CULTURA / ESPECTáCULOS › LA QUINTA EDICIóN DEL FESTIVAL DE TEATRO DE RAFAELA. IDENTIDAD Y COMPROMISO.

Para todas las poéticas del país

Convertida ya en una fiesta clásica del teatro nacional, el encuentro en Rafaela sigue sorprendiendo por su nivel organizativo y el acompañamiento de un público ávido de conocer renovadas propuestas. La participación rosarina.

 Por Julio Cejas

Si hay algo que caracterizó desde sus comienzos al Festival de Teatro de Rafaela que celebra su quinta edición, es el compromiso político de sus organizadores que son precisamente los que administran la cosa pública en esta ciudad, en conjunción con los que piensan la programación y la comunidad toda que responde año tras año legitimando esta propuesta. Pocas ciudades pueden darse este lujo, es más quizás hasta las consideradas capitales nacionales del teatro argentino y del mundo no cuentan con un dispositivo tan bien aceitado como el que viene poniendo en marcha esta auténtica fiesta teatral de la Perla del oeste.

El miércoles en la apertura las palabras del Intendente Omar Perotti y la ya clásica y poética intervención de la Ministra de Innovación y Cultura María de los Angeles González; con el fondo del audiovisual preparado por los realizadores locales para hacer una síntesis de lo que mostraría el Festival; se perfilaba ya esta forma de consolidar un proyecto de política cultural diseñado desde Rafaela para orgullo y ejemplo del resto del país.

Y la fiesta se desató a partir de la presentación del consagrado grupo Los Amados, de la ciudad de Buenos Aires, que desató con "Rutilantes" un auténtico homenaje al amor a partir de un repertorio musical cargado de una intensa teatralidad que convirtió al patio de butacas del Teatro Lasserre en una improvisada pista de baile donde el público ovacionó bailando al colectivo liderado por el inefable Chino Amado.

Pronto la fiesta dejaría el espacio para la reflexión y el estupor por la siempre herida abierta de un país que intenta contestarse algunas preguntas que siguen sangrando: "Chiquito", la obra del siempre perturbador dramaturgo porteño Luis Cano inició un itinerario que se extendió a lo largo de todo el Festival.

La versión dirigida por Analía Fedra García impactó por su crudeza y el clima de cotideaneidad en que la obra instala el tema de los hijos apropiados por los militares, en los que reconocemos a personajes "demasiado familiares".

En la previa a la inauguración de la interesante Muestra de fotografías de Adolfo Previderé tomadas en la obra de teatro danza "Ilusión" dirigida por Leticia Manzur e interpretada por Pablo Castronovo y Margarita Molfino en la edición anterior del Festival; pudo verse la performance "Un poyo rojo" a cargo de los bailarines Nicolás Poggi y Luciano Rosso. Una interesante investigación a partir del cuerpo y el espacio acerca de lo popular y los cruces entre el deporte, el baile y la sexualidad, dirigida por Hermes Gaido.

En el rubro infantil las rosarinas del Grupo de títeres Sotavento integrado en esta oportunidad por su creadora María Celia Fernández con la colaboración de Andrea Montoya y la dirección general de Elena Guillén pasearon por los barrios rafaelinos, su última creación "Inventemos el viento". En el mismo rubro y con una realización despareja más allá del despliegue técnico y de la ingeniosa creación de sus títeres, se pudo ver "Un hipo desafinado" a cargo del grupo bonaerense El Nudo Compañía Teatral.

Otro de los espectáculos que vuelve sobre el devaluado tema del compromiso del artista con su pueblo; "Crónicas de un comediante",se transformó en uno de los picos más altos del Festival, con lo que se comprobó la deuda que la escena nacional tiene con este tipo de planteos.

Manuel Santos Iñurrieta, fue el responsable tanto de la escritura como de la actuación y la dirección de este auténtico homenaje a los comediantes del arte y a los grandes cómicos argentinos que trataron de definir un arte popular que tratara de dar cuenta de las necesidades y las luchas de los desposeídos.

Una vez más la irrupción de lo político y los ajustes de cuenta con algunas preguntas que se quedaron en el pasado y retornan con más fuerza a partir de la evocación de aquellos actores vagabundos al estilo clownesco de Carlitos que plantean la miseria con una síntesis tan acabada como el recordado "baile de panecillos" de "La quimera del oro".

Por su parte el creativo dramaturgo y director porteño Matías Feldman ("Todo se desmorona salvo este dolor") presentó su última creación: "Reflejos", un trabajo despojado de escenografía e iluminación, basado en las viejas teorías teatrales desechadas por las últimas generaciones de teatreros y que retornan confirmando que el actor sigue siendo el centro impostergable de la escena.

Una obra con el clima de las últimas propuestas de Daniel Veronese, donde los espectadores se "reflejan" en la mirada de los espectadores que están en frente y donde la escena atraviesa los cuerpos de los actores y el público en un ejercicio de impecable intercambio de emociones.

Y en otra línea de búsqueda apareció "Tualet" un vertiginoso espectáculo cuya coreografía y dirección pertenece a Juan Onofri Barbato, donde se mixturan la tecnología y una escenografía que interactúa y produce roces con cuerpos que estallan en el espacio.

Y de Córdoba, otro de los genuinos representantes de las últimas generaciones de dramaturgos como es Gonzalo Marull, presentó esa locura disparatada "W Invasión Extraterrestre (La destrucción de Córdoba)".

Una experimentación que mezcla hibrídos como la lectura que hace el autor del ya emblemático radioteatro "La Guerra de los Mundos", de Orson Welles, cruzado con personajes de la recordada revista "Hortensia", dirigida por Cognigni.

Otras dos propuestas de la ciudad de Córdoba aterrizaron en Rafaela, demostrando el ingenio y la creatividad de los jóvenes realizadores cordobeses, como Luciano Delprato autor y director de "Edipo R", una irreverente versión libre de Edipo Rey de Sófocles donde muñecos y actores comparten la escena de la tragedia clásica.

Y si hablamos de cordobeses no podemos dejar de mencionar a uno de los grupos paradigmáticos de la ciudad de Córdoba que cuenta ya con reconocimiento nacional e internacional como Cirulaxia Contra Ataca que reestrenaron "Desastres", inspirada en "La Vuelta al Mundo en 80 días" de Julio Verne.

Y Rosario tuvo en Gustavo Guirado a uno de sus representantes más sólidos con la puesta en escena de su último trabajo "La Temperatura", una dramaturgia que remite al género gauchesco, donde la historia es la pampa misma, y el sitio donde esperan los personajes bien podría recordarnos aquella espectral tapera con la que se encuentra Martin Fierro al regreso de su exilio.

Y el habitual espacio para el encuentro y el intercambio entre los realizadores, los organizadores, el público y los integrantes de CRITEA, (Círculo de Críticos de las Artes Escénicas de la Argentina), donde la crítica nacional volvió a ratificar que su rol se enriquece cuando es reconocida como parte vital del echo teatral y como puente entre la creación dramática y los espectadores.

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La ciudad de Rosario estuvo muy bien representada en el prestigioso festival rafaelino.
 
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