuncios publicitarios.

Si atendemos a estos epítetos, observamos cómo todos apuntan a destacar la exterioridad de este film, lo que podríamos llamar aquello que deslumbre; pero que olvidan que, por sobre todo, no se ha tenido en cuenta el carácter dramático de lo que se narra en función de un concepto de puesta en escena, que incluye, ciertamente, un modo de composición actoral.

Felicitas intenta narrar las desavenencias que deben supuestamente sufrir una joven, hija de una familia aristocrática, con otro joven de condición social inferior, mediando entre ellos una relación de conveniencia, que obra como obstáculo; ya que la joven, vivaracha y retozona a la manera de una Scarlett O' Hara, ha sido prometida a un poderoso hacendado. Junto a la enamorada muchacha, siempre está su ama, una criada negra, que responde fielmente a las demandas de la niña. El film se abre a principios de los años 60 del pasado siglo XIX y cierra una década después.

En su afán de recrear lo histórico, que funciona a manera de una ilustración, de una rasante elementalidad, -se pueden recordar pinturas oficiales del período ; aquí están presentes pantallazos sobre la guerra de la Triple Alianza, espacio que nos permite escuchar la voz en off de ese joven que añora desde el frente a su casi perdida amada y que pretende devolver el tono y la modulación de la voz del discurso epistolar; propio de la celebrada literatura folletinesca, de proyección abiertamente romántica. Pero todo queda allí, en una enumeración de intenciones, ya que el estatismo del relato no convoca ni a la aventura ni al desafío.

El trazado de los personajes de Felicitas -a diferencia del film de María Luisa Bemberg- se asienta en planteos esquemáticos, lo que lleva a que sus personajes se muevan mecánicamente en sus acciones y no permitan dejar al descubierto matices. Escapa, para quien escribe esta nota, la actuación que le cabe a Antonella Costa, quien en el film interpreta a Manuela, la prima de la protagonista; personaje, por otra parte, que se mueve como emergente actoral de una galería de jóvenes intérpretes que exhiben un estilo recitativo.

En nuestro llamado cine argentino, la heroína del drama histórico rara vez o nunca ha sido considerada desde un modelo estético ajeno al canon de belleza imperante. El personaje que compone Sabrina Garciarena se construye desde un rostro que bien podría figurar en las tapas de las revistas que promocionan artículos de belleza; de esos que proponen una eterna juventud. Si a ello le agregamos un rosario de mohines y saltitos en el parque y en el bosque mientras corretea tenemos una figura más cercana a la llamada muñequita de adorno que a la heroína romántica. Con sus saltitos, con una edulcorada música de fondo, ya no sabemos si estamos ante un spot publicitario o al intento de imponer un nuevo verosímil.

Podemos observar, por otra parte, que los elementos de mayor definición del film son los que apuntan a recrear los usos sociales de la época: interiores a la hora del almuerzo y cena, veladas y tal vez, lo más jugado en el plano dramático en relación con los personajes le cabe a la noche de Carnaval. En esta caracterización sí se asienta el peso de la mirada de la realizadora y de los cuatro guionistas.

A lo largo de sus dos horas y cinco minutos, esta historia retratada en pantalla grande, que intenta ser desesperadamente trágica, adolece de vacíos narrativos que intentan ser compensados por el peso del artificio visual, que no narran ni la espera ni la angustia, ni la imposibilidad ni el rechazo. Ni aún actores de la talla de Luis Brandoni, que en teatro nos ha ofrecido lo mejor de su talento, ni Alejandro Awada, como el severo padre de la joven heroína con final trágico, pueden permitir que el relato levante vuelo; como se esperaba de un film que se permite en el último momento, en la última imagen, desplegar una mirada ascendente para volver sobre una imagen de tarjeta postal.

Felicitas. (Argentina Francia, 2009).

4 (cuatro) puntos

Dirección: Teresa Constantini

Guión: Graciela Maglie, Sabrina Farji, Félix Quadros, Teresa Correa Avila.

Fotografía: Lula Carvalho

Música: Nico Muhly

Intérpretes: Sabrina Graciarena, Gonzalo Heredia, Antonella Costa, Luis Brandoni. Alejandro Awada.

Duración: 125 minutos.

Salas de estreno: Del Siglo, Monumental, Showcase y Village.

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Ni siquiera se lucen los actores Ana Celentano y Alejandro Awada.
 
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