CULTURA / ESPECTáCULOS › LA SALA CARAS Y CARETAS NO PUEDE REABRIR

Esperando el apoyo de todos

El granizo de noviembre pasado destruyó el techo de la casa ubicada en Corrientes 1518, pero hasta que no terminen los arreglos, y cuenten con la habilitación correspondiente, el Instituto Nacional de Teatro no le otorgará un subsidio. Mientras tanto, la sala seguirá cerrada.

 Por Edgardo Pérez Castillo

Cuando el futuro del cine El Cairo es aun incierto, a partir de la ausencia de respuestas oficiales en torno a la continuidad de la sala, otro de los baluartes de la cultura de la ciudad intenta por estos días reabrir sus puertas. Porque luego de su inauguración en 1973, y de haber superado diversas etapas oscuras de la historia nacional, el teatro Caras y Caretas no pudo sobreponerse de dos golpes inesperados. Por un lado, la crisis generada luego de la tragedia de Cromagnon, con el consecuente recrudecimiento de las normativas de seguridad impuesta a las salas de la ciudad. Por el otro, el granizo que en noviembre destruyó el techo de la casa ubicada en Corrientes 1518, generando además la pérdida de buena parte de su rica historia.

Una trayectoria que se inició a principios de los '70 de la mano de Héctor Ansaldi, que entre esas paredes le dio vida a uno de los personajes entrañables del teatro infantil: Piripincho. Aunque el actor y director generó además numerosas propuestas dedicadas al público adulto, como la versión libre sobre textos de Mario Benedetti que le valió un oscuro llamado de atención de parte del gobierno militar. "En aquellos tiempos uno no era demasiado consciente de lo que pasaba, o no tanto como lo podría ver ahora. En aquel momento teníamos gente infiltrada en el grupo, entonces un día llegó un anónimo debajo de la puerta que nos impedía dar una adaptación mía de Benedetti, que estaba prohibido. Nadie sabía que era una adaptación de Benedetti, pero había infiltrados. Pero yo siempre fui bastante inconsciente y seguí adelante, y hasta el día de hoy me pregunto cómo estoy acá, porque había compañeros que desaparecían", recuerda Ansaldi, quien además logró mantener abiertas las puertas de la sala en tiempos de hiperinflación.

Situación que se alteraría en pleno siglo XXI, según sintetiza el director: "Desde el año 73 que estoy luchando por lo mismo. Pasamos por distintos tipos de peligros y cosas. Hubo momentos difíciles, pero por muchas cosas ahora es lo más difícil. La pedrada nos rompió el techo y hubo que cambiarlo. Terminé vendiendo mi chata para poder arreglar el techo. Pero primero el problema era la habilitación, porque después de Cromagnon había que hacer cambios muy caros que no podíamos hacer. Cuando decidimos hacerlos vino la pedrada, que arruinó todo el techo, y ya no era un problema de habilitación. Empezamos a gestionar ayuda para poder hacerlo y en el ínterin quisieron comprar la sala, porque estaban buscando terrenos".

Ante la tentación de los dólares, Ansaldi dejó pensar a Piripincho, y comprendió que aquella venta traicionaría los principios que durante años defendió con vehemencia junto a su personaje más famoso: "Yo no pude hacer a Piripincho, tenía pensado inaugurar en julio pero no llegamos, así que me quedé sin nada. Porque el techo pudimos terminarlo, lo hicimos nuevo arriba del que ya estaba, para en un futuro poder tener un escenario con mayor altura. Pero ahora estamos haciendo los arreglos que nos piden para poder habilitarlo, pero no llegamos a cubrir los costos".

Estancadas las reformas, Caras y Caretas continuará cerrado al público, por tiempo indeterminado. "No podemos abrirlo ahora, porque primero tenemos que terminar los arreglos. Lo ridículo es que el Instituto Nacional de Teatro está para eso, pero nos pide una habilitación para darnos el subsidio. Estamos ahí, esperando. Igual estamos trabajando, pero nos falta mucho".

Respaldado por una nueva generación de actores que decidió apoyar a esa misma sala a la que concurrían siendo niños, el teatro Caras y Caretas intenta reabrir sus puertas para prolongar así la historia iniciada 34 años atrás, ésa que lo convierte en una de las salas más antiguas del teatro independiente local. Condición que han logrado mantener con el correr de los años: "No dependemos más que de nosotros. Otros grupos por ahí se asociaron con el gobierno o municipalidad de turno, y consiguen cosas por eso. Pero hasta ahora seguí igual, a pesar de todos los que fueron pasando. Ahora vamos a ver qué pasa, pero estamos convocando a gente que quiera ayudar. No pedimos mucha plata, pero también vemos lo que pasa con El Cairo, que nadie lo ayuda. Por ahí algo podemos conseguir de empresas, que pueden aportar materiales, pintura o artefactos eléctricos. Quizás la Municipalidad nos dé algo, pero no queremos esperar. Si nos hubiéramos quedado esperando todo este tiempo, se nos hubiera arruinado todo".

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Ansaldi abrió Caras y Caretas en 1973.
Imagen: Sebastián Granata
 
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