OPINIóN

Cómo enterrar autos para que no se vean

 Por Pablo Bertinat y Juan Salerno*

"No se pueden identificar las condiciones para una circulación óptima sin decidir de antemano que la circulación en cuestión debe ser la locomoción de las personas y no la de los vehículos".

Iván Illich, Energía y Equidad, 1971

Nuevamente nos han sorprendido, aunque ya debemos ir acostumbrándonos y adoptar métodos de lectura veloz que nos permitan tratar de analizar las propuestas del ejecutivo municipal. Hace sólo una semana se presentó públicamente el estudio de prefactibilidad ambiental de los proyectos de cocheras subterráneas bajo la plaza San Martín y pretende ser ya debatido urgentemente en el Concejo Municipal. No sería de hacer notar si no fuese una mecánica acostumbrada la de presentar con un breve tiempo y argumentar urgencias. Ha ocurrido con el pliego de Higiene Urbana y Gestión de Residuos y con la firma del nuevo contrato de disposición final de residuos en el relleno sanitario de Ricardone, entre otros.

No resulta indiferente para el funcionamiento democrático la manera en que se llevan adelante los procesos. Para los archivos posiblemente quedará que el ejecutivo elevó el estudio y que se debatió en el Concejo. Sin embargo en realidad sólo se han cumplido los trámites formales de una democracia que se precariza con estos procedimientos al imposibilitar el debate y la participación necesaria en particular frente a grandes transformaciones urbanas como la planteada.

El estudio en cuestión, en principio, aparece como necesario pero no suficiente. En el mismo se aclara ﷓-en su página 5 y subsiguientes-﷓ que de los informes disponibles, provistos por las Secretarías de Servicios Públicos y Medio Ambiente, Planeamiento, Hacienda y Economía y el Ente del Transporte Rosario y sus respectivas Direcciones implicadas, debe considerarse que la información relevada no incluye estudios técnicos de suelo ni capa freática, interferencia con infraestructura subterránea existente, veredas, programa de retiro del material extraído, en el movimiento de suelos, ingreso y egreso de maquinarias, afectación del tránsito y la circulación durante la construcción (entre 18 y 24 meses según la propuesta), estudios de ruido, vibraciones, calidad del aire, purificación de aire y renovación en las cocheras, tratamientos cloacales y pluviales, y varios etcéteras.

En las recomendaciones de página 29, el mismo estudio detalla que el pliego licitatorio deberá incluir todos los estudios indicados como faltantes, pero no obstante ello, en sus conclusiones señala que la prefactibilidad resulta no negativa para ninguna de los dos propuestas presentadas.

Creemos poco serio hacer el recuento de una cantidad de factores que no fueron evaluados y aún así, frente a ello, no plantear al menos el principio precautorio que garantice, antes de avanzar, al menos el análisis completo de las diferentes variables. Parece ser éste el caso de un estudio forzado a medida de las necesidades y el apuro del ejecutivo, en este caso, y lamentamos que una universidad se preste a ello.

El estudio se limita simplemente a comparar dos propuestas similares, con pequeñas diferencias e incluso recomienda una de ellas, pero no tiene en cuenta lo principal: el hecho de que la construcción de enormes cocheras en el área vecina al microcentro no disuadirá, todo lo contrario, sólo puede alentar el ingreso de vehículos a la zona.

Por ello creemos que es necesaria una discusión mucho mayor, democrática y abarcativa, que reflexione sobre la idea de que es altamente posible que con la medida en cuestión se altere significativamente un espacio público de valor histórico, y de que para hacerlo, todos deberíamos estar de acuerdo, ya que se trata de lograr un beneficio común.

La cuestión de fondo sigue sin discutirse. El modelo de transporte imperante en la ciudad no se modificará escondiendo los autos por un rato. Siguen sin plantearse alternativas superadores frente a la lógica imperante. Nos quieren hacer creer que son las cocheras subterráneas o el caos. Se plantea una inversión de sesenta millones de pesos y no se presenta ninguna alternativa de cómo podría usarse ese dinero sin fortalecer la lógica del automóvil individual. Lógica que apunta a potenciar un negocio de posibles inversores en las llamadas iniciativas público﷓privadas que terminan entregando el espacio público a sectores que lucran en este caso con el caos vehicular de la ciudad. ¿Que pasaría si los dineros que serían invertidos por privados en estas lógicas se pusieran al servicio de otro sistema, por ejemplo el mejoramiento del transporte publico en la ciudad?

Es necesario y posible pensar y avanzar en alternativas reales al transporte individual. No podemos conformarnos con abordar medidas que sólo caben en la ambigua clasificación de no negativas.

*Integrantes del Taller Ecologista.

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