rosario

Viernes, 28 de septiembre de 2012

CONTRATAPA

Un refugio de palabras frente al río

 Por Sonia Tessa

Un pequeño refugio para sumergirse en las palabras, al lado del río. Eso es la Biblioteca del Paraná. Sobre la mesa de madera del patio, un equipo de mate se apoya al lado de la colección de la revista El Periodista, desparramada con entusiasmo. Alguien estuvo leyendo esa reciente donación. Una de las impulsoras de la recuperación del espacio, Beatriz Suárez, sabe que en ese patio se librará una luminosa batalla diaria: sentarse a leer un libro enfrente del Paraná, observar el reflejo del sol sobre el agua que corre, sentir los aromas, escuchar el canto de los pájaros será un ritual para los que se acerquen desde hoy, a las 19, a esa biblioteca, y "qué libro podrá ganarle a eso", se pregunta Beatriz, que es escritora.

Por lo pronto, el entusiasmo lo hizo posible: un grupo de socios del Club Náutico Bajada España, entre ellas algunas ex docentes, se pasó largos meses --el invierno íntegro, pero desde mucho antes-- dedicándole horas a recuperar los libros uno por uno. Les pasaron blem, limpiaron con cloro y sufrieron cuando debieron resignarse a que algunos ya no podrían volver a leerse, porque la humedad los había destruido. El trabajo para acondicionar el espacio rectangular, mucho más largo que ancho, donde funcionará la Biblioteca ﷓﷓por ahora como sala de lectura, los viernes, de 15 a 19, los sábados y domingos por la mañana-- incluyó desde poner los estantes hasta clasificar los 7 mil títulos primero en un cuaderno Gloria y luego en un excel de la computadora.

Para Silvia Maida fue una aventura insospechada, que la lleva a esperar la inauguración de esta tarde casi como una graduación escolar. "Nos pasábamos las horas, desde las 10 de la mañana hasta la una de la madrugada, en una ocasión. Nos comíamos unas empanadas y seguíamos limpiando, acomodando, buscando un lugar para cada libro. Soy socia del Club, pero jamás imaginé participar de un proyecto como éste", dice Silvia, y muestra la piel de gallina que la invade cuando piensa en ese proyecto colectivo que la acercó a la lectura como esa aventura que se parece al placer de nadar.

La iniciativa de recuperar la Biblioteca partió de la Comisión Directiva del Club. Había sido inaugurada en 1997 en ese espacio, situado encima de la barranca, arriba del Club al que muchos van a pescar y muchísimos más a comer pescado. El espacio fue cedido por ordenanza del Concejo Municipal en aquél año. Su tiempo de actividad es incierto para quienes lo reinaugurarán, aunque saben que el abandono fue total desde hace al menos un lustro. "Había libros que apuntalaban muebles, muchos tirados, mojados o llenos de bichos", describe Mirta Gaspari.

Ahora, colgado sobre la pared externa de la Biblioteca, allí donde el Parque se confunde con el río, un pizarrón negro escrito con tizas de colores invita a concurrir esta tarde. Los libros están ordenados por temas y las mujeres convocadas para la nota se entusiasman. Son docentes jubiladas, saben los universos que un libro pueden abrir para el lector. Marta Badalá, Mirta Gaspari y María Teresa Aichino van turnándose para contar que están tramitando la categoría de biblioteca pública en la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares. Eso significará la posibilidad de contar con un bibliotecario ﷓﷓no tuvieron el asesoramiento de ninguno durante el ciclópeo trabajo de estos meses﷓﷓, y prestar los libros para que la gente pueda llevarlos a su casa. Mientras tanto, estarán disponibles para sentarse a leerlos en el patio de la Biblioteca, o en el extenso Parque de las Colectividades.

"Esto lo hizo a pulmón y corazón la gente que se acercó para sumarse", dice Suárez, y pide que se incluya en la lista a tres que no pudieron estar presentes en la nota: Mónica Cottilli, Alberto Bercoff y Teresa Renati. La actividad en el espacio que miles de rosarinos transitan caminando, día a día, tuvo sus repercusiones: los transeúntes se pararon a preguntar, se interesaron, llevaron donaciones de lo más impensadas. Una de ellas le da un gusto especial a la Biblioteca del Paraná. La viuda de Roberto Fontanarrosa, Gabriela Mahy, les acercó una parte de los libros del Negro. Son como 350 títulos, acomodados sobre un rincón. Una reliquia: las obras completas de Juan L. Ortíz, el número 33 de la edición limitada de la Universidad Nacional del Litoral, que perteneció al rosarino. "La mayoría están dedicados, hay como 100 que son de su autoría y otros de autores que se los regalaron a él. Tienen subrayados, acotaciones", dice Suárez, emocionada.

Los cuidadosos carteles que dicen, por ejemplo, "para leer hace falta silencio", fueron realizados por dos artistas plásticas, Viviana Negro y Mara Ottado. Un telar de Claudia Goldín se quedará a hermosear la pared por encima de los estantes, donado por Fabiana Monti.

La Biblioteca se especializará en el Paraná y las islas. Es una premisa y también una convocatoria. Badalá tiene una aspiración. "Desde el primer día que vine acá, hace un año, quiero ver si hay un libro de historia de cartas náuticas del Paraná", dice, y Suárez le confirma que existe. Casi un llamado a la solidaridad, Badalá espera que algún propietario de ese libro se decida a desprenderse de él y donarlo, para que cualquiera que pase por ese rinconcito al lado del río, sobre la barranca, pueda disfrutarlo.

Hay de todo para leer, y tendrá un gusto especial hacerlo ahí, donde levantar la vista implica suspender la conciencia para dejarla que fluya, que viaje con la corriente del río que corre por debajo. Esta tarde, a las 19, la Biblioteca contará también con dos muestras: los dibujos de Chachi Verona y las cerámicas de Gabriel Cepeda acompañarán el inicio de este proyecto hecho de sueños, amor por el río y ganas de trabajar.

"Somos docentes, hemos trabajado siempre a través de los libros, por los libros. La Biblioteca es la síntesis de todo. Siempre, aunque sea solucionándole a los chicos que no tienen para leer, en las escuelas más pobres, una Biblioteca siempre es una respuesta, un puntal de cultura. Donde haya una, no habrá ignorancia", define Aichino el motor de esta aventura. Se emocionan sus compañeras, y siguen organizando la fiesta de esta tarde.

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Imagen: Andrés Macera
 
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