rosario

Martes, 18 de abril de 2006

CORREO

Tierras

La euforia desatada tras la inclusión del biodiesel como combustible alternativo a los derivados del petróleo, provocará sin duda alguna una corriente de explotación agrícola tan o más peligrosa que la del boom de la soja. Bosques arrasados en procura de mayor superficie cultivable irán paulatina pero inexorablemente convirtiendo nuestras tierras en llanuras estériles, avanzando la desertificación ya manifestada en diversas regiones y expulsando a pequeños y medianos productores de sus tierras ante la voracidad de los grandes grupos económicos, ávidos de negocios inmediatos. Sin medir consecuencias, habiéndose destruído los centros de investigación públicos que deberían orientar para proteger la calidad alimentaria de nuestro suelo y con reservas de hidrocarburos al borde de la desaparición, todos los proyectos de uso de energía con fuentes renovables y ecológicas naturales (eólica, hidráulica, solar, etc.) durmiendo en los cajones de ineptos funcionarios e incrementando el consumo de combustibles al posponer la recuperación de los FF.CC, nuestro futuro es incierto. Con un gobierno del que se desconocen los planes estratégicos de corto, mediano y largo alcance en materia de economía política, que va y viene según se expresen las presiones sectoriales sin definir una línea, que sigue sin cumplir gran parte de sus promesas electorales e incluso de sus propios discursos ante las cámaras en las sesiones inaugurales de los períodos legislativos, no nos brinda la seguridad que necesitamos para creer y crecer. Ya hemos visto las concecuencias de carácter ambiental que en los cinco últimos años han modificado los regímenes pluviométricos de varias regiones del país, ocasionando graves pérdidas en vidas y bienes, hemos sido testigos de la destrucción de las comunidades del interior como consecuencia de la salida de los trenes en el transporte de nuestras producciones regionales, comprobado el incremento de accidentes como consecuencia de la saturación de nuestras rutas, y no obstante demoramos la recuperación ferroviaria despilfarrando millones de litros de combustibles y manteniendo inconcebibles subsidios a los grandes grupos exportadores a los que incluso les servimos en bandeja infraestructuras especiales a cargo de nuestro presupuesto nacional. ¿Cuándo debatiremos en nuestros medios, en nuestros claustros universitarios, en nuestros sindicatos, partidos políticos, ONG y nuestro dormido parlamento un proyecto nacional de emergencia antes de que sea demasiado tarde?

Angel M. Contestí

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