CULTURA / ESPECTáCULOS › SE ENTREGARON LOS PREMIOS DEL LXIV SALóN NACIONAL DE ROSARIO 2010

Sobre usos y abusos del minimalismo

Luego de la evaluación de cuarenta proyectos seleccionados, el jurado distinguió con el Primer Premio Adquisición Gobierno de la Provincia de Santa Fe de $ 20.000 a "Entre el anochecer y la mañanita", instalación de Verónica Gómez.

 Por Beatriz Vignoli

"Me celebro y me canto a mí mismo", escribía el poeta norteamericano Walt Whitman en su "Canto a mí mismo" y la cita viene al caso para definir con elegancia, al menos en lo que a la obra favorita respecta, las políticas de premiación del LXIV Salón Nacional de Rosario 2010, que es asiduamente visitado en el Museo Castagnino (Oroño y Pellegrini) y fue inaugurado el sábado 18 y está afortunadamente bien refrigerado.

Un jurado integrado por Inés Katzenstein, Andrés Labaké, Norma López, Alejandro Weskamp y Roberto Echen, luego del análisis y evaluación de cuarenta proyectos seleccionados, distinguió con un Primer Premio Adquisición Gobierno de la Provincia de Santa Fe de $ 20.000 a "Entre el anochecer y la mañanita", instalación de Verónica Gómez. La instalación incluye en un lugar privilegiado a los dos óleos de dicho nombre de Fernando Fader de la serie "La vida de un día", perteneciente al patrimonio del Museo y una de las primeras obras argentinas en ingresar a su colección.

En torno a ellos, se despliega una apoteosis de Fader y de su célebre serie, a través de un montaje agradablemente sensible de acuarelas, dibujos, textos y herramientas sobre una mesa, todo lo cual simula el atelier de una artista. Sobre la mesa, en la tapa de un cuaderno cerrado, se lee "Diario" y en otro cuaderno, abierto, puede leerse una carta dirigida al: "Querido Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino", escrita imitando el estilo de las antiguas cartas que los niños escribían a Papá Noel o a los Reyes Magos. Gómez sabe muy bien que los Reyes Magos son los padres, y a ellos se dirige; todo perverso sabe lo que el neurótico sufre. El juego resultó exitoso, pero no imiten esto.

Un poco más de dignidad política se deja trasuntar en el Segundo Premio Adquisición Municipalidad de Rosario ($ 12.000). "En caso de duda, a favor del trabajador", de Karina Granieri, exhibe en nítidas mayúsculas de neón la frase en latín In dubio pro operario, variación de la fórmula jurídica in dubio pro reo (en caso de duda, a favor del acusado). Aparte el guiño conceptual comprometido de "traducir" lo penal a lo laboral (para los muchachos abogados y jueces de Tribunales que lo miran desde enfrente), el uso del neón no es muy original: se lo vio mucho en el minimalismo de los 60, estilo fetiche al que vuelven sin cesar las estéticas contemporáneas oficiales locales. Y por otra parte los textos y objetos reenvían al objeto de los 90, en el que se insiste, como en el móvil de tubos y ventiladores titulado "Galileo", de Mauro Musante: poco más que un chiste con aquel latinajo famoso del "Eppur si muove", "sin embargo se mueve".

Cabe advertir en este punto que lo que se ve en el Salón no es ni pretende ser un panorama de la producción local, ya que las más de treinta obras seleccionadas para ser exhibidas en la planta alta del Museo fueron elegidas de entre cientos de obras enviadas. El nombre de Salón, anclado en la tradición moderna del panorama inclusivo de la plástica, proveniente de los tiempos dieciochescos en que todas las obras se exhibían y el público las juzgaba, ha dejado lugar al recorte donde los jurados hacen casi las veces de curadores de un corpus cuyas recurrencias dejan leer necesidades institucionales. La abundancia de obras audiovisuales que prevalece en esta selección podría responder a la política de sumar videoarte a la colección, que fuera expresada por la directora, Marcela Rmer, en la presentación del libro con las ponencias del Cabildo Abierto del Arte el pasado 19 de noviembre en el bar El Cairo. Bienvenidas sean, exclusiones aparte.

