CULTURA / ESPECTáCULOS › "EL NUMERO 23", PROTAGONIZADA POR EL INTELIGENTE JIM CARREY

Clave secreta con aire de maldición

 Por Leandro Arteaga

El número 23 (The Number 23) EE.UU., 2007

Dirección: Joel Schumacher

Guión: Fernley Phillips.

Fotografía: Matthew Libatique.

Música: Harry Gregson﷓Williams.

Montaje: Mark Stevens.

Intérpretes: Jim Carrey, Virginia Madsen, Logan Lerman, Danny Huston, Lynn Collins, Rhona Mitra, Michelle Arthur.

Duración: 98 minutos.

Salas: Monumental, Del Siglo, Village, Showcase.

Puntaje: 7 (siete).

El Número 23 parece guardar una clave secreta. Un misterio capaz de dar crédito a un saber prohibido como, así también, a la consecuente paranoia. Como si se tratase de una maldición. Que pasa de persona a persona. Sin un término feliz.

Éste es el problema que devora a Walter (Jim Carrey), un empleado de perrera que comienza a encontrar paralelos cada vez mayores entre su vida y el personaje de una novela extraña, que hace del veintitrés, justamente, su centro de interés. El libro lo ha escrito "Topsy Kreet", autor que es un juego de palabras. Que esconde nuevas mascaradas. Los rostros, así, se deshacen y recomponen, pero desde un costado oscuro, desde la perversidad que anida paciente, desde el Mister Hyde reprimido y desatado.

No es casual que sea Jim Carrey quien nos guíe por el laberinto. Su usual gusto por el desborde está quieto. Dormido. Mientras que, página tras página leída, pareciera querer resquebrajarse y, de una vez por todas, romperse. Para que aflore, podríamos pensar, la locura de tantos de sus personajes (como el de aquel Acertijo que supo componer también para Joel Schumacher en Batman eternamente, único rasgo a destacar en un film lamentable). Y sabemos que cuando las dudas predominan el relato atrapa. Y Virginia Madsen, su esposa, está mejor que nunca. Sabe ser tanto la rubia que es esposa feliz, como la morena que es un desquicio sexual, caracterizada como femme fatal que puede volver difusa la frontera entre el goce y el peligro de muerte. Actriz felizmente recuperada, vale agregar, luego de una larga ausencia en la pantallas (tras haber dado piel también, recordemos, a las encantadora White Lady de las Noches mágicas de radio de Robert Altman).

Decíamos que Batman eternamente es un film lamentable. Todavía peor es Batman y Robin. Insoportablemente fascistoide es el planteo de 8mm, aquel thriller con Nicolas Cage que supo apologizar la justicia por mano propia, y que no deja de reiterar ciertos rasgos afines con Un día de furia, donde Michael Douglas se desbocaba y respondía con golpes. Y en el medio de todo ello surgen algunos títulos algo mejores: Linea mortal, Tigerland. Exceptuemos, claro, ese decorado de torta lleno de brillo mazapán indigerible que es El fantasma de la ópera. Pues bien, que el director de todos estos títulos, Joel Schumacher, nos genera tanto bronca/indignación como algo de, digamos, alivios esporádicos.

El Número 23 entra aquí. En este respiro que permite un relato bien pensado, con un desenlace ingenioso y coherente. Situado en las antípodas del discurso que prevalece en 8mm (por favor, que me cuesta recordar película más derechista). Podemos pensar, antes bien, nexos narrativos con Enlace mortal, aquél thriller filmado en "tiempo real" con Colin Farrell encerrado con peligro de vida en una caseta telefónica. Lo que nos hace pensar que Schumacher es de esos realizadores apegados a lo que les ocurra. Si les conviene ser reaccionarios, adelante; si se trata de un film políticamente correcto, adelante también. El número 23 se corresponde con la segunda opción. Y nos habilita a entender, cómo no, que el realizador es un oportunista y no mucho más.

De todos modos, la película se disfruta. Y nos permite ratificar a Jim Carrey como uno de los pocos actores inteligentes que tiene la industria del cine. Uno de los pocos que no aplaudió al realizador Elia Kazan -delator durante el macartysmo- al recibir su Oscar honorario. Lo que se complementa con títulos como The Truman Show, Pequeño resplandor de una mente sin recuerdos, El Majestic o, tal vez en su mejor papel, El mundo de Andy, donde pudo dar su mirada, bajo la dirección de Milos Forman, sobre el humorista televisivo Andy Kaufman.

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Jim Carrey es un empleado de perrera que encuentra paralelos. Entre su vida y una novela extraña, que tiene al 23 como eje.
 
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