CONTRATAPA

Colonización de los cuerpos de las mujeres

 Por El Puente *

La muerte siempre presente nos acompaña y del modo más feroz e injusto cuando nos muestra y confirma que no es lo mismo ser mujer joven adolescente, urbana, blanca que ser pobre negra de barrios marginados. ¿Son vidas que no merecen ser lloradas? O tal vez, peor aún, vidas que no merecen ser vividas, que no valen la pena porque son "trolas" o por ser travestis, gays o lesbianas, como si la condición sexual fuera suficiente para propiciar la muerte de estas personas. ¿Acaso no conforman ese imaginario colectivo de descarte? Porque no "desearon entrar en la heternormatividad", ¿es que sus vidas no valen?

A estas categorías debemos sumarle el de ser "sospechosas" por el solo hecho de ser mujeres jóvenes, y una vez más las voces de ese imaginario colectivo se instalan cobrando nuevas fuerzas, y aquella maldita frase que no cesa de inscribirse "por algo habrá sido", instalada en la sociedad que siembra un manto de sospecha sobre las víctimas y subvierte el lugar del victimario convirtiéndolo en víctima.

El feminicida "no es ningún fenómeno inexplicable. Es una expresión extrema de la fuerza patriarcal". Junto a la violencia sexual (violación) la muerte de las mujeres es la confirmación que el cuerpo de las mujeres le pertenece al patriarcado, por ello se considera una "expresión social de las políticas sexuales". Tal vez, quienes propician impunemente la muerte de tantas mujeres jóvenes, forma parte de la naturalización y promulgación de la dominación masculina sobre las mujeres, a los efectos de mantener el poder y generar más miedo sobre nosotras. Para que podamos entender de una vez que el orden patriarcal es de origen divino y no hay que alterarlo, ni cuestionarlo, estas actitudes se pagan con la vida.

El lenguaje es sexista, por lo tanto, sigue vigente ese orden que se ha construido en torno a las relaciones de pareja, cuando se publica mató a "su" mujer. Despojándola así de toda subjetividad, simplemente porque era de él, y el hombre varón masculino, es quien cree que sigue teniendo derecho sobre esa persona, no puede aceptar que esa mujer es sujeto de derecho y no objeto de "su" pertenencia. Lo cierto es que estos crímenes no se pueden realizar sino en complicidad con una parte de la sociedad, y con diferentes organismos del Estado. En estos crímenes no hay "emoción violenta" lo que hay es premeditación, y complicidad social y del Estado, porque son "trolas", provocadoras, lesbianas, trans, gays y estos feminicidas dan muestra de que el patriarcado sigue vigente, exhibiendo su poder despótico y absoluto sobre el cuerpo de estas personas, de los modos más feroces.

Para poder entender, nunca justificar acerca de los femicidios a los que estamos asistiendo, se nos hace imprescindible rastrear en la historia de la humanidad el lugar que nos ha sido otorgado. "Las mujeres son más débiles de mente y de cuerpo, no es de extrañar que caigan en mayor medida bajo el hechizo de la brujería". Dicho de otro modo somos más carnales que el hombre, para otros pensadores somos más emocionales. Catón decía: "Cuando una mujer llora, teje redes... se esfuerza por engañar a un hombre" (Malleus Maleficarum). Así es como Eva dudó de la orden dada por dios, la duda fue el motor para el conocimiento, para dios y sus seguidores fue un error, y de allí el castigo, la condena por vacilar.

Si su primer error fue la vacilación, la duda, cuestionar la fe, y dejarse llevar por las emociones, los afectos y su inteligencia, no será casual entonces, este manto de sospecha que pesa sobre nosotras, y entonces, la necesidad imperiosa de expulsarnos, y para ello es necesario confirmar que "por algo habrá sido", por brujas, por malas, por putas, por feas, por lindas, es decir, porque nos permitimos dudar, y ser protagonistas de nuestros derechos y apropiarnos de nuestros deseos.

E. Stola dice: "En Argentina ¡cada 30 horas una mujer es asesinada por ser mujer! Me siento harto de los silencios por especulaciones políticas y religiosas, mientras las mujeres siguen y seguirán muriendo". Continúa diciendo: "Harto de las mujeres que dicen que no acuerdan con el feminismo (que es una posición política) porque son femeninas, sin reparar que esto último es una construcción cultural. Harto de los ritos sociales y religiosos donde cada hora de cada día de cada año se recrea la dominación masculina. Harto de conductorxs de programas televisivos sexistas, machistas, misóginos y con carteles 'ni una menos', como si ellxs no fueran parte de la violencia simbólica que es la matríz de la violencia extrema".

