CONTRATAPA

El diablo, pobre tipo que ni nombre tiene

 Por Gary Vila Ortiz

Tal vez porque en más de una ocasión estuve con él y trató de tentarme, lo que no pudo, no porque yo mismo sea alguien, sino justamente por ser eso, soy un don nadie y no quiero ir más allá de ese estado. Es que al diablo le tientan los don nadie del mundo y entonces me interesa despertar a los desconocidos de siempre, que piensan que el diablo no tiene interés en ellos y ponerlos en guardia. Primero de todo tienen que comprender que como el diablo es un pobre tipo que ni nombre tiene, le interesamos todos aquellos infelices que deambulamos por las calles del mundo.

La gente suele hablar del diablo, pero este nombre corresponde a todos los "ángeles" que se sumaron a la rebelión contra Dios. Son estos "ángeles" a quienes no les importa tentar a un don nadie, tan sólo para quedar bien con el jefe. Este tampoco goza de tener un único nombre, pero el más común es el de Satanás, que en hebreo significa "el perseguidor" o "el adversario". Por cierto es la personificación del mal y también el Angel Caído, el Gran Enemigo de Dios, el Tentador, el Príncipe de las Tinieblas, el Malo. Esta simpleza, decirle que es el Malo, le molesta a Satanás tanto como la forma en que los hombres lo han mostrado. El demonio con el cual tomé un par de cañas, me decía que Satanás no es un tipo feo, no tiene cuernos ni cola ni todas esas cosas que lo adornan en la pintura, la xilografía, el dibujo. Tal vez, me decía el demonio, que ya iba por su quinta caña, el jefe se sentiría mejor si le dieran un aspecto como el de Hitler, el de Franco o el de Mussolini, pero a nadie se le ha ocurrido dibujarlo de esa manera. Le pregunto si Satanás ha leído el Fausto de Thomas Mann o ha visto alguna representación de La historia de un soldado, de Igor Stravinsky (el relato es de Ramuz). Me dice que no, que para esas cosas nos manda a uno de nosotros, quienes les trasmitimos nuestra opinión. Como en ese momento veo que el demonio con el que hablo se pone más borracho, le digo con educación que se mande a mudar o que de otra manera lo haré sacar a patadas por mi Angel de la Guarda. Se esfuma, indudablemente con miedo. Por lo cual comprendo que si ese demonio en particular tiene miedo sus compañeros también deben tenerlo. Pero ignoro si puedo aplicar eso a su jefe. Es decir ¿es miedoso Satanás?

Satanás y sus ángeles rebeldes aparecieron antes de la creación del hombre y fueron precipitados por Dios al infierno. Con respecto a este lugar, se nos dice, en algunos libros que hemos consultado, que casi todos los pueblos han tenido la idea de un lugar donde moran los espíritus y como ejemplo se dan el "sheol" judío o el "hades" de los griegos. Pero el concepto de castigos eternos se da al comienzo del cristianismo.

Volviendo a Satanás se dan, al menos en el Nuevo Testamento, varios nombres a este ser, por llamarlo de alguna manera: uno curioso es el de Príncipe de este mundo (¿de qué mundo es el príncipe?), el Príncipe de la Potestad del Aire (¿del aire que respiramos nosotros, quienes nos autodenominamos seres humano o solamente del aire del infierno), Beelcebub, Belial, el Maligno, el Tentador entre otros. Tertuliano, por su parte, lo designa como "el mono de Dios", que nos parece bastante acertado ya que produce un gran enojo a los demonios en general y a su jefe en particular.

Si bien como dijimos el arte y la literatura lo han presentado como una bestia grotesca, hay excepciones en que algunos estudiosos han puesto el acento. Una es la del Satanás de Milton que se nos muestra como "una figura majestuosa, magnífica en su perversidad" y el Mefistófeles de la leyenda del Fausto que no carece de atractivos.

Entre los mahometanos el diablo es llamado Eblis, que va por el mundo como el Satanás de los tiempos medievales buscando almas para devorar. Con respecto a este tema debería tenerse en cuenta que se dice que Mahoma profetizó que los musulmanes se dividirían en setenta y dos sectas pero este número "ha sido muy sobrepasado", por lo cual es posible que cada secta pueda tener distintos demonios con otros nombres.

Supe tener un amigo que me decía que uno de los atributos de los demonios es poder pasar desapercibido y estar cerca de nosotros. Mi amigo, que se murió bastante joven, me señalaba desde la ventanilla del ómnibus donde viajábamos juntos al centro, un café con un mesa en donde varias personas tomaban algo. El ómnibus se había detenido creo que por algún desperfecto técnico, por lo cual pudimos observar esa mesa con gente durante un rato. Mi amigo, señalando la mesa, me dijo: "Allí en esa mesa, uno de los que está, y los demás no lo saben, es el demonio, tené la seguridad que puede ser así". Reconozco que la forma en que me lo dijo me hizo tener un poco de miedo por lo cual le contesté: -¿Y no habrá algún demonio aquí entre los pasajeros del ómnibus? Sí, me dijo, es posible, pueden estar en todos lados. Con un pretexto me bajé antes de lo previsto.

Sin embargo, si bien puedo creer en la existencia de alguien que rige el mundo del mal, no soy de los que cree en posesiones satánicas o algo parecido. Eso ocurre en algunas novelas y películas, pero las armas del demonio son mucho más siniestras y menos visibles.

