CONTRATAPA

Huir de los espejos

 Por Gary Vila Ortiz

Usted sabe bien, querido Fernando, que ni yo ni mi entrañable y viejo amigo don Nicanor Pérez sabemos algo en serio de literatura, de música o de pintura. Menos aún de poesía. Pero casi contemporáneos ﷓Nicanor tiene tres años más que yo﷓, nos hemos ocupado de tratar esos temas con una sorprendente irresponsabilidad. Lo que podría decir, para defendernos un poco, es que amamos aquello que el hombre crea y sabemos que es justamente esa posibilidad de crear la que nos salva de caer en ciertos infiernos que, como usted, detestamos.

Nicanor me ha enviado otra de sus largas y generalmente incomprensibles cartas que después de algún tiempo conseguimos descifrar. Me pide que se la remita, ya que es usted quien desde hace tiempo está tratando de darle forma ﷓y ciertamente lo logra﷓ a lo que no la tiene. Nicanor afirma que usted, aun con todas sus objeciones racionales y sus exageradas quejas, es quien mejor entiende sus escritos. Le contaba, Fernando, que nuestro común amigo me había enviado una carta: en realidad, no es completamente exacto. La carta me llegó de manera oblicua, como casi todos los mensajes ﷓las botellas al mar﷓ que don Nicanor arroja desde su isla, desierta y urbana, en algún departamento de Rosario. En una de mis visitas a la librería "Argonautas" para buscar en los estantes los textos escondidos de "Los criminales eruditos", Andrés y su mujer ﷓quienes me atienden con paciencia y cariño﷓, mientras me entretenía hojeando algunos volúmenes apilados sobre el mostrador, me anunciaron que tenían un sobre para mí. Andrés me explicó que lo había dejado allí, un par de días antes, un hombre de más de cuarenta años de edad, pómulos salientes, ojeras y cara de pájaro (¿será que el invisible Mister Wingren se ha mostrado por primera vez?). Agregó que ya lo había visto en tres o cuatro ocasiones, revolviendo ejemplares de novelas argentinas, pero que en cambio hacía un tiempo que Nicanor no los visitaba. Ese hombre de aspecto europeo y ojos algo tristes les había dicho ﷓y tanto Andrés como su mujer aseguraban que hablaba sin abrir del todo la boca, como masticando las palabras, pero con una voz inusitadamente profunda﷓ que no era necesario que yo buscara más textos disimulados entre los libros porque no quedaban más. Y antes de irse les había señalado el sobre y les indicó, lacónico, sin muchos detalles, que la continuación del relato estaba allí (¿será que el misterioso detective nos tiene reservada alguna sorpresa?).

Me pregunta don Nicanor, que está pasando por un momento de tristeza muy honda, de esos que decía Montaigne que si el dolor es tan grande no puede hablarse de él, me pregunta don Nicanor en la nota que acompaña la carta, le decía, por usted y protesta porque hace mucho que no lo encuentra en ninguno de los bares que ambos frecuentan y cuando ha intentado llamarlo sostiene que una mensaje extraño lo atiende en el contestador. Vuelvo a la tristeza de mi viejo amigo ﷓disculpe, estoy algo disperso, pero no creo a esta altura mis confusiones lo sorprendan ni lo enojen demasiado﷓ y a lo que opinaba Montaigne y descubro que tanto Nicanor como yo tenemos una ligera o no tan ligera deformación profesional: más de cincuenta años escribiendo y hablando, entre otras cosas, de angustias y tristezas varias no se pasan en vano. Algo debemos saber, ignoro qué, pero eso que sabemos debe existir y quizás ese algo es lo que usted intenta descubrir cuando pretende poner orden en papeles tan desprolijos. Aquí va la carta ﷓puede que tenga que dividirla en varios fragmentos, pero eso lo decidirá usted mismo﷓, con sus tonos en ocasiones algo sombríos.

El primer hombre delgado. He encontrado una buena edición de una obra de Hammett que creo no es tan conocida: las pocas páginas de la versión inicial de "El primer hombre delgado". Lamentablemente no conozco la versión en inglés y la traducción no es muy buena, aunque es el mismo traductor, Justo Navarro, quien escribe un excelente epílogo. Son algunas páginas que fueron pasando de mano en mano, estuvieron perdidas y finalmente se encontraron. Aunque en ningún momento se mencione que se trata de una narración inconclusa, sin duda lo es. Data de 1930, dos años antes de que Hammett terminara la versión definitiva de "El hombre delgado", conocida sobre todo por las seis obras cinematográficas basadas en el libro, de las cuales la primera, estrenada en 1934, con la presencia de William Powell y Mirna Loy interpretando a Nick Charles y su mujer, tenía un particular atractivo. Por cierto, "El primer hombre delgado" no tiene nada que ver con la novela que después se conoció y menos aún con los films, por buenos que pudieran ser. La versión en inglés de esas páginas perdidas y recuperadas es de 1999, y la traducción al español y su publicación se hicieron en el año 2005 en una colección de Seix Barral que tiene la particularidad de ser de ediciones limitadas. Este libro me parece ante todo un documento para agregar al conocimiento que se tiene de la "série noire" y del "film noir", como fueron definidos en Francia. Desde distintos puntos de vista, lo que han escrito sobre el cine negro Homero Alsina Thevenet y Ricardo Russo o Raymond Borde y Etienne Chaumeton es de lectura obligatoria (o al menos necesaria) para los interesados en el tema.

