rosario

Jueves, 28 de agosto de 2008

CORREO

Confluencias

¿Qué consecuencias puede acarrear para la sociedad la confluencia en un proyecto político de líderes corporativos empresariales, jerarcas eclesiales y dirigentes de tendencia nazi fascista, xenófoba y antisemita?

La Argentina de los años treinta y cuarenta fue escenario de un despliegue similar con las consecuencias de persecuciones, encarcelamientos, torturas y muertes para los luchadores sociales obreros revolucionarios.

Basta recorrer las páginas del periódico solidaridad Obrera, editado entre otros por el activista de la Federación Anarcomunista Argentina (F.A.C.A) Laureano Riera Díaz para captar el clima de época.

Luego de derrotada la gran huelga general, inicialmente lanzada por los obreros de la construcción, extendida después a otros gremios y por gran parte del territorio del país, emergió la entente corporativa, patronal﷓clerical y militar, ultranacionalista que sometió al conjunto a sus prácticas y discursos.

La magnitud de la derrota política, económica, social y cultural padecida desde mediados de los años setenta cuando comenzaba la cacería de delegados gremiales combativos y la aniquilación de las comisiones internas, es tal que por eso, entre otras cosas, vuelven los discursos y prácticas de un fascismo que siempre opera como contrarrevolución preventiva.

Es nuestra tarea contrarrestarlo con la autoorganización popular y la acción directa y asamblearia que impulse la solidaridad social

Carlos A. Solero

* [email protected]


Omnibus

Puedo decir que lo manifestado por el secretario de Servicios Públicos sobre el servicio nocturno podría estar inscripto en el manual de zonceras argentinas. En altas horas de la madrugada los fines de semana los colectivos cambian de recorrido para evitar las calles céntricas, por la inseguridad. Innumerables son los casos de personas que deben caminar muchas cuadras para llegar a su trabajo porque el colectivo las deja fuera de su recorrido.

No cargo las culpas sobre los choferes. Yo haría lo mismo con los jóvenes que suben borrachos y no quieren pagar boleto, molestan al pasaje y cuanto uno se pueda imaginar. La causa es la ausencia de policías. Si los hay, están distraídos jugando con sus celulares. Pregunten a cualquier taxista o colectivero. La mentira no es el camino para un mejor servicio.

Raúl Oscar Terrazzino

taxista

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