CONTRATAPA

Tratado del Café

 Por Hernando Quagliardi

1. Las formas de un libro.

Alguna vez habría que escribir el "Tratado del Café". Una empresa monumental, seguramente, pero también absurda e inútil. Borges hubiera solucionado el asunto a su manera: fingiría que ese libro ya existe. Cortázar acudiría a un formato de almanaque, muy cercano al álbum.

Ramón Gómez de la Serna profesó la biografía, una relación a la española, entrañable y sacramental que va desde los mentideros a las tertulias, según se puede constatar en su libro Pombo. Biografía del célebre Café y de otros Cafés famosos. Los españoles generaron las condiciones de la poética y la filosofía del Café, un lugar donde no solo se va a tomar café, sino a luchar contra la soledad.

En su artículo Guernica y el Toro, publicado en el suplemento Radar de Página/12, Rodolfo Rabanal cuenta cómo la noche del 26 de abril de 1937, cuando los bombarderos nazis e italianos aniquilaron la ciudad de Guernica, el poeta Juan Larrea fue con la noticia a sus amigos. Uno de ellos, el pintor Pablo Picasso, quería saber cómo sería un destrozo semejante. El poeta recurrió entonces a la figura del toro en un bazar de porcelanas chinas. Inmediatamente, Picasso hizo el bosquejo de lo que sería su obra más alta.

La anécdota es un hermoso ejemplo de écfrasis, forma retórica que concreta la descripción verbal de una obra pictórica, en este caso, con el poder de anticiparla. Pero el espacio en que tuvo lugar ese suceso, está también datado: es el Café Les Deaux Magots de París. Así, lugar y palabra -Café y conversación- producen una esgrima de intertextualidad y parecen definir al objeto en estudio.

Quizá ese imposible tratado desbordaría su objeto. Pasaría a ser una historia del arte y la política moderna. Un conjunto de citas para el libro imaginario y fantasma que uno debería escribir por el solo deseo de tenerlo a mano, después. Un cuerpo hecho de fragmentos. Como el recuerdo, que nunca es más recuerdo y más residuo que cuando es falso- como ha dicho Valery.

2 Una lista.

-Tower Street, Londres, Lloyd's Coffee House, año 1687. Alfred Lloyd otorga por el precio de una taza de café el derecho de tratar con otros comerciantes marítimos. Acuerda en depositar una suma de dinero. Si el embarque va bien, cobra un porcentaje, si algo anda mal, paga por las pérdidas. Pronto Lloyd dejó de servir café y se abocó de lleno a los seguros.

- Café de The Grecian, Londres, año 1700. El señor Richard Steele crea un diario The Tatler (el Charlatán) con chismes "pescados" en las casas de café. Es el germen del más famoso The Spectator al cual se pliega el señor luego Joseph Addison, dando lugar a que los escritores se explayen sobre asuntos culturales. Se escribe en el Café y sobre los asuntos del Café, es decir, se inventa todo un género de la literatura: el ensayo.

-Café Procope, Rue de l'ancienne Comedie, año 1792. El comunero Danton arranca a los parroquianos con su arenga para dirigirse a Las Tullerías. La Revolución Francesa no hubiera sido posible sin un Café. Se dice también que Benjamin Franklin discutió un proyecto de Constitución para los Estados Unidos en un rincón del Café, muy cerca de donde Diderot escribía su Enciclopedia.

- Café de la Regence, agosto de 1844. Karl Marx conoce al filósofo alemán Friedrich Engels, se entrecruzan textos e ideas, se produce un largo intercambio intelectual conocido como marxismo.

- Café de Flore, Bulevar Saint Germain 1921, París. El señor Jean Paul Sartre escribe un farragoso texto en el que no se priva de insertar las opiniones de un camarero. El libro es El Ser y la nada, nace el existencialismo.

- Calle Spiegelgasse I, Zurich, sede del café y cabaret Voltaire. En 1916 (y siempre) Suiza es un país neutral donde recalan escritores, pintores y poetas exiliados. Esa pléyade firma junto a Tristán Tzara un manifiesto de la incredulidad y el sinsentido, el dadaísmo, contra la acción y en favor de la contradicción continua.

-Café Central, Viena, 1914, poco antes de comenzar la Primera Guerra. El exiliado ruso León Trotsky discute a los gritos con el fundador del Partido Socialista austríaco, Víctor Adler. Sólo se calma cuando juega al ajedrez con otros dos exiliados no tan conocidos en el ambiente, los señores Lenin y Stalin.

- Café Landtmann, Viena. Dos que se espían se juntan y evitan la discusión. No hablar de terapia ni de inconsciente, reprimir ese deseo mientras se descansa de la consulta y se bebe café por litros en el caso de Freud, y un insulso té en el caso de Jüng.

-Café del Pelado, Moreno y Entre Ríos, Buenos Aires, barrio de la Boca. El morocho Carlos Gardel, cantor aficionado del barrio del Abasto, se encuentra con el oriental José Razzano, que para en ese Café. Los une un destino y una música en formación: el tango.

3- Reflexiones apuradas.

George Steiner y Claudio Magris han pensado la idea de Europa con un contexto en el cual el Café es el eje de la modernidad y la "academia" del espíritu individual, un poco borroneado y en crisis tras el consumo y lo masivo.

La nostalgia de una época no vivida en siempre tentadora. Esa es la idea que está detrás de los museos. Pero el presente es el presente y las cosas son como son.

Si hay algo seguro es que nadie escribirá un "Tratado". No por lo menos en estos Cafés (¿?) de hoy en día donde ofrecen un melaza con tu nombre mal escrito en un vaso de plástico.

Me he limitado a exhibir proezas en el recorte de la página y al correr de una lista que como toda lista, es arbitraria. No queda tiempo para más. En este mismo momento el patrón comienza a colocar las sillas encima de las mesas.

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