CULTURA / ESPECTáCULOS › TODA UNA ESTRELLA EN LA 5ª EDICIóN DE LA CONVENCIóN CRACK BANG BOOM.

Las luces y sombras de Eduardo Risso

Además de sus múltiples colaboraciones con el guionista Carlos Trillo, hizo series clásicas como Parque Chas o 100 Balas que publicó DC Comics desde 1999 hasta 2009. Un hombre afable y sencillo que es idolatrado por el mundo del comic y sus fans.

 Por Beatriz Vignoli

En el ambiente de los historietistas, un dibujante puede ganarse una buena cuota de respeto con sólo contar que trabajó coloreando alguna historieta de Eduardo Risso. Sencillo y afable, sin nada más que la admiración de sus fans para resaltar el prestigio que carga a sus espaldas, esta leyenda se paseó como un rosarino más por la 5 edición de la Convención Internacional de Historieta Crack Bang Boom.

En ese contexto se inauguró el jueves pasado una retrospectiva de su obra, que puede recorrerse hasta el 11 de septiembre en el entrepiso del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa (San Martín 1080).

La muestra, una selección realizada por Juan Angel Szama en colaboración con el autor, resume en un puñado de páginas originales una carrera de más de tres décadas. Además de sus múltiples colaboraciones con el guionista Carlos Trillo, se incluyen series clásicas como Parque Chas (con guión de Ricardo Barreiro, publicada en la revista Fierro en 1987), o 100 Balas (con guión de Brian Azzarello, publicada por DC Comics desde 1999 hasta 2009). Una vitrina está reservada a los amarillentos cuadernos de dibujos de su niñez y adolescencia en Leones (Provincia de Córdoba). Allí ya guerreaban hombres con máquinas en líneas y planos, prefigurando su distintivo estilo, "su incandescente blanco y negro", como escribió Trillo: un juego de luces y sombras netas similar al que luego desarrollaría Frank Miller, quien revivió el comic negro con Sin City en 1991, algo después de la tinta negrísima del genial argentino Alberto Breccia.

Modesto, agradecido con la invitación de Trillo de donde surgió la belleza terrible de Simón, una aventura americana (1992), Risso cuenta su historia. Tras unos años en Buenos Aires, donde dibujó para la editorial Columba hasta que renunció, a mediados de los '80 comenzó a colaborar en la revista Fierro, se casó en Leones y se vino a vivir a Rosario. De esa época es su adaptación para la Fierro de un cuento de Adolfo Bioy Casares: "Cavar un foso", del libro El lado de la sombra (1962). El cuento (un Macbeth siglo veinte donde una pareja de recién casados cometen en demencial complicidad un homicidio criminis causa por no perder su soñada vista al mar en plan Las palmeras salvajes) es narrado por Risso exclusivamente en imágenes. La luz y las tinieblas, nítidamente diferenciadas, protagonizan el pasaje recurrente que marca los puntos nodales del cuento: "Raúl Arévalo cerró las ventanas y las persianas, ajustó los pasadores, uno por uno, cerró las dos hojas de la puerta de entrada, ajustó el pasador, giró la llave, colocó la pesada tranca de hierro". Lenguaje y tema armonízan, tanto en el relato literario como en el gráfico. "Es la historieta ideal: narrar en imágenes", comentó Risso a Rosario/12 el domingo pasado, minutos antes del cierre de Crack Bang Boom en el CEC.

El paralelismo entre vida y obra no se agota allí. "Escribí Parque Chas en una mala época. Estuvo muy enfermo mi viejo, en Rosario, en el Hospital de Emergencias, seis meses, casi se muere. Yo salía todos los días de visitarlo y me sentaba ante el tablero de dibujo", cuenta Risso y completa la frase con un gesto, en el que las manos parecen dibujar una especie de bruma alrededor de su cabeza. La alquimia técnica de los inusuales grises de esta serie puede verse en detalle en la muestra, que es un poco también como espiar su taller. Las planchas de DC Comics dejan ver las advertencias impresas en los márgenes indicando el límite de la hoja dibujable.

¿Cómo llegó allí? Simple: en avión. "No fue fácil", resume con la estoica austeridad de un globito de Trillo para Chicanos (1997), evocando sus tiempos de insistir mandando carpetas por correo. Luego recuerda que tras recibir una cortés carta de rechazo de DC Comics ("donde dibujé lo que viste ahí", anticipa), no se rindió y se gastó sus últimos ahorros en un pasaje de avión a Estados Unidos. Repartió carpetas por todos lados y aunque no quería dibujar superhéroes logró no dibujarlos para Dark Horse, la editorial estadounidense que dio un impulso definitivo a su carrera. Allí hizo Alien Resurrection (1997), adaptación gráfica de la película Alien, con guión de Jack Vance basado en el guión cinematográfico. "El cine y la historieta dialogan, se alimentan uno de otro, son interdependientes", afirma Risso.

Otro abordaje audaz lo conectó con Vertigo, una sección de DC: "Sabía que me andaban buscando pero lo único que tenía era el teléfono de uno de los editores en una tarjeta personal. Las comunicaciones no eran como ahora. Así que terminé sacando otro pasaje". Vuelta de página y aterrizaje en una convención de historietistas. Final feliz: 100 Bullets marcó a fuego la década pasada y siempre le piden más.

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Una retrospectiva de su obra estará hasta el 11 de septiembre en el C.C Fontanarrosa.
Imagen: Alberto Gentilcore
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