CULTURA / ESPECTáCULOS › FRAGILIDAD ILTDA, EPISODIO 2 RETOMA EL MANIFIESTO FRáGIL EN EL MACRO

Una forma frágil de ocupar el tiempo

Rafael Cippolini reúne a Ernesto Ballesteros, Graciela Hasper, Fabio Kacero y Pablo Siquier, los artistas que le encargaron aquel documento. La muestra tiene solidez formal y conceptual.

 Por Beatriz Vignoli

A diez veranos del Manifiesto frágil (último del arte argentino por ahora), su autor, Rafael Cippolini (Buenos Aires, 1967) reúne a los artistas que se lo encargaron: Ernesto Ballesteros, Graciela Hasper, Fabio Kacero y Pablo Siquier. La muestra, que puede verse en los pisos 2 y 3 del MACRO (Bv. Oroño y el río), se titula Fragilidad Iltda, episodio 2. Realzada por un impecable montaje, es de una solidez formal y conceptual inusual para el medio, si bien su contenido apuesta a la nada. "El arte es una manera frágil de ocupar el tiempo", dice la frase más citada de dicho manifiesto. Un manifiesto por encargo es una contradicción, pero así están las cosas: de contradicciones viven las post modernidades; especialmente las periféricas, que no tuvieron casi modernidad, en primer lugar. El manifiesto tuvo tres versiones; la última está fechada en abril del 2000 y se publicó en la revista Ramona. Sumando otra a una serie de intervenciones realizadas en el Museo de Arte Moderno de Mendoza y en el Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca, los artistas mencionados "toman" este verano la fachada del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRO) en una operación que el propio curador designa en una reseña como "redefinición del muralismo, una de las estrategias visuales clave en las políticas del arte latinoamericano del siglo XX".

Al respecto cabe recordar el "Llamamiento a los plásticos argentinos", que el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros publicara en el diario porteño Crítica el 2 del junio de 1933: "Nuestros campos de operaciones serán aquellos lugares en que el tráfico del pueblo sea más intenso", escribía el mexicano, exhortando a sus colegas argentinos a "sacar la producción pictórica y escultórica de los museos-cementerios", llevándola a "los lugares más estratégicos plásticamente de los barrios obreros, en las plazas sindicales, frente a las plazas públicas y en los estadios deportivos y teatros al aire libre", para así crear "las bases de un movimiento, de plástica monumental descubierta y muy ejemplar para las grandes masas populares".

Cippolini, midiéndose con semejante titán y dándolo, sin la menor modestia, por superado con su propuesta, sostiene que "esta vez se puso entre paréntesis la perfección y elocuencia de las estrategias y proyectos de las vanguardias históricas, su revés siempre político, el anhelo de su eficacia". Su texto para la exposición se titula "Tractatus Fragilitatis: Un Museo de la Tierra en Saturno" y añade extrañeza a una selección muy sólida de obras elegantes y logradas que reelaboran el concepto de ficción. Aunque en realidad cabría agregar que a la noción de ficción estos artistas la trabajan negativamente, por omisión deliberada, mostrando los bordes del recorte del vacío que la ficción deja en las obras de arte al ser extirpada de ellos, y que lo que presentan son nuevas formas para la abstracción. Si a algo deben remitirse no es entonces a los manifiestos del muralismo sino al manifiesto Arturo. Con quien dialogan y respecto de quien innovan estos autores es en todo caso el crítico norteamericano Clement Greenberg, quien a mediados del siglo pasado proponía un formalismo basado en las propiedades específicas del medio pictórico: lo que logran Hasper, Ballesteros, Kacero y Siquier es un "formalismo obsesivo" (Cippolini dixit) que indaga en lo específico de otros medios, como el dibujo, el cine o la industria editorial.

Graciela Hasper (Buenos Aires, 1966) presenta: un mural Neo Geo; una pintura abstracta más bien tradicional que funde entre sí diversos lenguajes del alto modernismo, y, en la tradición del primer conceptualismo, una serie de libros de artista ("Libros Pinta Bien", 2008 y 2009) donde las páginas son papel afiche liso de colores. También muestra videos. En un video realizado el año pasado en la Rambla de Mar del Plata y en otro titulado "Caracas Suite" (2006 a 2008), Hasper formula algo así como la esencia del cine, o lo específico de la forma cinematográfica: movimientos de cámara y música, sin ficción.

