CULTURA / ESPECTáCULOS › UNA MIRADA ROSARINA AL CINE MADRIGAL, úNICA SALA CON SELLO PERSONAL DE GRANADA

Las butacas rojas donde todo es posible

Estrenado en 1960, con una película argentina, el cine Madrigal proyecta esta semana una fallida película de una directora catalana, Rastros de sándalo, que recibió premios y elogios de la crítica. Un puente entre las historias de dos ciudades.

 Por Emilio A. Bellon

No fue tanto por el film que allí se exhibía, sino el hecho llegar a esa sala. Al lado de El Corte Inglés, mejor dicho a pocos metros, el jueves, a las 22, comenzaba la última función de ese día en el cine Madrigal, en el que se podía ver Rastros de sándalo, una realización de la directora catalana María Ripoll, de quien se conocen aquí otros cuatro largometrajes. Pero sobre este film hablaré más tarde. El cine Madrigal asombra porque es la única sala identificable, con sello personal que sobrevive en Granada. En torno a ella, un tanto alejadas, hay otras salas, sí, pero que responden a los circuitos de exhibición propios de estas últimas décadas, la de ser parte de una cadena y que se reconocen en la figura de los centros comerciales.

Fue llegar al cine Madrigal y ver su antigua fachada. Ingresar al hall, en la que ya no estaba la fuente que me habían comentado, y reconocer el interior iluminado por una tenue luz. Su patio de butacas, como aquí se llama, ofrecía el clima de aquellos años. Y entonces recordé tantas otras salas que ya no están en Rosario. Pero ante el sentimiento de lo que la prepotencia había arrebatado se levantaron las fachadas del El Cairo, Madre Cabrini, Arteón, los cines Del Centro y otros espacios.

Pocas personas habían asistido esa noche en la última función. Y la mayor parte de ese reducido público no tenía menos de cuarenta años. Tal vez, algunos nostálgicos de aquellos años, de aquellas citas de amor ﷓-como escribió alguna vez Fernando Fernán Gómez-﷓ en la última fila...

Las altas butacas rojas, de una coloración que acusaba el paso del tiempo. Y la pantalla allá, a lo lejos, en el fondo del marco de un escenario donde también se podrían haber representado piezas teatrales.

Y el film comenzó. Rastros de sándalo está ambientado en su primera parte en una comarca cercana a Bombay, en la que se juegan de manera trágica, en torno a despojos y raptos, el destino de dos hermanas. Y recordé que un tono similar, grave y angustiante, caracterizaba la multipremiada ¿Quien quiere ser millonario?. Entre ambas podía trazar un puente.

Pero no podía dejar de pensar en esta sala. Y necesitaba hablar sobre ella, conocer su historia, sus públicos. Salvador Mateo Arias Romero hizo su tesis doctoral sobre las salas de cine, publicada con el nombre de "Granada: sociedad, cine y arquitectura". Y de manera inmediata me vinieron a la memoria el pionero y artesanal libro de Sidney Paralieu, "Los cines de Rosario: ayer y hoy", publicado hace casi ya década y media. Y el reciente a cargo de Daniel Grecco, "Proyectando ilusiones".

Al día siguiente de haber visto el film, iba a tener lugar ese esperado dialogo sobre los públicos de aquellos años, ya que esta sala se había inaugurado un 24 de septiembre de 1960, con la proyección del estreno del film de Luis César Amadori ﷓-figura emblemática de Argentina Sono Film﷓-, Un trono para Cristy, con las actuaciones de una de las divas de nuestro cine, Zully Moreno y Christine Kauffman. Por el afiche, que delataba su rango de realeza, por sus dibujos tan naifs que sonreían eternamente, llegue a pensar en ese momento en la serie edulcorada de Sissi.

Con este film, la presencia de las fuerzas vivas de la ciudad, bendecida la sala por el obispo de entonces, el cine Madrigal abría sus puertas. Las notas en los periódicos de esa semana la destacaban con los epítetos de "moderno, sencillo y acogedor", como asimismo de la excelencia de su tecnología. Desde entonces, su programación ha experimentado numerosos cambios y "Granada: sociedad, cine y arquitectura" da cuenta de ello.

En este cine de quinientas butacas, generaciones de espectadores pudieron acceder a filmes de diversas nacionalidades. Así lo podemos seguir a través de la lectura de este admirable libro que establece principios y marcos teóricos, capítulos dedicados tanto a los cines estables, cubiertos, como a los itinerantes y al aire libre. Esta obra imperdible a lo largo de sus más de setecientas páginas, ofrece además un gran repertorio fotográfico, comentarios bibliográficos, reproducciones de programas de mano y afiches.

