CONTRATAPA

La calor

 Por Daniel Greco

Luego de varios intentos fallidos que incluyeron la colaboración de Savino, Gomide, Borravino, la china Marta, el gaucho Tinivela, el cabo primero Anastasio López, algunos lanceros dispersos, dos oficiales fontaneros, un tratante de aguas duras y blancas, un estratega, un ingeniero hidráulico, toda la corte de los milagros, y el que suscribe, finalmente pudimos armar la Pelopincho de lona que ahora está demodé con la aparición del poliuretano, el fibrocemento, la lana de vidrio y el poliéster.

Lo hicimos para paliar en alguna medida la calor que azotaba las zonas aledañas y, principalmente, esta zona.

No le digo lo que fue éso. Enseguida se chapuzonaron todos los ranquelitos hasta casi rebalsarla, éramos como 235 humanos adentro; una explosión demográfica que ni "el infame Malthus". Pronto el agua se transformó en un caldo infecto, tibio, insidioso, pero engañamos un poco la calor reinante, a pesar de que estábamos codo con codo, yo, específicamente con el de Borravino, que lo tenía empinado, porque estaba tomando algo alcohólico como para "anular vastas extensiones de su cerebro" como dice el paisano Kurt Vonnegut. ¿Qué diría este paisano de la frenología, tan en boga, en estos tiempos? Una tarde cayó un frenólogo a la comandancia y, con una especie de pinza de las cejas gigante, tomó medidas de mi cráneo de homo sapiens, mi calavera gaucha, cacho de osamenta que blanqueará en un futuro en algún desparaje de la pampa... o en algún cementerio en Ginebra. ¡Ginebra!. ¡A eso le estaba dando Borravino! y yo veía que se deformaba y se desmayaba a mi lado, a cada momento. Según mi Mondia Quartz insumergible estuvimos desde las 14:45 hasta las 20:30 aproximadamente, hasta que alguien preguntó "¿qué horas son, Ireneo?" y decidimos salir.

Los efectos que producen una exposición tan prolongada al agua en mi organismo son inopinados, coyunturales. Si, las coyunturas se me hacen bosta, pero también me arrugo como una pasa de uva, En fin, quedo como una "ruina de Cartago". Además... me agarra un hambre. Me agarra un hambre de nunca acabar. "Me sacude un tsunami hormonal". Me como un cacho entero de bananas y me mando un par de yogures "Upar", a los que son tan afectos atávicamente los alzaditos. El conceto de "atavismo" lo tomé del Jack London, el escritor que participó como corresponsal en la guerra "ruso japonesa" (que no sé cómo terminó, porque no la seguí por radio Stentor) y murió en su casa del rancho en "circunstancias poco claras". O se suicidó, no sé.

Hablando de "rancho" y de "atavismo", me acuerdo que, de chico, conservé ese disco del dúo Gómez Vila (precursores o epígonos de Gardel Razzano), "La casita", que consistía en que Gómez pronunciaba la frase entera y Vila le hacía burla, pronunciando las últimas palabras, como un eco, con la voz más finita, de esta suerte: "(.....) de una casita que tengo más abajo de un trigal, más abajo de un trigaaaaalllll (.....).

Bueno, pero otra vez me fui por las ramas, "por las nubes de Ubeda", como decía el viejo Saadi en su polémico debate con el Dr. Caputo... el de la "capureta". ¡Es que tuvimos cada canciller, cada ministro de economía, amigazo! Caputo, Rappanelli, Webbe, Cavallo, Rémez Lenikov.....Todos buenos muchachos. Todos "gudfelas". "Amici de los amici".

Es que tengo una tendencia a la digresión. A la psoriasis.

Bueno, la cuestión que, después del mediodía, a la Pelopincho la seguimos usando. Pero no le cambiamos nunca el agua. Como dijo Descartes, el famoso tahúr: "Nada se pierde. Todo se aprovecha". La alquilamos para lucha femenina en el lodo. Estadio "El barrizal" le pusimos.

Todos hacemos copiosas apuestas. Borravino es un jugador empedernido. Pero, según la china Marta, no le importa el resultado. El interés que tiene en esos "matchs" es muy otro, según ella. Yo, con mi imperturbabilidad de coinosseur, estoy exento de toda crítica. Me veo libre para entregarme a mi crapulencia. El fin de semana que viene llegan la Wanda Nada y Andrea Campbell, la Chispita. Después Verónica Varano y Jackie Keen.

Se viene Facundo Quiroga, con su pasión por el juego a apostar sus pesitos.

Mientras, la pulpería del turco Yamal registra una merma considerable en su asistencia.

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