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Miércoles, 25 de noviembre de 2009

CULTURA / ESPECTáCULOS › SE PRESENTA HOY IMAGINARIOS COMUNES, TEXTOS PERIODíSTICOS DE FERNANDO TOLOZA

Como las conversaciones de sobremesa

Editor de revistas, periodista, poeta, Toloza formó parte de la trama cultural de la ciudad y murió en un accidente. La recopilación de sus notas muestra que su mirada sigue vigente.

 Por Beatriz Vignoli

El escritor rosarino Manuel López de Tejada, en su novela La culpa del corrector, le da desarrollo ficcional a una leyenda urbana según la cual los correctores de cierto matutino local, los últimos ojos por quienes pasaba el matutino antes de salir a las rotativas y a la calle, deformaban maliciosamente algunos nombres propios o palabras. Según este mito, ningún error publicado en el diario era un accidente. La fábula perdió todo asidero cuando el diario, confiando en el revisor automático de Word, reubicó a sus correctores en otras secciones, como la de espectáculos o el suplemento de cultura.

Entre estos correctores se contaba un joven poeta inédito, librero, docente y editor, Fernando Toloza (Rosario, 1966-Ramallo, 2005), de quien hoy se presenta un segundo libro que reúne sus artículos. Real o sospechado, el hueco de lo no dicho alienta en las diversas producciones escritas de Fernando Toloza. El silencio sugerente y evocador de los miedos infantiles, surcado por rastros, es aludido como un tesoro de sentido en su obra poética, parte de la cual fue publicada póstumamente en forma de libro bajo el título Fuera de temporada. Osvaldo Aguirre tuvo a su cargo tanto el cuidado de edición como la edición misma de este primer libro, que Toloza había dejado preparado.

Mucho más compleja fue la del segundo: Imaginarios comunes. Obra periodística (Ediciones Recovecos, Córdoba, 2009). También editado por Aguirre, titulado a partir de un término que Toloza había tomado de Cornelius Castoriadis, este libro será presentado hoy a las 19 en el auditorio de Sarmiento 763 por el crítico literario Diego Colomba, quien además de haber realizado la selección de textos y el prólogo de la obra tuvo a su cargo la ingrata tarea de mecanografiar todo el volumen. Este fue publicado con los aportes, reunidos por Aguirre, del Sindicato de Prensa y el Centro Cultural Parque de España, de cuya revista, Lucera, Toloza fue editor. Según opinó Colomba en entrevista con Rosario/12, Toloza pertenece a aquel "nuevo periodismo cultural" que hace una década transformó los medios locales, aportándoles "una visión sin pintoresquismo, con humor y desenfado, nutrida de la academia pero con informalidad, antisolemne y sin folklore, local pero procesando que lo que se hace se hace desde un lugar ajeno a los centros".

Las 368 páginas del libro ponen a prueba la vigencia de esta producción de Toloza. Lo que se encuentra en sus siete secciones, tituladas por Colomba a partir de frases halladas en los textos del autor, es la prosa amena y accesible al gran público de un cinéfilo a veces cautivo y un lector salvaje, que hace cruzamientos entre comentario de obra y anécdota biográfica. Cuando la anécdota es propia, el relato en primera persona convierte a la columna periodística en algo así como un precursor, mucho más prolijo, de los blogs. Al narrar la circunstancia de la recepción de la obra, se relativiza el juicio del crítico. Este a veces es muy agudo y se anticipa al futuro, como cuando sugiere que Guillermo Francella podría ser un buen actor dramático. En otros de los artículos aquí reunidos se muestra la hilacha misógina del autor, quien no parece concebirle otro sentido a la obra de las escritoras más allá de constituir un arma inútil de seducción.

El sentido común esgrimido por Toloza es el de la pequeña burguesía civilizada local en una charla de sobremesa: con los buenos modales de su prosa, Toloza intercala en sus reseñas enseñanzas morales, o advierte contra los monstruos de la época como el best seller de autoayuda o el cine de Hollywood. Su erudición tiene baches, más aún cuando se aventura en campos que no son de su especialidad. Pero, como buen conversador bien educado, puede pensarse que también hace silencio para dejarle espacio al otro.

Fernando Toloza era un gigantón aniñado, silencioso y extrañamente tímido, y al mismo tiempo un hombre de convicciones intensas, de firmes adhesiones y rechazos. Estudió en la Escuela de Letras de la Universidad Nacional de Rosario, donde fue ayudante en la cátedra de Literatura Europea II, cuando su titular era el poeta Aldo Oliva. Estuvo entre los fundadores de la editorial Bajo la luna, junto con Mirta Rosenberg. El primer libro publicado por dicha editorial, un poemario de Hugo Padeletti, se presentó en 1991 en la librería que Toloza tenía con un socio, Armando Vites. Llamada El hijo Pródigo, la librería quedaba donde hoy está la planta baja del bar La Luna. En 1993 Toloza ingresó al diario La Capital, donde fue co editor del suplemento de cultura junto con Osvaldo Aguirre. También fue colaborador de Diario de Poesía y editor de las revistas Vasto Mundo y Lucera. Esta vida, tan tramada con la vida cultural de una época de la ciudad, fue segada en un absurdo accidente de ruta en la madrugada de un 22 de diciembre por un camión de la empresa Transportes Carrara.

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La obra reúne crónicas de espectáculos y notas de cultura.
 
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