Algunos docentes e investigadores consideran que esta obra es casi pionera en la materia; siendo al mismo tiempo la más amplia, particularizada, enriquecida con aportes de otras disciplinas. Y al tenerla entre mis manos, leer su índice e introducción comencé a experimentar un sentimiento de admiración y agradecimiento.

Su libro, como el de Sidney Paralieu o el de Daniel Greco, proyectan, desde su lectura, la necesidad de sostener una memoria colectiva.Y transmitirla desde la recuperación oral y escrita como legados.

Y ese mismo día, con un grupo de amigos y colegas recorrimos los espacios en los que hace algunas décadas estaban habitados por los diferentes públicos. Así iban despertando, a través de los relatos, las historias particulares que en aquellos tiempos habitaban, se creaban, en torno a la sala de cine.

Esa noche, esa suave fría noche, despoblada en sus calles a esa hora, el cine Madrigal invitaba a ver Rastros de sándalo, que no se sabe si se estrenará en nuestro país. Aunque alguien ya me comentó que está circulando en los video﷓clubs con el nombre de Pétalos de sándalo, en algunos países latinoamericanos.

Después de ver las desgarradoras imágenes del principio, que se juegan en los espacios humildes y desprotegidos, uno podría pensar que el derrotero de esta historia, de esta búsqueda de una hermana (ahora devenida gran actriz de Bollywood), estaría marcada por algunas tensiones. Y más aún, en estas primeras secuencias en las que se juega una destacada elipsis, para señalar el paso del tiempo.

Pero lejos de seguir atentamente el hilo conductor, lo que se subrayaba, intencionalmente, eran "las bonitas vistas" de Barcelona, sus lugares de turismo, el Paseo de Gracia, el parque Gaudí, el barrio Gótico, las Ramblas y el Puerto. Una sucesión escalonada de postales, que la directora diseñó de igual manera, en el regreso a una exótica Bombay.

En el interior de la sala, en la que resplandecía una difusa luz que reverberaba desde la parte alta de sus butacas, la mayor parte de los comentarios se referían a la fotografía y a la identificable música.

Y aquel conflicto dramático inicial, ¿dónde había quedado? Si bien es cierto que ese viaje obedecía a un postergado deseo, ahora, desde la mirada desde esta hermana exitosa, Barcelona no dejaba de ser un lugar de vacaciones.

Al llegar a Barcelona, esta primera actriz, a partir de una fotografía que había localizado, logra el tan añorado encuentro, pese a algunas resistencias. Y todo se irá potenciando a un apresurado desenlace, a partir del momento en que la otra, muy diferente en sus rasgos (algunos en la sala acusaban inverosimilitud), interpretada por una joven actriz catalana, conoce al encargado de un video club en la zona de los inmigrantes orientales.

Las autoras del guión partieron de su propio libro. Y para la redacción del guión, igualmente, la directora las convocó. A partir de lo que considero una muy fallida reconstrucción de la memoria personal e histórica, en este film que en los medios masivos ha despertado una expansiva aceptación, pienso en relación con esta temática, en realizadores como Faith Akin, Ferzan Ozpetek, en la primera etapa de Mira Nair, en la filmografía de Toni Gatlif.

Pese a sus premios, considero que Rastros de sándalo es un film que narra de manera reduccionista una historia que remite a las pérdidas, ausencias, búsquedas, en las fronteras de dos culturas.

Al salir de la sala los carteles de los próximos estrenos se mostraban en el hall de entrada. En la parte central del mismo, el del film de Liv Ullmann, la gran actriz y realizadora bergmaniana, dirigiendo a Jessica Chastain, Colin Farrell, Samantha Morton en esta esperada versión del clásico de August Strindberg, La señorita Julia.

Y al costado, otro de los grandes carteles convocaba el inminente estreno del último film de Ira Sachs, El amor es extraño, en esta única sala con sello personal y en esta mágica ciudad en la que conviven tantas culturas. Con John Ligthow, Alfred Molina y Marisa Tomei, el planteo de la película, en tono de comedia dramática relata la historia de dos hombres que han vivido casi cuarenta años juntos, de manera velada; pero que en el momento en que deciden casarse (a propósito de la legalización del matrimonio entre iguales) comienzan a sufrir una sucesión de problemas, de rechazos.

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El Cine Madrigal está ubicado a pocos metros de El Corte Inglés de la fascinante ciudad andaluza.
 
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