CONTRATAPA

¿Graduaciones?

 Por Beatriz G. Suárez *

No es demasiado raro en esta época del año asistir a graduaciones escolares.

Maestras organizando los actos interminables, oportunidad además para que familias raras, unidas, separadas, pequeñas, enormes, amigadas y/o peleadas disparen flashes y filmen en pos de captar la esperada conclusión que suele ser a la sazón una circunstancia cómica (no se sabe exactamente porqué).

Lo que nunca había visto lo vi esta semana, el acto de cierre del Jardín de infantes tal como se hace ahora. Asistí a uno de niños de cinco años.

Mientras esperábamos el comienzo se anunció por un altavoz la "entrada de

los egresados 2006" y una fila de pequeños hombrecitos entró al salón

vestidos con toga negra, esa que generalmente se usa ante el egreso de una carrera universitaria, abogados, contadores y hasta los jueces en función.

Era incomprensible llamarles graduados y mucho más el uso de un atuendo que la cultura designa cuando alguien concluye definitivamente una carrera suponiendo que desde ahí se deja la vida de estudiante para comenzar por

ejemplo la etapa laboral.

Alguien podría decir que es un juego, que en el caso de estos niños la toga es un disfraz y que me deje de hablar pavadas. Muy bien, algo de esto debe haber pero me quedé pensando. Me quedé pensando que no es lo mismo un acto de finalización de año, de pase a primer grado, que la conclusión de todo un proceso como es una carrera universitaria.

Hubo "entrega de diplomas", subían las autoridades del jardín, los padres con el rollito (y tal vez la mamadera en la cartera) que adentro decía algo como "Certifico que el alumno ha culminado sus estudios de pre escolar y por lo tanto se le extiende el título de...".

Me provocó una sensación inolvidable al ver adultos pegando con plasticola el exitismo capitalista de esta sociedad que consume fuegos de artificio a cada rato y por cualquier situación; vi en las caras de abuelas y tíos el orgullo por adelantado, el querer gozar a toda costa con la gran inversión de tener un hijo. Los chicos pintados y sin entender nada miraban con asombro la negrura de los trajes que mas se parecían al de fantasmas de un incierto futuro. Sombrerito de pompón colgante que me recordó al extraviado balero de la infancia.

En el mundo de los símbolos la toga no es lo mismo que el guardapolvos o el traje de El Zorro.

Pasar de grado es bien distinto a finalizar (hay en juego justamente una

graduación en el modo de avanzar). Vestir a un niño de este modo ¿no es

enviarle un mensaje de que para conseguir algo no debe por ello pagar aunque sea el precio de estudiar? ¿no se está acaso obviando con la toga la diferencia entre un pase y un fin?

Y no estoy haciendo referencias a "M'hijo el doctor" ni a sacrificarse por un título como querían nuestros padres. No. Hablo de anoticiar a un

estudiante que para saber algo primero debe transitar un camino que, como

todo camino, lleva tiempo, contacto con maestros, libros, bibliotecas,

exámenes, fracasos, éxitos; es decir que para llegar a algún lado hay que

pagar un precio. Para poder tener hay que perder primero. Primero hay que

saber sufrir, después amar, después partir y alguna vez se podrá andar sin pensamiento.

Esta toga previa a todo es "primero tenés y luego, si querés, perdes". Por las dudas todos te sacamos fotos.

Este es el mercado, la sociedad moderna, la escuela no se escapa. Hay

cuatro, cinco, seis, veinte recuperatorios para quienes se llevan materias, alumnos que no hicieron nada durante el año y que ahora en diciembre se les contempla la posibilidad de en quince días liquidar todo y tener mas vacaciones.

Todo es rápido y fácil, todo puede o podría llegar en un instante, la Biblia o el calefón, un ingeniero de cinco años o un estudiante de quince que, ya en el secundario, no supiera que hay va con hache. Con tal que pase y el gobierno suba sus índices de formación educativa que quizás sirva para ganar las elecciones, vale todo. No importa si la letra a es una o o si uno mas uno le dio tres.

No importa nada. Los padres apalean a los maestros, defienden a sus hijos cuando un profesor exige la diferencia entre el símbolo químico del sodio y el plomo. Antes había una especie de acuerdo entre padres y maestros en el que ambas partes cooperaban con la formación, hoy no solo se rompió el

acuerdo sino que hay un enfrentamiento entre las partes y, eventualmente,

una traba. Nadie en esta extensa cadena de responsables está dispuesto a

pagar nada para obtener un saber.

¿Todos estamos por "dar sin pedir nada a cambio"?

Me parece que se está confundiendo la educación pública con la educación

gratis. Y esto va a tener consecuencias.

No miré bien como terminó la fiesta pero creo que los flamantes egresados se retiraban a brindar con Nestum. Y el viaje de estudios era a la casa de la abuela.

* [email protected]

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