Manual de perdedores. Dentro de la novela negra, quiero hoy recordar el libro "Manual de Perdedores", de Juan Sasturain, cuya primera parte apareció como folletín en "La voz", un diario de corta existencia (hubo 138 entregas en el otoño de 1983). Luego Sasturain publicó el "Manual" I y más tarde el "Manual" II, obras que en el año 2003 fueron reunidas en un solo tomo por Sudamericana. Ya en 1988 una editorial española había hecho lo mismo. Sus protagonistas son inolvidables y el tono de las dos novelas es sin dudas "noir", en un sentido que supera, en muchos casos, a obras que pertenecen al mismo género, aunque todavía hay quienes discuten si el cine negro o la novela negra existen como géneros. Creo que esto no tiene demasiada importancia. Supe escribir sobre los libros de Sasturain en el momento de su aparición inicial; ahora al releerlos los considero fundamentales. Apreciación, huelga aclararlo, de un verdadero profano interesado, que es exactamente lo que soy.

Repitiéndome. A cierta edad uno está condenado a repetirse, a perder ciertas cosas, a mirar otras cosas de reojo, a huir de los espejos, a percibir una dimensión distinta en las mismas distancias que pueden ver los demás. Para que el lector más joven tenga alguna idea de qué puede considerarse un "film noir", voy a transcribir una lista de películas hecha por franceses, que hablaban de las obras clásicas de ese género que algunos otros, pobres, todavía persisten en negar. Del año 1940 es una poco conocida: "El misterio del tercer piso", dirigida por Boris Ingster, con Peter Lorre. Debo decir, casi como el pasar, que sin Peter Lorre (1904﷓1964), sin Sidney Greenstreet (1879﷓1954) y sin Elisha Cook Jr. el "paisaje" del cine negro no hubiera sido jamás lo que fue. Elisha Cook Jr. nació en 1907 y murió ya anciano, no sin antes aparecer, lleno de simpatía, en algunas series de televisión. Trabajó en la película citada más arriba, que en inglés se tituló "Stranger on the Third Floor". Después de ese film de Ingster, puedo mencionar: "El Halcón Maltés" (1941), dirigida por John Huston; "Un alma torturada" (1942), de Frank Tuttle; "Jornada de terror" (1943), de Norman Foster; "El enigma del collar", de Edward Dmytrik, "El ministerio del miedo", de Fritz Lang, "Phantom Lady", de Robert Siodmak, y "La máscara de Demetrios", de Jean Negulesco, todas realizadas en 1944; "La dama del lago", de Robert Montgomery, "Tuyo es mi corazón", de Alfred Hitchcock, "Gilda", de Charles Vidor, "El gran sueño", de Howard Hawks y "Somewhere in the night", de Joseph L. Mankiewicz, filmadas en 1946. De 1947: "La dama de Shangai", de Orson Welles; "Dead Reckoning", de John Cromwell; "Ride the Pink Horse", de Robert Montgomery; "Out of the past", de Jacques Tourner; "Dark Passage", de Delmer Daves; "Al filo de la noche", de Anatole Litvak; "El reloj asesino", de John Farrow y "Chicago deadline", de Lewis Allen. Es decir que hace sesenta años, en la década del cuarenta, se sustentaron los principios básicos del cine negro. Creo que he visto todos esos films y creo también saber cuáles son mis preferencias. Supongo además que creo algunas otras cosas, como que Humphrey Bogart fue el Sam Spade por excelencia y que el mismo Bogart comparte esa posibilidad con Robert Mitchum en lo que respecta a otro detective emblemático, imprescindible, de la novela y el cine negros: Philip Marlowe. En muchas de estas películas el elenco pesaba de manera fundamental, como sucede en "Casablanca". En cuanto a las mujeres que actuaron en los mencionados films, me siento particularmente atraído por Mary Astor y por Gene Tierney, aunque esta actriz trabaje en "Laura", de Otto Preminger (1944), película que los especialistas ubican entre las que analizan la psicología criminal.

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