Acompañando imágenes de la rambla desierta y sus grises helados, una música inquietante de quinteto de cuerdas aporta suspenso a los planos secuencia en la técnica del travelling. Todo (incluso el clima de fuera de temporada) remite a Stanley Kubrick en "El Resplandor", pero el único acontecimiento es el recorrido de la mirada.

El arte es el único acontecimiento y la realidad es apenas un lienzo en blanco también para Ernesto Ballesteros (n. 1963), quien muestra una breve selección de piezas de dos series de su ecléctica obra. Una son las "fuentes de luz tapadas", bellas fotos intervenidas, escotomizadas, de Puerto Madero y otros lugares, en un recurso que también emplean otros artistas contemporáneos, como la santafesina Rosalía Maguid o el rosarino Carlos Herrera. Otra (también en la línea del conceptualismo temprano, al igual que los libros de Hasper) se titula "kilómetros de líneas aplicadas a un paisaje". Esta serie rescata, ironizando sobre la ficción de espacio representado en el paisaje mediante la alusión a kilómetros reales, lo específico formal del dibujo, que es la línea formando planos. Lo que diferencia los títulos de las diferentes obras es siempre un número inicial, que cuenta cuántas fuentes de luz han sido tapadas (70, 757) o mide los kilómetros de líneas (308, etc.) que fueron aplicadas a un paisaje. Esta cuantificación del quehacer artístico remite a la ciencia, como bien sugiere el prolífico Cippolini, para quien deconstruir la paradójica noción de "ciencia ficción", separando los términos de "ciencia" y "ficción", pareciera ser una operación conceptual ensayística clave.

Probablemente lo más fascinante de toda la muestra sea la instalación de Fabio Kacero (Buenos Aires, 1961). Titulada Nemebiax, abarca un video y un libro de arte realizados entre 2007 y 2009. El video muestra cómo el artista "pinta" con las letras de un teclado, creando palabras pronunciables pero sin sentido que pueden estar en cualquier idioma. La lista es potencialmente infinita. El libro reúne todas las combinaciones. El proyecto es tan borgeano como gratuito, y atrae precisamente por su gratuidad. ¿Se tratará de agotar todas las combinaciones posibles, o lo mejor es una obra "frágil", que no pretenda ser tan totalizadora, cuyo punto final esté dado por la fatiga o el hartazgo? La música es hipnótica, las vacilaciones de la mano convencen de que se está viendo cómo el artista crea, y las palabras que salen son muy extrañas: "cortul, nagadita, gurgli, pranglet, maincoch, breinoltil" y así hasta el cansancio. Pero no aburre. Y, por supuesto, es una vuelta de tuerca "obsesiva" sobre el motivo de la palabra inventada, que ya utilizaron dadaístas como Kurt Schwitters o el rosarino Juan Grela.

Kacero expone además algunas de sus "pinturas falsas" hechas con la computadora. Resulta despareja su serie "Self Fiction" de libros inexistentes, hojas en blanco entre diseños de tapa. Uno se basa en la portada del disco Never Mind the Bollocks, del pionero grupo punk británico Sex Pistols, y se titula "Never Mind the Pollocks: Spitting over Dripping" (algo así como "Que no te importen los Pollocks: escupiendo sobre el dripping"). Los artistas de este nuevo siglo estamos bien informados gracias a la World Wide Web, de modo que, jugando con el apellido real del líder del la banda (Johnny Rotten) firma un tal Jack Lydon. La obra satiriza así al pope del expresionismo abstracto norteamericano de mediados del siglo pasado, Jackson Pollock. Esto de burlarse de Pollock no es nada nuevo, lo de parodiar u homenajear la tapa del disco fundante del punk tampoco (ya lo hizo el grupo alemán Die Toten Hosen, y, a propósito, ¿de dónde sale el título del álbum Nevermind de Nirvana?). Pero por lo menos el chiste es feliz; otras de las tapas son apenas olvidables ocurrencias de salón.

Y, el colmo del vacío, un libro intervenido de Kacero, titulado "Adriana Hidalgo", faltaba de su pedestal al momento de reseñar esta muestra el domingo pasado. ¡A revisar los videos de seguridad! Last but not least, Pablo Siquier (Buenos Aires, 1961) exhibe uno de sus característicos murales en vinilo negro sobre el blanco de la pared, bocetados mediante la combinación de restos de formas decorativas procedentes de las más variadas culturas, disciplinas y períodos. Cabe aclarar que la similitud entre los apellidos Siquier y Siqueiros no es un chiste de Kacero. Ni de Casero.

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Pintura reciente sin título de Graciela Hasper
 
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