PSICOLOGíA › COMIENZA EL CICLO DE CINE DEBATE EN EL COLEGIO DE PSICóLOGOS

Seis películas, seis miradas

El argumento es que existe la posibilidad de que un film pueda ser analizado más allá de la imagen, tratando de ver algo más, guiados por la curiosidad de cada uno. Lo bueno de esto es que el darle lugar al enigma, el equívoco.

 Por María del Carmen Arias *

En 1895, Freud escribe en Viena Estudios sobre la histeria y ese mismo año Lumière en París estrena lo que sería la primera proyección de su película La llegada del tren a la estación de la ciudad. Desde entonces ambas disciplinas a través de su evolución han llegado a ser populares y comparten un interés por la historia, la ficción, la imagen, ya sea fantasmática o real. Existe la posibilidad de que un film pueda ser analizado más allá de la imagen, tratando de ver algo más, guiados por la curiosidad de cada uno. Lo bueno de esto es que el darle lugar al enigma, el equívoco, el detalle, el vacío que evoca toda manifestación artística demuestra que en cualquier producción humana no se lee una verdad única, si no que surge para cada uno la oportunidad de descifrar su entramado.

Este interés por interpretar, por descifrar, permite hacer lazos con otros entre los cuales podemos incluir al director, el autor, un personaje, como así también aquellos con quienes luego de ver una película tenemos la oportunidad de comentarla. Es en este sentido, que la experiencia del cine debate, resulta entre otras cosas un buen remedio contra la soledad y el autismo contemporáneo.

Freud advertía a los analistas que era necesaria una buena orientación en otras disciplinas dentro del arte, pues si no se corría el riesgo de quedar inerme y sin recursos frente a gran parte de su material.

Por su parte Jacques Lacan también se sirvió de otras disciplinas e incluso del cine en el desarrollo de su enseñanza. Resulta conocido el interés de Lacan por la película Él de Luis Buñuel, que llevó a que recomendara verla, llegando incluso a proyectarla entre sus alumnos. Muchos se preguntaban si el psicoanálisis aplicado al cine era posible, mientras que otros tomaban una posición crítica al respecto. En realidad, no se trata de "psicoanalizar a nadie" ya que sería imposible instalar el dispositivo analítico, que alguien ocupe el lugar de analizante ubicando a otro como analista a partir de una situación transferencial. Más bien de lo que se trata es de trasladar lo que muestra el film al campo del psicoanálisis y viceversa para que ambos discursos se interrelacionen y se enriquezcan.

Algunas de las problemáticas de nuestro tiempo, como la decadencia del amor, del matrimonio, de la familia tradicional, el aumento de la violencia, la falta de límite entre público y privado, el incremento de un goce autista y solitario nos interrogan acerca del estatuto actual del sujeto. Los semblantes van sufriendo modificaciones en las distintas épocas y esto deja huellas en la subjetividad. El goce surge casi como un imperativo. El cine se encarga de reflejar estos cambios a partir de la trama de los relatos, la caracterización de los personajes, la forma en que se plantean los vínculos interpersonales. El recurso a las novedades de la técnica junto a una nueva concepción de la estética ha acelerado esta transformación. Sin embargo, podemos encontrar al menos dos posibilidades dentro del cine. Un cine repleto de cosas mecánicas, estereotipadas, una mera repetición de imágenes sin ningún espíritu crítico que estaría en consonancia con el carácter desolado o desencantado del mundo moderno. Un cine adormecedor, repleto de sentido, donde no hay lugar para el vacío, la sorpresa, el enigma.

La otra posibilidad es luchar contra esto, proponiendo una imagen del mundo totalmente nueva, que quiebre con las repeticiones, es decir introducir la posibilidad de una ruptura. Que nos lleve a querer compartir con otros sus efectos, que nos despierte, que nos deje pensando, que intente ir más allá del velo.

El ciclo "Seis películas, seis miradas" que organiza el Colegio de Psicólogos seguramente va a dar da lugar a la puesta en juego de múltiples puntos de vista: de cada director, personaje, espectador, de quien realice un comentario. En esta oportunidad, he sido invitada a participar, elegí el film italiano Libero ya que nos muestra de manera ejemplar como ve la realidad un niño de 11 años. Se enfatiza el lugar de la mirada ya que el personaje infantil aparece casi como espectador ante la realidad en la que vive, la cual desborda su capacidad motriz, ya que más que reaccionar, registra. Más que comprometerse en una acción se abandona a una visión, pero acaso ¿podemos contentarnos con decir que esto es un fenómeno que sufren los niños hoy en día?

La subjetividad de este niño resulta por momentos sorprendente en la manera que puede mantener su punto de vista frente a una realidad por momentos caótica que vive junto a una familia muy particular.

* Psicoanalista. Miembro EOL Rosario. Miembro AMP.

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Se proyectará el film italiano Libero que muestra como ve la realidad un niño de 11 año
 
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