CULTURA / ESPECTáCULOS › RUPERTA PéREZ, DE LA COMUNIDAD QOM, RESCATA EL VALOR DE LA MADRE TIERRA

Mucho más allá de la caña con ruda

Las comunidades originarias de Rosario tienen presente la celebración. Ruperta Pérez, referente de la comunidad Qom, cuenta cómo se vive esta fecha. La cultura y la tierra como bien comunitario: pilares que sostienen una larga resistencia.

 Por Martín Stoianovich

"Alwa Late'e", escribe Ruperta sobre un papel en blanco. "Significa Madre Tierra", agrega. Es la traducción de Pachamama en la lengua de la comunidad Qom. En vísperas de este 1º de agosto, día en que se ofrenda a la Madre Tierra, esta referente Qom de Rosario cuenta cómo su comunidad vive la fecha alejada de su tierra natal. En la ciudad donde los grandes edificios y carteles publicitarios contradicen la esencia de una cultura originaria, la resistencia cultural se hace difícil y es tarea de todos los días.

Ruperta Pérez llegó a Rosario con 27 años, a mediados de la década del 80, y se encontró con un mundo totalmente distinto a su Chaco natal. En estos treinta años vivió primero en Empalme Graneros y luego en la zona sudoeste, de Rouillón al 4000. Siempre con las comunidades de los pueblos originarios que fueron llegando a Rosario desde distintos puntos del país. Siempre en las periferias, por localizaciones y relocalizaciones de los gobiernos de turno. Por estos días, trabaja en el Centro Cultural El Obrador del barrio Toba y es miembro de la Organización de Comunidades Aborígenes de Santa Fe. Con el paso del tiempo se consolidó como una referente a nivel local en las principales consignas de la resistencia Qom: el manejo comunitario de la tierra para su pueblo y la conservación de la cultura.

El 1º de agosto para la comunidad Qom es un día más dentro de lo que implica la resistencia de la cultura. Sí tiene su especificidad, pero no es una fecha puntual que se contrapone con sus formas de vivir. "En esta fecha la naturaleza se toma una pausa", dice Ruperta. "Lo que hacemos nosotros es tener presente a la tierra, y venerarla porque de ahí surge la vida, la flora, la fauna, los alimentos, el cultivo", agrega. En el marco de esta fecha, y a lo largo del mes, en El Obrador (El Espinillo 4250) se realizarán todos los martes de agosto, de 9.30 a 11.30 talleres de tintas naturales gratuitos para todos los vecinos. "Vamos a trabajar los distintos colores que nos da la naturaleza", cuenta Ruperta. Sobre el 1º de agosto puntualmente avisa: "Vamos a hacer una ofrenda a la madre tierra y después a seguir, nada más".

Cuando Ruperta dice "después a seguir", se refiere al desafío de mantener y transmitir la cultura a las nuevas generaciones. Un proceso que no se fija en un solo número del calendario. El día de la Madre Tierra no es solo caña con ruda. "Cada pueblo originario tiene sus culturas, sus tradiciones, sus canciones, sus artesanías, sus mitos. Somos un pueblo muy rico en cultura y hasta hoy la seguimos manteniendo viva", cuenta. La conservación de la cultura es el producto de un proceso que ella prefiere no considerar una pelea, "porque es un concepto del castellano que remite a la agresión", pero qué sí implica una dura resistencia.

Esto se refleja en las relaciones de la comunidad y los cambios que sufren sus nuevas generaciones. Ruperta pone el ojo en la juventud de los Qom, a quienes considera como los más expuestos a las contradicciones que impone la vida occidental. "Para ellos está muy latente la oferta de consumo, diariamente en el lugar en el que estén. Las que somos madres, tías, abuelas, no sabemos cómo intervenir en el medio que rodea a los jóvenes", cuenta. La preocupación es el consumo pero en sus distintas expresiones: desde las más violentas como el consumo problemático de sustancias, hasta las más implícitas pero también dañinas como el producto que publicita cualquier vidriera bajo la premisa de "tener para ser".

Lo que propone Ruperta como vocera Qom es que en las escuelas donde hay comunidades se trabajen estos temas. Que la conservación de la cultura esté atravesada por la herencia de la lengua Qom, las artesanías y demás aspectos, incluso las formas de consumo. "Si no, es una utopía, y es difícil mantener la cultura desde la comunidad si en los otros espacios no se respeta", explica.

La idea del consumo como esencia para construir identidad, y el concepto de la propiedad como certificado de poder es lo que preocupa a la comunidad. En contexto al 1º de agosto, Ruperta pone el ejemplo de la tierra y el concepto que se tiene sobre ella por estos lados. "La mirada occidental es muy apropiadora, no debemos decir que somos dueños de la tierra. Solo somos parte de ella, y por eso buscamos compartirla, desde la semilla hasta el alimento y el lugar para vivir", sostiene. En la misma línea suma: "Por causa de la mezquindad y de la apropiación está sufriendo el mundo. Hay pocos que tienen mucho, y muchos que no tienen nada. El mundo así es desigual y es malo para la sociedad en general y los jóvenes que son el futuro".

Si tiene que volcar su postura al día a día, a Ruperta le basta con narrar la realidad del barrio Toba. "Acá en la zona oeste no hay nada. Tenemos problemas con el agua y la vivienda, nunca se hicieron comunidades. Sí se entregaron parcelas pero sin vivienda y al que no tiene un trabajo fijo se le hace difícil levantar una casa", cuenta. Y la imagen del barrio habla por sí sola: la basura convive con los vecinos en la larga espera de la recolección, las conexiones a los servicios son tan precarias como la inclusión que las grandes ciudades proponen a los pueblos originarios. Ruperta reconoce que creció la relación con el Estado pero no escatima en críticas: "Escuchan todo, pero en los hechos no hay nada. Yo vengo trabajando hace muchísimo tiempo, y veo que algunas cosas se resuelven pero muchas no. Entonces vamos retrocediendo y avanzando".

"Es una lucha diaria con la que hay que convivir", resume. Entonces, la comunidad enmarca el día de la Madre Tierra en esa lucha histórica por el reconocimiento de los derechos y de la propia cultura. "Es una fecha vigente porque es nuestro derecho. Antes no lo podíamos hacer porque nos decían que era un ritual pagano, pero después se reconoció como algo que venimos transmitiendo de generación a generación", explica Ruperta para situar esta celebración como otro derecho recuperado. Su mensaje final va directo contra la banalización de la fecha: "Es fácil hablar de los pueblos indígenas. Pero que hablen de las desigualdades y se comprometan en serio es muy difícil".

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Ruperta Pérez llegó a Rosario con 27 años, hoy trabaja en el Centro Cultural El Obrador.
Imagen: Alberto Gentilcore.
 
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