CULTURA / ESPECTáCULOS › ¿SI MAÑANA CREPO? DE FARRIOLS

La muerte, mucho más cerca de la comedia que de la tragedia

"¿Si mañana crepo?", es la obra que el Grupo "Rosarioteatro" presenta en la Sala Amigos del Arte, con dirección de Mónica Toquero y las actuaciones de Mariela Feugeas, Julián Sansarricq y Lucrecia Bonfils. Es el relato casi unipersonal de una mujer y las vicisitudes del matrimonio.

 Por Julio Cejas

Desde el título, esta obra de Mercedes Farriols selecciona el destinatario de su lectura y al espectador que acude dispuesto a disfrutar por lo menos de un espectáculo que aligere ciertas cargas y lo inmunize de la seriedad que presupone la inminencia de la muerte. Convengamos en que el término "crepar" está más cerca de la comedia que de la tragedia y de eso toda la historia del sainete argentino puede dar muestra más que suficiente a la hora de sintonizar con un tratamiento festivo de ciertas problemáticas sociales.

Podría decirse que Farriols conoce mucho del armado de un guión televisivo y "¿Si mañana crepo?" es una ejemplo de cómo se pueden mixturar elementos de una comedia dramática con afectaciones propias de los modelos que la televisión aligera y sirve para un espectador más complaciente. En esta versión que el Grupo "Rosarioteatro" presenta en la Sala Amigos del Arte, con la dirección de Mónica Toquero y las actuaciones de Mariela Feugeas, Julián Sansarricq y Lucrecia Bonfils, pueden comprobarse claramente estas conjeturas.

Ya el comienzo con la interpretación de un tango con micrófono en mano a cargo de la actriz Mariela Feugeas, provoca un distanciamiento que nos predispone para disfrutar de un espectáculo donde pareciera que lo teatral necesitara de un refuerzo extra.

Planteada de esta forma la obra se ubica en el relato casi unipersonal de una mujer que sufre las vicisitudes de un matrimonio como tantos otros donde el amor pareciera comenzar a desteñirse a partir de la incomprensión, el machismo y el inconformismo de Darío.

Si bien vemos a los dos personajes en acción, uno sólo es el que se fundamenta en escena, no casualmente el nombre de ese personaje es Soledad, y es el que simbolizará precisamente el enorme grado de aislamiento que se vive en una pareja donde la incomunicación pareciera ser acusada solamente por esta infortunada mujer.

Darío no pareciera darse de cuenta de lo que pasa, pero poco se explora acerca de su condición de empleado bancario, alienado y siempre perseguido por el fantasma de la desocupación.

La autora que seguramente habrá leído en algún momento a Roberto Arlt cuando el gran dramaturgo argentino, proponía para sus personajes atormentados y sin futuro, el famoso "suceso extraordinario", algo que los sacara de su abúlica existencia, hace intervenir a un elemento externo que pondrá en marcha la resolución de la intriga dramática.

Así la pareja a partir de la aparición de una ladrona en escena, de un suceso inesperado, encontrará los móviles para confesarse frente a esta amenaza y "sacar los trapitos al sol".

En realidad será Soledad la que aprovechará esa situación donde el ladrón es mujer y el agregado de la queja machista de Darío "al ser robado por una mujer",para comenzar sus reclamos y amenazar con suicidarse frente al espanto de su pareja y la ladrona.

Detrás muy detrás aparecen los fundamentos de la autora que pone en boca de Soledad una pregunta perturbadora:"¿Harías algo distinto si supieras qué te morís mañana?, ¿Algo qué no estás haciendo?".

Para la protagonista, escuchar de su pareja "un te quiero", ser recordada con algún llamado telefónico, y poder cantar, aparecen como los fundamentos más sólidos de su reclamo por la dignidad de la mujer.

No debemos olvidar que Darío en su perpetuo extravío personal olvidó una de las claves que podría haber aligerado su situación de victimario: invitar a Soledad a comer su anhelada "pizza con morrones".

Más allá de inscribirse en una tendencia de reivindicación del rol de la mujer en esta sociedad que pareciera ser predominante en una cada vez más abundante producción artística de los últimos años, la obra puede admitir una lectura más amplia. En todo caso esta lectura no está desarrollada y puede apenas insinuarse atraves de las descargas furibundas y a veces estereotipadas de los personajes que parecieran abonar más la risa del espectador que una mirada perturbadora acerca de la interioridad de estos seres casi patéticos.

En todo caso en la propuesta que dirige Mónica Toquero, esta insinuación puede deslizarse a partir del registro actoral que por momentos desarrollan sus actores.

Y en ese sentido Julián Sansarricq, aporta al personaje de Darío una máscara crispada que se tensa y se derrumba en el momento justo en que descubre la absurdidad de su existencia, disfrazada de tipo seguro y dominante.

Más allá de la entrega y la ductilidad que le conocemos a Mariela Feugeas, su personaje crece y se hace más creíble cuando precisamente se aleja del estereotipo de una Soledad que de heroína puede alejarse de su s reclamos y mirarse hacia adentro.

Por su parte Lucrecia Bonfils, ingresa a escena con una carga demasiado fuerte que la transforma más en una herramienta de la estrategia autoral que en un personaje de carne y hueso.

De todas maneras el público encuentra en este trabajo la solidez de un grupo que viene desarrollando diferentes miradas acerca del humor y que se enriquece a partir del ingreso de nuevos actores como el caso de Sansarricq y Bonfils.

Estrenada en mayo en la Sala Nicasio Oroño, esta obra continúa con éxito su permanencia en la cartelera rosarina, extendiéndose ahora a la Sala Amigos del Arte de 3 de febrero 755,todos los viernes de junio y julio a las 21.30 horas.

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Cuando el amor se destiñe en la incomprensión.
 
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