SOCIEDAD › MARÍA YANNUZZI ANALIZA EL CONFLICTO CAMPO-GOBIERNO

Confrontaciones, prejuicios y esos viejos odios latentes

Para la politóloga rosarina el gobierno tuvo "un problema en la estrategia de resolución de conflictos". Pero también reconoce la subsistencia de "un férreo antiperonismo".

 Por Guillermo Lanfranco

Como un volcán que en su erupción lanza por los aires elementos enterrados durante miles de años, la pelea campo﷓gobierno puso al descubierto confrontaciones, prejuicios y hasta odios latentes en la sociedad. La profesora de Teoría Política en la Facultad de Ciencia Política e investigadora de la Universidad Nacional de Rosario, María de los Angeles Yannuzzi, ubica al gobierno nacional como responsable excluyente porque tiene "un problema en la estrategia de resolución de conflictos. Si pensamos que la estrategia es de confrontación, la vamos a tener". Y criticó a los sectores altos y medios de la sociedad que creen que los pobres quieren serlo por propia voluntad, visión que se combina con "un antiperonismo férreo".

-El conflicto campo-gobierno, que es económico o de disputa de una renta, también puso en la superficie una serie de antinomias sociales que estaban latentes y no se venían manifestado con tanta evidencia.

-El problema es el primer discurso de la Presidenta, que lleva a la fractura. Esto se hace desde el poder, sobre diferencias que están preexistentes. Y esto contrasta con el hecho de que desde el poder, en los últimos años, no se buscó confrontar sino conciliar, superar esas antinomias que a la Argentina no le sirvieron de mucho. Por otro lado, ahora aflora un problema respecto a la distribución de la renta, lo que el Estado recauda y cómo lo distribuye en el resto de la sociedad. Se han mezclado estas cosas y un conflicto de 15 días, donde el gobierno de entrada no atinó a conciliar, y la salida de la Presidenta fue enfrentar a una parte de la sociedad con otra, en una especie de blanco o negro. Mucha gente sostiene que tiene que distinguirse entre los grandes y pequeños productores y está de acuerdo con que haya retenciones y que se haga una distribución de la renta en la sociedad, más allá de que sería interesante que fuera algo transparente, que se vea a qué sectores benefician estas retenciones al campo. Este blanco y negro ha hecho perder los grises que tiene la política, y que suponen los espacios de negociación y conciliación.

-Ese blanco y negro se evidencia en el enfrentamiento entre piqueteros pobres y caceroleros de clase media alta, que en la crisis de 2001 eran aliados en la protesta.

-El posicionamiento no está hecho en torno a valores que separen o junten, sino en si estoy con el gobierno o con la protesta del campo. Esto se hace bastante complejo y en la medida en que se tensa más la cuerda en ese sentido, es más difícil pensar en una negociación.

-En ese alineamiento aparece por un lado el sustento urbano tradicional del peronismo, que es el asalariado urbano, al que se suma como más novedoso actor el piquetero que está fuera del sistema productivo y depende de la ayuda estatal. Por el otro lado, junto al campo están los que, a diferencia de los proletarios, podríamos llamar los propietarios, la clase media estigmatizada como "gorila". ¿Es posible sostener una alianza de clases entre esos sectores?

-Las diferencias de clases existieron y van a existir siempre en toda sociedad. El problema es cómo se articular desde el poder. El peronismo popular, obrero, etc. enfrentó durante mucho tiempo lo que se llamó la oligarquía. Hoy ha cambiado mucho la composición de esa oligarquía, porque si toda la movilización que se produjo a partir del discurso de la Presidenta tenía que ver con los grandes intereses del campo, evidentemente el campo tiene una familia muy numerosa. Y esa idea de que el peronismo representa a la clase obrera, esa columna vertebral que sostiene a todo, también ha cambiado su composición social, justamente por toda la transformación social que ha sufrido la Argentina -no necesariamente para bien- desde hace unos años tenemos un elemento fuerte que no está inserto como obrero, la gente que ha perdido trabajo, incluso con sectores más marginales aun. En segundo lugar, están esas oposiciones que se plantean en el discurso, que aparecen en abstracto porque desconocemos cómo se componen. Desde hace años venimos escuchando noticias de venta y enajenación de tierras rurales, y esa oligarquía de la que se hablaba 50 años atrás, ahora es otra cosa. No tenemos conocimiento, el Estado, la sociedad no tienen conocimiento de cuál es exactamente esa composición social. Tampoco sabemos cómo se compone el arrendamiento, porque el que arrienda no es necesariamente un pequeño propietario.

-De todos modos, piqueteros y chacareros legitimaron la misma modalidad de protesta, el piquete. Quién lo puede cuestionar de aquí en más.

