OPINIóN

Un día de lucha que se banaliza en tergiversaciones ¿inocentes?

 Por Silvia Lilian Ferro*

Resulta llamativo que tras muchos esfuerzos en debatir colectivamente y desnaturalizar la desigualdad de varones y mujeres en los diferentes campos de la actividad de nuestras sociedades; desde instituciones y organizaciones se banalice el significado de la fecha 8 de marzo desarrollando eventos de entretenimiento. El ejemplo que motiva esta reflexión es que el 8 de marzo es el "Día internacional de conmemoración de los derechos de las mujeres trabajadoras" y es notable cómo se ha distorsionado hasta devenir en una fecha celebratoria de la femineidad en el mejor de los casos o se haya convertido así en una estrategia de marketing para provocar mayores niveles de venta de electrodomésticos y perfumes entre otros productos asociados a los estereotipos de la femineidad. Se sabe que los estereotipos de género son muy usados en el mundo publicitario con el eficaz fin de incrementar ventas de productos contingentes y poco vinculados a necesidades directas de consumo.

En el mundo empresarial, la responsabilidad que les compete en la reproducción de las desigualdades de toda índole y entre ellas las inequidades de género, no es lo usual de reconocer, aunque comienzan a plantearse en el debate colectivo de forma muy incipiente. Pero lo que llama enormemente la atención es que en algunas instituciones estatales y organizaciones sociales se frivolice igualmente la conmemoración del 8 de marzo que recuerda los hechos que sucedieron en esa fecha en el año 1908, donde murieron calcinadas 146 trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York en un incendio provocado ante la negativa de abandonar el encierro en el que protestaban por los bajos salarios y las infames condiciones de trabajo que padecían junto a niños y niñas igualmente explotados.

También marzo es una etapa conmemorativa muy cara a los sectores sindicales ya que las trabajadoras remuneradas europeas pobres y sus delegadas habrían protagonizado importantes manifestaciones colectivas tanto en defensa de las reivindicaciones obreras de varones y mujeres como reclamando a los varones sindicalistas el reconocimiento de su legitimidad como delegadas obreras en sus organizaciones.

Por todo ello, la ONU instituyó el 8 de marzo como día internacional de la mujer trabajadora para que en ocasión de su conmemoración se repasen los indicadores de desigualdades en el mundo laboral y en el conjunto social. Cada ámbito que lo conmemora se compromete así a sumar su aporte a la erradicación de las desigualdades entre varones y mujeres en su propia organización interna, así como promover la participación de sus integrantes en estrategias que permitan superar las inequidades subsistentes en el conjunto social.

Al respecto el Ministerio de Trabajo de la Nación publica informes periódicos y regulares por ejemplo en: http://www.trabajo.gov.ar/downloads/newsletter/ctio/2010_06junio/201006_3.asp actualizando estadísticas y estudios que reflejan la feminización del trabajo informal en Argentina y las dificultades diferenciales que la exclusividad de la responsabilidad de la crianza plantea a las trabajadoras de sectores más vulnerables del país, los escandalosos índices de empleo informal y precarizado en ámbitos de fuerza laboral muy feminizado como por ejemplo el del trabajo doméstico remunerado, las brechas de ingresos entre varones y mujeres de igual tarea y calificación, los techos de cristal en las organizaciones incluso en aquellas con mayoría de trabajadoras, éstas se amontonan en los estamentos basales y a medida que se asciende en la pirámide jerárquica, ellas decrecen en directa proporción inversa a su mayoría como fuerza laboral de determinadas organizaciones tanto del ámbito de la institucionalidad publica (administración, sindicatos, universidades, etc) y especialmente en la actividad económica privada. Y sobre todo a la falta de conciencia de la necesidad de co﷓responsabilidad del trabajo reproductivo y doméstico entre varones y mujeres, cuyas asimetrías en asignación de tiempos y energías y en las enormes dificultades para conciliar el mundo laboral remunerado y el mundo de los cuidados familiares que recaen en su mayor parte en las trabajadoras y obran como justificación del sostenimiento de segregaciones verticales y horizontales en el mundo del empleo.

Estos son algunos de los temas por los que se instituyó el 8 de marzo como jornada de reflexión, concientización, pedagogía social y colectiva acerca de los costos que pagamos sin saberlo en el terreno de las condiciones de vida de varones y mujeres de todos los sectores al sostener estas desigualdades.

Resulta lamentable que muchas veces por desconocimiento y otras por interesada frivolización, la fecha sea una ocasión de repartir flores, tarjetitas con frases de celebración de la capacidad reproductiva y de cuidados adscriptas a las mujeres, lugares comunes de una identidad femenina idealizada, que no responde a la multiplicidad de modos y restricciones que inciden en los comportamientos y expectativas de las mujeres de distintos sectores sociales de la Argentina. Pero esta tergiversación despectiva de la fecha donde se hacen eventos de mero entretenimiento se hace más gravosa cuando ocurre en eventos organizados por áreas estatales y grandes organizaciones de la sociedad civil.

*Especialista en género y políticas públicas, PRIGEPP-FLACSO. Licenciada en Historia.

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