Recuerdo algunos de los retratos del diablo que nos ofreció el cine que me parecen dignos de recordar. De Ernst Lubitsch (1882 1947), es El diablo dijo que no, que data de 1943. El ojo del diablo, de Ingmar Bergman (1918 2007), data de 1960 y por aquí en Rosario creo haberla visto como traducida como el orzuelo del diablo, pero a lo mejor la memoria me juega una mala pasada. Otro film, pero que nada tenía de comedia, es lo que aquí se conoció como Antesala del infierno, de 1952, dirigida por Wliliam Wyler pero que en inglés se llama Detective Story y en España se tradujo como Brigada 21. En el film de Lubitsch, en el que también trabajaban Gene Tierney y Don Ameche, el papel de diablo lo hacía, estupendamente bien, un actor olvidado, tal vez porque murió muy joven, Laird Cregar (1916 1944).

Este actor también trabajó en A Gun for Hire, en la cual estaban Veronica Lake y Alan Ladd, en una obra basada en una novela de Graham Greene, una de las tantas que fueron llevadas al cine pues el ritmo de Greene es sin duda muy apto para llevarlo al cine, como lo prueban todos esos textos que el cine trató con cariño y enorme respeto, como El tercer hombre. Hubo otros filmes que tuvieron al diablo o al infierno en los títulos, pero no todos merecen ser mencionados, pues pertenecen al género de terror y no recordamos ninguno que nos parezca digno de recordar, tal vez con la única excepción de algunos de los clásicos filmes del expresionismo alemán.

Ya hablé del demonio o diablo con el cual suelo encontrarme y quiere tentarme. Y ahora se me ha ocurrido que la tentación del diablo puede haber sido estar escribiendo estas líneas sobre él, aunque pensándolo bien que un don nadie escribiendo sobre él en ciudad más bien chicona no debe importarle demasiado, pero cada alma tienen su interés y no podríamos estar libres toda tentación. De cualquier manera, esperaba un nuevo encuentro para poder hacerle la pregunta. Lo encuentro a los días al atardecer por calle Dorrego y casi en la esquina de Rioja. Lo invito a tomar unas copas en el bar de la esquina. "¿Ha decidido hacer el trato?", me dice sonriente. No le digo, quiero hacerle algunas preguntas. Llevaba un bolsito con los dos o tres libros. Le pregunto que anda leyendo. "Se sorprenderá, me dice, pero debo leerlos". Los saca del paquete y me los muestra. Lleva un tomo de Historia universal de la infamia, de Borges, La peste, de Camus y la autobiografía de Bertrand Russell. Son un buen antídoto para usted, le digo, a lo mejor lo curan, pero aunque no lo curen le harán bien. Se sonríe, me dice que ellos también deben conocer a quienes no son sus amigos, todo lo contrario. "Tenemos que conocerlos", agrega y luego: "¿Y su pregunta?". Quiero saber, le digo, si lo que estoy escribiendo sobre usted ha sido impulsado por usted mismo, lo que me molestaría mucho. Se ríe, riéndose se parece más a un diablo, se toma de un trago el whisky que ha pedido, pide otro. No, me explica: "Usted cree en nosotros, por lo cual debemos tentar a aquellos que escriben y no creen en nuestra existencia. Y más a los que creen que tenemos cuernos, pezuñas y rabo, que como observará no tenemos. Usted sabe que el trato con usted será otro. Y en cuanto a mis preguntas, ¿sabe si hay algo así como argentinismos que nos nombren o refieran al infierno?".

Como argentinismo no lo sé, pero que se refieran a ustedes y a su morada hay más de lo que debe suponer. El demonio, diablo, a quien he decidido bautizar como Eustaquio, me comienza a decir que en un tango famoso se menciona al infierno llamándolo horno. Sí, le digo, en Cambalache, un tango que nos pinta muy bien sin que ustedes tengan nada que hacer para hacer las cosas que hacemos y sobre todo lo que dejamos que hacer. "Se equivocan ustedes, nosotros nunca tenemos nada que ver y tampoco el de Arriba, aunque mande más que nosotros. Usted lo sabe bien, eso de la libertad, la tienen aunque les pese mucho y se sorprendan de tenerla. Pero sigamos con eso de los argentinismos. Además de ese tango hay poema en que un gaucho menciona al Maligno en las cercanías de una laguna contándole a su amigo que ha visto al Maligno nada menos que el escenario de un teatro". Un hermoso poema, sin duda usted no lo merece. Pero Estanislao del Campo estaba inspirado y escribió ese poema, un canto a la amistad, del cual Borges y Bioy Casares dicen el humorismo de el poema nunca es agresivo o amargo sino un manantial de felicidad. Tal vez eso lo enoja a usted y al parecer lo enojaba a Lugones, que en El payador, decía: "Ni el gaucho hubiera entendido una palabra, ni habría aguantado sin dormirse o sin salir, aquella música para él atroz; ni siquiera es concebible a un gaucho meterse por su cuenta en un teatro lírico". ¿Algún colega suyo lo tentó a Lugones para que dijera tal zoncera? No, me dice el diablo, y a Lugones lo tentaron muchas cosas y para nuestra alegría cayó en varias, lo que a ustedes les molesta mucho.

Puede ser, pero acepte que el tipo se rescató en el suicidio, que de ninguna manera es una tentación diabólica. A tipos como usted, verdaderos monos de Dios, no le gustan cosas como el suicidio.

Dos advertencias sin la presencia del diablo cerca. El habla de los argentinos tiene un uso específico para la palabra diablo: se trata de un lugar muy distante o muy poco transitado. Un ejemplo común se trata de un texto de Enrique Anderson Imbert: "¿Dónde diablos está Pacana Uno? Donde el diablo perdió el poncho". La otra: solamente por influencia del diablo, o de Satanás mismo, la Academia Española de la Lengua puede haber propuesto los cambios en la ortografía de nuestro idioma. Son un disparate. Y si leer alguna versión traducida al español costaba trabajo, ahora, con los dislates que se han propuesto leer un libro traducido al español será como leerlo en algún idioma perdido.

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