-Esta metodología para manifestar en realidad aflora cuando hay que hacer visible lo que de alguna manera se convirtió en invisible. Si aumentan las retenciones sin previamente consultar a los sectores interesados, sin testear cuál iba a ser su reacción y sin buscar generar algún consenso, obviamente la respuesta del otro lado va a ser violenta, porque responde a una forma de violencia. El modo de plantearlo fue violento. Cortar rutas es una manera de hacerse visible y esto se extrema cuando no se llega a un espacio de negociación y hay desconfianza entre las partes. El Estado y los grupos interesados deben intentar conciliar, y la conciliación no es que uno impone al otro, sino una transformación donde ambas partes algo han cedido para llegar a una solución aceptable. Hay que tener la buena voluntad y el interés de querer negociar, porque si jugamos al todo o nada, es muy difícil que una parte gane el 100 por ciento y, en definitiva la que pierde es toda la sociedad.

-En los cacerolazos se volvió a escuchar una expresión latente en la sociedad que es "negros de mierda", desplegándose la idea de que "ustedes no sirven para nada y nosotros los mantenemos".

-Desafortunadamente esta sociedad tiene rasgos de intolerancia que no ha superado y esto va más allá de la fractura peronismo-antiperonismo. Hubo una transformación negativa que se sufrió con el cierre de puestos de trabajo, de fábricas, etc., donde mucha gente quedó afuera del mercado de trabajo, con bastante trabajo en negro, pero una parte importante fue reacia a reconocer esto. Si millones cayeron por debajo de la línea de pobreza, no es porque fueran vagos, sino porque no tuvieron dadas las condiciones para evitarlo. Sumado a cierto racismo que tiene nuestra sociedad, eso está latente en forma permanente y es muy fuerte. Cuando aparece alguna circunstancia que lo promueve, aflora de inmediato. Uno de los argumentos es que la gente del agro está en contra de las retenciones porque sirven para mantener a estos "vagos". Pero lo cierto es que en los últimos años ha habido una importante reducción en la cantidad de planes de asistencia, que tenían su razón de ser cuando la crisis era profunda. Esos salarios de inclusión social apuntan a evitar el enfrentamiento social y tienen que mantenerse. Muchas veces personas que los rechazan, refieren las dificultades que el hijo o el sobrino tiene para conseguir trabajo. Pero cuando hablan de los sectores que reciben subsidios por desempleo, dicen que la culpa es de ellos mismos y nada más.

-Dicen que los pobres son pobres porque quieren serlo.

-Lo ven como una cuestión voluntaria de querer ser mantenidos por la sociedad. Esta es una visión desafortunadamente cultural que se arrastra en esta sociedad y que aparece en cualquier momento. Y se junta con un antiperonismo férreo.

-Un peronismo visto como representante político de esos pobres, por lo tanto si yo no quiero a los "negros" tampoco voy a querer al peronismo. Por otro lado, el gobierno en principio se mantuvo intransigente a volver atrás con los cambios en las retenciones para no mostrarse débil y evitar, argumentaron, que ante medidas que afecten a otros sectores, siempre tener que ceder a los reclamos.

-Hay un problema en la estrategia de resolución de conflictos. Si pensamos que la estrategia es de confrontación, la vamos a tener. Se reduce a una demostración de fuerza a ver quién llega o puede más. El gobierno tiene elementos que lo hacen poco confiable, como el manejo que ha tenido sobre el Indec, el tema de la inflación donde cualquiera que va a al supermercado no necesita de la encuesta para ver que las cosas aumentan. Estás teniendo alquileres altísimo. Hay muchos salarios que no aumentan o que siguen siendo bajos. Un aumento del boleto para que le mejoren el salario al chofer, lo está pagando una persona que gana muchísimo menos que el chofer. Se ha roto un equilibrio y es probable que todo eso haga eclosión en algún momento. Si el gobierno mantiene una posición de enfrentamiento es probable que todos los sectores piensen que si no hacen algo parecido como lo del campo, no pase nada con sus reclamos. El gobierno tendría que haber descomprimido lo antes posible. No mantenerse en su error que, según dijeron los periodistas, el gobierno lo había visto enseguida, pero no quiso reconocerlo inmediatamente para no mostrarse débil.

-Santa Fe es la principal representante de la producción sojera y por otro lado tiene un gobierno socialista que levanta las banderas de redistribución de la riqueza. ¿En ese contexto cómo analiza la posición que tomó Binner ante el conflicto?

-Binner sentó una posición clara de diálogo. Cuando apareció el conflicto llamó a conciliar y trató de hablar con los sectores. Después dijo que quería participar de la negociación, porque las retenciones no van a la coparticipación, es un tema que hay que definir porque no hay transparencia respecto al destino de los recursos.

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"El planteo del campo fue violento. Cortar rutas es una manera extrema de hacerse visible", dice Yannuzzi.
 
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