CONTRATAPA

Cerro colorado

 Por Víctor Maini

"Forastero me llaman, porque no tengo/ ni un miserable rancho pa mis inviernos,/ pude tenerlo, es cierto pude tenerlo/ pero gasté mis cobres con forasteros.// Hermanito del mundo, préstame un libro/ yo te daré mi copla que es mi destino./ Dame tu pan hermano, bebe mi vino/ y sigamos andando por el camino./ Mi tierra está llenita de forasteros,/ campesinos sin campo, indios sin cerro,/ que tremendo silencio sobre nosotros/ forjemos con silencios el alto grito/ y hagamos otro mundo para los niños./ Me has comprendido hermano, me has comprendido,/

detrás de las palabras hay un sentido". Atahualpa Yupanqui.

Si el hombre es tierra que anda y la música un accidente de la tierra misma, supiste convertirte en un viento dentro del viento para recorrer montañas, selvas y llanuras buscando la canción nativa, la que nos despierte del silencio malo, del olvido impuesto, del falso relato de los ganadores. Entregaste tu pena cantándola noche afuera, llorándola pecho adentro. Te aferraste a los sentires del niño que nunca dejaste morir, conservaste su magia. Viste bailar remolinos de arena en los desiertos, escuchaste conciertos de flautas en pajonales, interpretaste el arrullo del agua como la voz del padre de tu padre. Intuiste que por la savia de los árboles fluía la memoria del hombre, sólo había que saber escuchar el grito de los antiguos escondido en los misterios de la Pachamama. Fuiste en busca de tu destino, caminaste y caminaste, con tu sangre engordada de razones te hiciste decidor de pensamientos callados, buscador sin descanso de un acorde profundo como un llanto. Atrapaste la verdad folklórica elevándote, alejándote de la simple intención de estilizarla, buceaste en las corrientes espirituales, admiraste el ánimo del indio o del mestizo que impulsó a traducir su inquietud en una música rústica. Lo feo puede ser hermoso, lo bonito carece de alma. Abrazaste el mismo sentido que le otorga a la vida la gente sencilla, los mismos que se sienten hermanados con el árbol y la bestia por el mismo aire. Te atrapó el espíritu jugoso que habita en los paisanos de tierras secas. Te enamoraste de la guitarra, te desveló su esencia de árbol, su aroma de flores, sus ecos de trinos. Los enamorados no buscan el éxito, buscan la gloria. Tu enamorada supo regalarte en cada ritmo, la memoria sensible de la tierra junto a la dimensión cabal de tu sentimiento. Parado como un aromo, sólo en la mitad de la noche, te encomendaste a la luna del cielo para hallar la canción perdida en el silencio bueno, para largar afuera todo lo que llevabas dentro. Decidí visitarte antes de que sea demasiado tarde. Muchos dicen que estás muerto, mas nunca hice caso a todo lo que dicen. Hay quienes desconocen que la música vence al tiempo. Conozco mucha gente a la que le han matado el alma y anda viva todavía. Desfilamos respetuosos por tu casa museo los que alguna vez te perseguimos por gorila, traidor o subversivo junto a escolares, quienes en un futuro cercano se verán reflejados en tu obra. La obra de un hombre que escondió su dolor más íntimo para poder cantar el de los demás, que aprendió a transformar su pena ancha y profunda como el mar en flores eternas para todo un pueblo. Me detuve junto a un roble plantado por tus propias manos, en cuya sombra elegiste descansar junto a un amigo. Escuché tu voz en el canto del agua escondida. Me recibió tu corazón abierto en cada planta. Tu alma supo acompañarme brillando en el pedregal de todo un paisaje celosamente custodiado por el Cerro Colorado, único testigo y responsable de haber detenido el peregrinar del argentino más lúcido y sensible que supo caminar mi patria.

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