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Cachito

--¿San Filippo? --dijo la señorita, y casi sin esperar el "presente", agregó: "¿junto o separado?", como para enmendar algún posible error en la planilla de inscripción a la primaria.

--Divorciado, señorita --contestó, enfundado en el impecable delantal blanco.

Sin desmerecer a la abnegada docencia santafesina, creo que la maestra se jubiló sin entender la ironía. Al menos, ese día continuó pasando lista tras rascarse la cabeza con el capuchón de la Parker.

No cruzamos palabras, y, al regreso de la escuela Almafuerte, caminamos enfrentados de vereda con destino a nuestras casas que, enseguida, descubrimos que quedaban a poca distancia.

De a poco nos fuimos uniendo. En principio, porque ambos éramos el primero a quien pedirle el "cuaderno único" cuando alguna virósica nos ausentaba de la escuela.

Hasta hacernos inseparables. En los asaltos, en el picado del barrio, en las largas siestas soñando en abordar la balsa de Litto Nebbia y los domingos, desde temprano, cortando a mano viejas "capitales" para lanzar a la salida de nuestro glorioso rojinegro.

Nunca perdió esa picardía con que lo conocí.

Se gradúo en hacer auténticos Levi's con mediocres Robert Lewis, en escapar de los zorros al comando de la Siambretta 125 que le robábamos al viejo durante la siesta, en poner la cara para que nos devuelvan la pelota cuando algún vecino se ponía chivo.

Después, todo pasó de golpe. El hombre llegó a la luna, mataron al Che, algo oímos de un mayo francés; no sé, nos alejamos.

A mi viejo lo trasladaron por trabajo al conurbano bonaerense y me fui por un tiempo.

Cuando volví, se acercó para invitarme a militar con él.

No tuve tiempo para contestarle, esa noche logró escapar de los milicos saltando por los techos de chapa donde tantas veces jugábamos de chicos, para refugiarse, paradójicamente, en el Gran Buenos Aires.

Del resto me enteré en la panadería, donde nadie preguntó si San Filippo era separado o todo junto porque todos sabíamos quien era Norberto Elio "Cachito", el hijo de Julia y Chicho.

Hugo Grosso

Escrito en memoria de Norberto Elio San Filippo, desaparecido el 28 de julio de 1977, legajo de la Conadep número 8183. Fue secuestrado en su trabajo en Villa Ballester. No hay testimonio de su paso por un centro clandestino de detención.

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