PSICOLOGíA › UNA MIRADA SOBRE LA GOBERNABILIDAD DEL PAíS

Sobre el fracaso de la política

 Por Patricia Cuestas *

¿Somos ingobernables? La pregunta implica reflexionar sobre una primera cuestión: hasta el momento no hubo régimen político que haya resuelto el problema de las tensiones sociales y en el cual todos los ciudadanos pudieran encontrarse completamente felices.

Pensar la política es también reflexionar sobre ese fracaso. Y en la medida que nuestro pensamiento político no ponga en juego como punto de partida la insatisfacción propia a toda organización social, nos comportamos como niños con exigencias imposibles de satisfacer.

Pensar en el fracaso de la vida social quiere decir que a partir de tomar consciencia de esto se puedan considerar los intereses de los gobernantes, de los gobernados, no como contradictorios sino como asociados, aunque su retribución sea desigual.

Una sociedad que pudiera tomar en cuenta esto, que los intereses de unos y otros no siempre son contradictorios, se convertiría en una sociedad gobernable.

Pero también debemos reflexionar otra cosa, que nuestra vida social obedece, lo sepamos o no, a una estructura inconsciente, es decir que nuestra vida en sociedad está regulada por un pacto simbólico y no por el derecho. Un ejemplo de esto es el del matrimonio. Los esposos solamente consultan el código civil cuando empiezan a llevarse mal, no lo consultan ni bien se casan, porque hay un pacto que los une.

Además, el pacto simbólico que gobierna nuestros actos, aunque no lo percibamos, que me une a mi semejante, es testimonio de una confianza. Pero, si deposito mi confianza en alguien, es porque sé inconscientemente que puede engañarme, pero apuesto a que no lo hará. Es una apuesta. Este es el núcleo fundamental del pacto simbólico.

El problema de la gobernabilidad gira alrededor de la pregunta: ¿El pacto, en esa comunidad será o no será respetado?

Cada país tiene una historia diferente. América Latina fue marcada por el colonialismo, que constituyó una ruptura del pacto simbólico, es decir del reconocimiento y del respeto del otro como un semejante, aunque no tenga la misma cultura.

El colonialismo, en la Argentina, introdujo una situación de la cual es muy difícil salir, como si hubiera por un lado que mostrar esa reunión imposible haciendo prevalecer los intereses particulares sobre el interés general y por otro el rechazo a reconocer los esfuerzos de los políticos (no todos) que trabajan por el interés de la Nación, aún al precio de medidas impopulares.

De ahí proviene uno de los problemas de la ingobernabilidad.

* Analista Miembro de la Asociación Lacaniana Internacional. Mail: [email protected]

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