CULTURA / ESPECTáCULOS › LA HISTORIA DEL MILITANTE SANTO QUE VENERA EL PUEBLITO SANTIAGUEñO DE POZO HONDO

Volvió a vivir en la fe de un pueblo

Tomás Francisco Toconás fue asesinado y arrojado de un helicóptero en 1975. Se lo sepultó con una crucecita y una placa "NN".

 Por Leandro Arteaga

El caído del cielo
(México, 2016)
Dirección y guión: Modesto López.
Fotografía: Guillermo Tello.
Montaje: Xul Cristians, Modesto López.
Música: Juan Falú, Mario Varas L., Mario R. Varas, Milagro Valdecantos, Peteco Carabajal, El Cuento del Tío.
Reparto: Esther, Victoria y Rosalia Toconás, Marcos Taire, Sibila Camps, Pablo Gallo.
Duración: 80 minutos.
Sala: C.C. Roberto Fontanarrosa, el jueves a las 20.
8 (ocho) puntos.

 

Las voces de los lugareños todavía lo escenifican. El helicóptero militar volaba bajo, y entre sonidos que parecían estruendos arrojaron un cuerpo. Sucedió en 1975, en el pueblo santiagueño de Pozo Hondo, limítrofe con Tucumán. Cuando el caído fue encontrado, su estado era horrible, estaba rígido y carcomido. El policía que se hizo cargo tuvo que cortarle las manos. Se lo sepultó con una crucecita y una placa que decía "NN". Enviado del cielo, la gente de Pozo Hondo lo adoptó y le rezó. Así, el desconocido cobró una sobrevida.

Casi cuarenta años pasaron para que la identidad de Tomás Francisco Toconás fuera restituida a sus restos y a la historia de su familia. Militante del ERP, campesino y padre de seis hijos, Toconás fue asesinado por el denominado Operativo Independencia: despliegue militar que tuvo foco en la ciudad tucumana de Santa Lucía, como experiencia previa al golpe de estado de 1976. Sus comandantes sucesivos, vale recordar, fueron Ariel Vilas y Antonio Domingo Bussi.

El caído del cielo es la crónica del hecho, del mito, de la desmitifación y de la restitución de lo sucedido a la memoria colectiva. Está dirigido por Modesto López, quien ha vivido gran parte de su vida en México; es allí donde López funda la disquera independiente Pentagrama, dedicada a la música latinoamericana desde hace más de treinta años. En Argentina, López ha integrado la movida Teatro Abierto, también participó como actor en los films clandestinos Operación masacre (1973, Jorge Cedrón) y Los traidores (1973, Raymundo Gleyzer). De su tarea como realizador, destacan los documentales Ernesto Cardenal: Solentiname (2006) y Todavía cantamos: coro Quiero Retruco (2011), dedicado al coro formado por expresos políticos.

Por lo pronto, la oportunidad para ver El caído del cielo es única. Se proyectará el jueves próximo, a las 20, en Centro Cultural Roberto Fontanarrosa (San Martín 1080). Y contará con la presencia del realizador, quien ha viajado desde México para acompañar las proyecciones que su película tendrá por el interior del país.

Desde lo formal, Modesto López propone con El caído del cielo una mirada de voces yuxtapuestas, que dicen a la vez y desde la pluralidad. La estructura está dada por temáticas que alternan ‑el mito y su revisión histórica‑ para arribar a la conclusión. Las entrevistas se suceden desde un afán informativo que no evita la emoción. Es más, son las voces quebradizas, los recuerdos vueltos palabra, las lágrimas, los aspectos que también dicen y se privilegian. A la confluencia de todos estos elementos se suma al registro de archivo fotográfico y cinematográfico, a la par de imágenes que capturan las calles de tierra, el cementerio de pueblo, con testimonios que recopilan las voces de familiares, amigos, forenses, especialistas.

En suma, el nombre de Tomás Francisco Toconás encierra mucho. Se trata de su historia de vida y también la de los demás. Podría pensarse en cómo una sociedad lo salvó del olvido con un ardid pagano, tendiente a desafiar el clero y esquivarla vigilancia militar. Al respecto, la colaboración de la Iglesia con el Operativo Independencia ‑señala el film‑ ha sido obscena: desde la bendición de banderas hasta el perdón "premeditado" para torturadores y asesinos. Toconás, trabajador humilde, de familia numerosa y militante, nunca quiso quedarse con nada que pudiese repartir. Es lo que dicen quienes le conocieron. Otros, sin haber tenido esa suerte, le han ofrendado su fe. Que no es eclesiástica, sino popular.

La película ofrece momentos que son extraordinarios, porque culminan por tocar lo más hondo y difícil. Es lo que sucede cuando uno de los entrevistados, perdido en su recuerdo de décadas, siente la pérdida de dos amigos, trabajadores como él, desaparecidos. "Ha debido ser un error", dice, "porque también debieran haberme llevado a mí".

La herida que sobre la tierra ha dejado el impacto de Toconás adquiere facetas múltiples, todas convergen en el rescate de la memoria. Esta película es un eslabón más y fundamental, dada su preocupación por legar el recuerdo en los espectadores.

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El caído del cielo es la crónica del hecho, del mito y también de la desmitifación.
 
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