OPINIóN › 7 DíAS EN LA CIUDAD

El verano tranquilo del socialismo

Las pocas cosas que había que acomodar después del contundente triunfo
del 23 de octubre, se hicieron rápido y sin problemas. Los socialistas
designaron a sus hombres para los principales cargos del Concejo Municipal
y esperan poder atravesar un verano sin mayores sobresaltos. Zamarini y
Ghirardi los hombres clave desde el 10 de diciembre en el Palacio Vasallo.

 Por Leo Ricciardino

Pasada la euforia de los resultados del 23 de octubre, el socialismo en Rosario eligió dirimir rápidamente los asuntos internos pendientes y pasar un verano tranquilo. Así, en un breve debate interno -y sin consecuencias- se decidió que por experiencia y antigüedad Miguel Zamarini era el hombre adecuado para presidir el Concejo Municipal a partir del 10 de diciembre. Mientras que el emergente Horacio Ghirardi (muchos pensaban que su enorme cantidad de votos le alcanzaría para ocupar el sillón principal del Palacio Vasallo), aceptó que la jefatura del que será el bloque mayoritario en el cuerpo legislativo, era un puesto acorde a su debut como candidato que ha rendido con creces el examen de las urnas.

Si las decisiones se hubieran tomado a la inversa sí se habrían visto las consecuencias. Zamarini ha esperado y trabajado mucho tiempo dentro del socialismo para llegar a ese lugar. No pocos son los que recuerdan su mejor momento político que, paradójicamente, se dió en el peor momento de la ciudad y el país: Diciembre de 2001, con las calles atestadas y la policía descontrolada y a los tiros tratando de frenar a la muchedumbre. En medio de ese clima enrarecido y furioso Zamarini ocupaba la secretaría de Promoción Social, desde la cual con la red que se había armado durante mucho tiempo, se pudo contener el desborde que pudo haber sido mayor. El funcionario puso el cuerpo y los recursos de su área en los lugares más calientes de esta ciudad.

Por su parte, Ghirardi es joven pero se ha formado dentro de los límites explícitos del socialismo rosarino. Por lo tanto, sabe que la mesura es vital para la acumulación política interna y externa que forman parte de un proceso largo y sinuoso, como si se tratara de algún deporte extremo en lo que lo importante es permanecer arriba de la tabla, sorteando las peores olas, las pendientes más inclinadas. Por eso se apuró a "bajarse" del podio para el 2007, después de que Miguel Lifschitz dijera públicamente en no menos de tres oportunidades después del 23 de octubre, que no se imaginaba cuatro años más al frente de la Municipalidad. Para Ghirardi será "la gente" la que pedirá que Lifschitz permanezca en su puesto y persiga su reelección dentro de dos años. El actual intendente incluso había avanzado en la idea de posibles sucesores, "hay muchos hombres de nuestro partido que pueden ser", mencionó. Pero todos pensaban en el reciente ganador de las urnas.

De todas maneras, fue el panorama provincial el que empezó a despejar dudas. Binner fue una aplanadora en las mesas electorales de todo el territorio y quedó ratificado como el candidato más firme para la Gobernación en 2007. Ese al que según Jorge Obeid, sólo podría ganarle Carlos Reutemann. Una afirmación de la que a esta altura, ni siquiera el propio senador nacional está tan seguro.

¿Qué podría ganar el socialismo llevando a Lifschitz en una lista de diputados provinciales o a un lugar clave en el futuro gabinete de Binner si gana las elecciones?. ¿Qué sentido tendría arriesgar Rosario cuando ya hay un hombre consolidado?. Sin embargo, si bien Lifschitz aceptará -como todo hombre político dentro de un proyecto-, el papel que le toque jugar, lo que dijo sobre su continuidad como intendente no es una especulación. Forma parte más bien de una convicción personal que es la siguiente: Después de cuatro buenos años de gestión es muy difícil repetir con el mismo nivel. La gente espera constantemente cosas nuevas y el encargado de proponerlas ya no tiene ni la motivación ni tantas posibiliadades de superarse a sí mismo. Es como si el factor sorpresa se acabara, pero claro, estos razonamientos poco tienen que ver con las conveniencias políticas que marcan que, por lo menos al principio, el electorado evaluará la continuidad de un rumbo que considera acertado y beneficioso.

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