Siguiendo en esta línea de lectura patriarcal, no podemos eludir las marcas del cristianismo sobre nuestra cultura, así el Derecho Romano, el pater es quien se autodesigna como padre de un hijo por adopción. En consecuencia, la filiación biológica (genitor) apenas se tiene en cuenta si no es seguida por la designación del gesto o la palabra (La familia en desorden, E. Rudinesco). Así es que a imagen de Dios, el padre es considerado como la encarnación terrestre de un poder espiritual que trasciende la carne. Esta autora nos plantea la declinación paterna, así ese padre podía por tanto encarnar una fuerza mortífera y devastadora como, al contrario, convertirse en el portavoz de una rebelión simbólica del hijo contra los abusos de su propio poder.

Rousseau dirá que la familia es el primer modelo de las sociedades políticas; el jefe es la imagen del padre, el pueblo de la imagen de los hijos y todos, nacidos iguales y libres, solo enajenan su libertad por su utilidad".

El héroe dará lugar al hombre burgués doméstico, y reinventará su poder en la vida económica y privada. Morgan decía que el patriarcado es un sistema jurídico en el cual la autoridad y los derechos sobre los bienes y las personas obedecían a una regla de filiación patrilineal.

El orden familiar económico burgués se apoya en tres fundamentos:

1. La autoridad del marido.

2. La subordinación de las mujeres.

3. La dependencia de los niños.

El cuerpo de las mujeres será ante todo el cuerpo de una madre, para reforzar la heteronormatividad y la heterosexualidad. Durante todo el siglo XIX y parte del XX, la autoridad paterna se revalorizó sin cesar, también se fue fracturando, resquebrajando para dar paso a otras prácticas, ya que éstas mismas lo han ido colocando en tensión y cuestión. El dinamismo de ellas introduce modificaciones para resquebrajar el pensamiento absoluto.

Re pensando a Freud cuando habla de Animismo, Magia y Omnipotencia de las ideas, ¿será que el hombre varón heteronormativo y heterosexual mata, por creerse omnipotente?, es decir, vuelve a aquel narcisismo infantil primario. Matan deliberadamente porque el sistema patriarcal les confiere impunidad, por las construcciones sociales que han ido constituyendo las representaciones sociales, que parten de una diferencia sexual anatómica, y las transforman en destino de dominación.

Las preguntas abren a un sinfín de preguntas, y detrás de cada respuesta encontramos muchas más, el siglo XX que ha ido generando un sistema patriarcal cuestionado, inscribe a nuevas familias en otro orden simbólico, dado que las prácticas sociales han superado ampliamente estos paradigmas. ¿Será acaso que los hombres matan porque las mujeres van separando sexualidad de procreación y su lucha sigue siendo la emancipación?

Sibila Camps dice: "La justicia es una construcción colectiva, no la acción de una persona; pero la trama de la impunidad se desteje hilo por hilo".

M. Lagarde en Los cautiverios de las mujeres señala: "Las mujeres están prisioneras en el Estado. El principal carcelero de las mujeres son sus necesidades y su conciencia, es decir, su subjetividad formada, apoyada y reproducida por el conjunto de relaciones y de instituciones económicas, sociales, jurídicas, religiosas, eróticas y políticas, que hacen a las mujeres cumplir un orden social convertido en orden vital cósmico. Las mujeres estamos cautivas del miedo a cambiar, porque cambiar significa dejar de ser mujeres de la única forma en que deben y saben serlo".

El cuerpo de las mujeres ha sido y sigue siendo el botín de guerra, territorios a conquistar por el patriarcado, que extiende su dominio y poderío, modos de colonizar con la espada y la palabra sobre los cuerpos de las mujeres. Al respecto M.Lewis y O. Wornat en Putas y Guerrilleras dicen: "Estábamos desaparecidas, sin derechos, inermes, arrasada nuestra subjetividad. Su dominio sobre nosotras era absoluto. De ellos dependía que comiéramos, que durmiéramos, que respiráramos. Si la mirada lasciva de ellos sobre nuestros cuerpos hubiera sido usada por nosotras como en un arma en su contra, un resquicio de fortaleza en nuestra extrema indefensión, ¿hubiera sido correcto condenarnos socialmente?

Como mujeres, la utilización de nuestros cuerpos o el deseo que despertamos en el otro como instrumento de manipulación o de salvación condenable. No pasa lo mismo con los hombres. Estamos convencidas de que la única manera de construir un mundo más justo e igualitario es caminar en el barro de nuestro pasado y darle un baño de luz; de mucha luz, aunque el alumbramiento duela, enoje y perturbe".

Cada mujer que muere en manos de uno o varios hombres para confirmar su "poder", se continua dañando el tejido social, aumentando la impotencia, la bronca por la falta de justicia y la inseguridad, algo en la trama social se rompió y es la categoría del semejante como prójimo diferente a mi. El modelo de lo único como absoluto sigue triunfando, confirmando un sistema universal que basa su lógica en la exclusión y negación de las diferencias.

* Psicólogas en La Toma

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