CONTRATAPA

Recetario

 Por Gary Vila Ortiz

La condición para poder acceder a este recetario es ignorar de manera absoluta qué es lo que presumiblemente hay que preparar. Y no tratar de ninguna manera de saberlo. Lo que se irán diciendo son los ingredientes. El orden en que serán puestos puede ser otro. Todavía no se ha sabido si está permitido anular alguno o agregar otro. Por ahora se piensa que agregar sí pero sacar no.

Primero hay que tener a mano un cubilete, medio grandecito, y cinco, seis o siete dados del color que se quiera. No puede haber menos de cinco y de ninguna manera más de siete.

Es necesario tener por lo menos tres animalitos en la casa.

Preferentemente perros y gatos, pero si se quiere se pueden tener elefantes, pulgas y cocodrilos vegetarianos.

No puede faltar el agua potable, en lo posible bien fría.

Tampoco deben faltar algunas colecciones de carozos. En lo posible de damascos, ciruelas o de duraznos. También de melones y sandías, pero no es fácil encontrarles el carozo.

Hay que tratar de jugar todos los lunes, los martes, los jueves y los sábados a las damas.

Los miércoles, los viernes y los domingos, si es posible, dedicarse a buscar mujeres extranjeras para hacerles el amor. Si no es posible encontrar extranjeras tratar de dar un nuevo significado a qué significa ser una mujer extranjera. Hay mujeres que en el momento del éxtasis amoroso se transforman en extranjeras. Belisario Correas solía contarlo con mucha gracia.

Para ir a tomar un café ponerse una corbata.

Hay libros que deben leerse una vez a la semana. Con cierto orden inicial que luego se puede ir modificando. (Los libros serán mencionados en una nota a pie de página). (1)

Ni muertos debemos ir al cementerio. Se sabe que a los muertos se los quema o se los entierra. ¿Cómo evitar ese hecho? Lo diremos en otra nota a pie de página. (2)

La audición de ciertas músicas está aconsejada antes, durante y al final de hacer la receta. ¿Qué músicas? También las mencionaremos en una nota a pie de página. (3)

Un día, mejor si ese día se está resfriado o con un ataque de asma, sentado frente a una mesa el mayor tiempo que se pueda, se debe poner atención de todos aquellos seres vivos que pasan por el balcón, desde una tempranera calandria hasta los bichitos de luz de la noche. Si tiene suerte verá unos cuantos y lo que debe hacer al verlos es hacer un dibujo en un papel y en otro escribir algunas palabras. Es decir aquellas que le dicten el paso de un gorrión, de unas palomas, de alguna torcaza, un caserito, y en ciertos días el dibujo que va trazando una pequeña lagartija.

Hay que conocer la diferencia esencial de cada día de la semana. No es sencillo adquirir ese conocimiento pero hay que intentarlo. Primero hay que conocer esa diferencia en castellano y luego seguir con otros idiomas. Después de un tiempo se puede saber qué es el martes, pero ya sabemos qué martes no es lo mismo en chino, en un dialecto que suelen hablar los primitivos habitantes de Australia (de los que ya quedan muy pocos) o la señal que usa para el martes la gente que es muda. Se sobreentiende que se trata de algo esotérico.

Las formas en que uno elige dormir son múltiples. Se puede dormir a cualquier hora y no pensar que eso de dormir de noche es algo obligatorio. Se puede dormir de noche, es cierto, pero eso no significa obligación alguna. Tal vez se trate de eso que llamamos normal, pero lo normal no significa que tal normalidad sea igual a lo correcto. La noche está hecha para muchas otras cosas.

Para tomar un mediano con tres jesuitas se deben usar medias azules. No parece del todo necesario que nos estamos refiriendo a las llamadas facturas y no a los miembros de esa orden religiosa.

Un elefante ocupa mucho espacio, dos elefantes ocupan mucho más. Ni hablar de los que ocupan 555 elefantes, 77.000, tres millones o cinco millones de elefantes. Pero hay una manera de transformar a los elefantes en vaquitas de San Antonio que son tan simpáticas como los elefantes. Nada se ha hecho porque hay diferencias en la manera de pensar. Hay quienes sostienen que cinco millones de elefantes son más necesarios que cinco millones de vaquitas de San Antonio. Por cierto hay quienes piensan de una manera absolutamente distinta a las dos mencionadas y creen que todo iría mejor en el Universo si hubiera cinco millones de tarántulas.

Discutir algunas teorías hechas en torno a las obras completas de algunos autores. Curiosamente esta polémica se ha transformado en algo relacionado, diríamos, con los estantes de una biblioteca. ¿Son más valiosas las obras completas que ocupan más de un estante o aquellas que apenas ocupan uno? ¿Son convenientes esos tomos editados en el llamado papel biblia o son más enternecedores los volúmenes pequeños en que aparecieron las primeras ediciones? ¿Se leen de otra manera? No lo sabemos, pero alguien debería dar una respetable opinión pero hay quienes sostienen que aquellos que podrían dar una opinión respetable se encuentran todos muertos.

Es necesario, ahora, pasar a las prometidas notas a pie de página:

(1) Los libros, algunos por lo menos. El oficio de vivir, de Cesare Pavese; La tumba sin sosiego, de Cyril Connolly; El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa; Voces, de Antonio Porchia; La metamorfosis, de Kafka, la que debe leerse en la traducción de Borges que no es de Borges; La peste de Albert Camus; La hermosa vida, de Jorge Capello; Oficio de tinieblas, de Camilo José Cela; Historia universal de la infamia, de Jorge Luis Borges; los tres tomos de los Diarios de Juan Carlos Paz; el "journal" de André Gide; Radiografía de la pampa, de Ezequiel Martínez Estrada; Historia de una pasión argentina, de Eduardo Mallea. Luego se seguirá con otros títulos.

(2) Hay que leer El inmortal, de Jorge Luis Borges. Este relato se publicó con el título de Los inmortales en Los Anales de Buenos Aires, el 12 de febrero de 1947. Cuando pasa a ser parte de El Aleph, el nombre es modificado y pasa a llamarse El inmortal. Hay quienes sostienen que para todas las cosas es necesaria la lectura de algo de Borges.

(3) Sería necesario para este inventario el ser muy claro en las músicas que deben escucharse. La audición de la llamada música clásica, la del tango y la del jazz, puede hacerse de manera paralela sin pensar que alguna de esas expresiones sea superior a las otras. Por ejemplo, para un buen desayuno, digamos un café con leche con medialunas, un mate cocido con pan criollo o unos cuantos mates con bombilla con galletitas de grasa, puede ser acompañado, si se tiene algún tiempo o uno se ha levantado temprano, con música de Schoenberg (algunas de sus serenatas, por ejemplo) un par de discos de jazz (pensemos en una versión de King Oliver y otra de John Coltrane) para despedirse con algunos tangos, cantados o no, pero con preferencia algo de Discépolo, de Manzi o de Piazzolla.

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