CULTURA / ESPECTACULOS › LA SALA MADRE CABRINI REPONE HOY COMEDIA SEXUAL DE UNA NOCHE DE VERANO

Una fábula sobre las pasiones humanas

Como cada lunes, la pantalla de Pellegrini al 600 propone un encuentro con Woody Allen. Esta vez, se trata de la reposición de otra de sus inigualables comedias. Un juego de contrastes qye oarte de afirmaciones inamovibles frente a lo inesperado.

 Por Emilio Bellon

Otro esperado encuentro con Woody Allen tendrá lugar esta noche a las 20.30. Claro está, no en Nueva York, en ese espacio de ese club nocturno donde nuestro admirado actor, guionista y director se reúne con sus amigos en sus rituales sesiones de jazz. Sí, todos los lunes, Allen se encuentra con su grupo de amigos, músicos, en un ya tan mítico rincón del Carlyle Hotel, en Madison Avenue; en su tan amada ciudad a la que le dedica su film homónimo, Manhattan, que va asomando desde la música de Gershwin, desde un luminoso blanco y negro. Y que al son de Rhapsody in Blue, su voz, la del mismo Allen, su personaje, Ike, nos acerca esta declaración: "Capítulo primero: adoraba Nueva York- Era...su ídolo. Hem, no, pongamos mejor: "La había hecho desproporcionadamente romántica...".

Como decíamos al principio, esta noche, nuevamente, a la hora indicada, Allen nos espera. Desde hace varios meses la sala del cine Madre Cabrini, tras la proyección de un western, que siempre convoca a una gran franja de público, se podrá ver otro de los films de Woody Allen, Comedia sexual de una noche de verano. Y en la cita de este lunes, nos alejamos de la ciudad -su hábitat, el espacio en el cual su modo de ser se identifica- para trasladarnos a otro tiempo y a otro ámbito. Tras el fracaso de público de Recuerdos (Stardustmemories) de 1980, film que se puede considerar como su propio Ocho y medio de Federico Allen; tras el estreno de este film maldito, Allen nos presenta esta nueva obra que participa de la fábula y que se escenifica sobre el universo de otro de sus dramaturgos más admirados, Anton Chejov.

Desde el título, que nos remite a la mágica comedia de William Shakespeare, Sueño de una noche de verano, que redescubre el oficio de los actores en un escenario arcádico, Allen nos invita ahora a principios del siglo XX, en la noche de San Juan, a una casa ubicada en la campiña. Allí, en ese espacio, un grupo de hombres y mujeres, movidos por fuertes impulsos, vivirán un juego de equívocos y complicidades. Considerada por el mismo Allen como "un pequeño intermezzo con algunas risas", este film apuesta como en otros posteriores, pese a su declarado racionalismo señalado con sutil ironía, a ubicar lo fabulesco y azaroso, lo sorprendente y lo inexplicable, en un plano de colorida jerarquía.

Cuando el estreno del film en Estados Unidos en julio de 1982 (en nuestra ciudad, un mes después), la crítica se sintió desconcertada, ya que estaba muy en la mente de sus seguidores su declaración: "Preferiría estar muerto antes que vivir en el campo". Pero en ese momento, Allen despertaba nuevamente al amor y su nueva musa era la actriz Mia Farrow, por lo que fue necesario crear un escenario diferente. Con ella, filmó otros nueve films y hoy aún están en pie riesgosas declaraciones que han comprometido públicamente sus conductas.

De sensible y diáfana luz impresionista, Comedia sexual de una noche de verano remite, igualmente, al film de Ingmar Bergman,(otro de sus amados directores), Sonrisas de una noche de verano, film del 55, de trama similar, ambientado igualmente en aquella época. Pero claro, está con las inquietudes y problemáticas que definen su cine. Vemos entonces como en este nuevo film, Allen logra un cruce de tonos y situaciones, de ritmos y miradas de amor, que parten de sus dramaturgos y cineastas más reconocidos.

Esta esperada y bucólica obra de Allen, pone en acto la confrontación de miradas sobre la realidad, tal como nos llegan de los personajes que interpretan tanto él como el del empirista y defensor del racionalismo, asumido por José Ferrer. Frente a la intuición del primero, al mismo tiempo inventor, se abren las palabras del segundo, que sostiene sus creencias desde un férreo poder argumentativo. Y todo el film está marcado por contrastes en lo que hace a los temas del amor y el sexo, los celos, la fidelidad y las pequeñas locuras cotidianas. Pero igualmente, al igual que en la fascinante obra de Shakespeare, ese fin de semana, en esos últimos días del mes de junio, la presencia invisible de duendes y hadas, llevará a cada uno de los invitados a permitirse vivir sus postergados deseos.

Un juego de contrastes entre el ubicarse frente a los hechos desde una posición que se define por buscar certezas, por partir de concepto de afirmaciones inamovibles frente a lo inesperado, lo inexplicable, el misterio. Dos líneas que vamos a ir reconociendo en otros films de Allen, tales como Alice, Conocerás al hombre de tus sueños y la que conocimos el año pasado, Magia a la luz de la luna. Ya podemos anunciar que en pocos días más se va a estrenar en nuestro país, Irrational man, con las actuaciones de Joaquin Phoenix y Emma Stone, entre otros.

En Alice, su film del 90, el personaje que interpreta Mia Farrow, esposa de un acomodado burgués, consulta a un médico oriental a los fines de poder liberarse de su tedio, de su angustia. En una de esas entrevistas, en la que localizamos las siluetas del film de Federico Fellini, Julieta de los espíritus estrenada hace ya cincuenta años, ella escucha las siguientes observaciones de su estimado Dr. Yang, personaje interpretado por Keye Luke: "El amor. El amor es...la emoción más compleja. Los seres humanos...impredecibles. No lógicos con las emociones. Donde no hay lógica no hay pensamiento racional. Donde no hay pensamiento racional puede que haya mucho romanticismo, pero también, un tanto de sufrimiento".

En el film que podremos volver a ver esta noche, que podremos disfrutar en esta tan querida sala, jugando con el inicio de la primavera, su programador, Jorge Debiazzi, nos acerca una historia ambientada en otra estación del año. En aquel verano que nos lleva a pensar en las pinturas de Renoir y en el film homónimo de su hijo Jean, "Una partida de campo" de 1936; como asimismo en las comedias dramáticas de Anton Chejov y en algunos films del realizador Nikita Mijalkov. Junto a Allen, en su rol del soñador e inventor Andrew Hobbs, encontramos en este eufórico relato a Mia Farrow, Mary Steenburgen, Tony Roberts, Julie Hagerty, Adam Redfield, entre otros. Con dirección en la fotografía de su habitual colaborador Gordon Willis, Allen nos ofrece un relato plasmado en estampas de un tiempo ido, pero con los interrogantes que podemos seguir en tantos de sus films.

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El film apuesta a ubicar lo sorprendente y lo inexplicable en un plano de colorida jerarquía.
 
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