El tercer Premio Adquisición Secretaría de Cultura y Educación de Rosario ($ 8.000) fue para "Sin Título", de la serie La Vie, de Livio Javier Giordano, una foto del año 2006 que muestra un kiosco de diarios y un anciano en la vereda por lo demás desierta de los susodichos Tribunales. Salvo excepciones, e independientemente de las virtudes logradas (cierto tierno intimismo, buena calidad compositiva, humor y poco más), casi ninguno de los fotógrafos del Salón parece haber ido a buscar muy lejos sus imágenes. Inés Martino disparó (eso parece) sobre su ropero; Ariel Trevisán compone un políptico ortogonal trash con cajas de archivo apiladas; Ingrid Dabrescia se queda en la terraza, Leandro José Laffen en la pileta Pelopincho, Toia Bonino en el patio del fondo, Gustavo Postiglione en el hotel y el título de una foto de otro autor (La tía flaca fue a buscar la cucharita al modular) lo dice todo. ¿De cuál inseguridad será síntoma esto?

No hay un ir hacia el mundo ni un estar en el arte, ya sea éste búsqueda nómade u oficio, tradicional o no; sí un minimalismo entendido como "nada", ya ni siquiera como "menos es más". Sin embargo, "La novia muerta" (2006), de Arturo Aguiar, se destaca por su producción en estudio fotográfico además de su estética, una perturbadora pero bella imagen que subvierte códigos visuales de la pintura decadentista. Y si es por el trabajo de campo y la ingeniosa sencillez de las herramientas, hay que detenerse en el proyecto "Sincita", de Faca (Fabricio Caiazza), quien revela en su didáctico montaje el método de realización de sus videos callejeros con textos extraídos de la Internet 2.0; el resultado es estimulante y la música de Bowie suma lo suyo.

El Cuarto Premio Adquisición Fondo Nacional de las Artes ($ 4.000) fue para "37738 Gastón Miranda", un video de Gastón Miranda, quien no reitera su nombre por vanidad sino porque se jugó el pellejo en un trabajo de campo, poniendo el cuerpo para denunciar la explotación, y según fuentes confiables es una de las pocas excepciones sugeridas más arriba. El video estaba apagado el domingo pasado, sin posibilidades de encenderlo.

La rosarina Michele Siquot rasguñó $ 1.500 en concepto de Mención Fundación Museo Castagnino con una instalación de pared bastante vista en otras muestras, "El anhelo de Gunta Stültz", y exactamente lo mismo puede decirse del "Combo de videos" de Cintia Clara Romero. Es al menos atractiva e innovadora técnicamente la caja titulada "Bosque" de Marcela Cabutti (Mención especial del Jurado). Hay pocas pinturas. Las más recordables son: "El fantasma de la desesperanza" de Alejandro Art, una obra simbolista y de denuncia, y "Jardín de las delicias" de Cristián Fabián López Rey, simpático homenaje al Bosco que luce una imagen de erotismo pop y bizarro, aunque poca técnica. Hay una sola cerámica: la de Pfaffen, singular y genial como siempre. Se homenajea o parodia demasiado a Mondrian y a los ángulos rectos del alto modernismo, como en el Dibujo que Karina Granieri arma con bordes de frazadas o la presentación interactiva de Pablo Brenko. Se supone que todo esto "dialoga" con los premios del siglo pasado que adornan la planta baja junto a la muestra patrimonial que ostenta el título institucional autocelebratorio y ensimismado de "Ecosistema Oroño".

Volviendo al Salón, si bien Delia López Zamora se toma la geometría mucho más en serio, con un resultado digno en su sobriedad, la sensación general de uso y abuso del minimalismo no es lo mejor que puede pasarle al espectador en una tarde abrumadora de verano.

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Primer premio: "Entre el anochecer y la mañanita", es una instalación de Verónica Gómez.
 
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