OPINIóN › 7 DÍAS EN LA CIUDAD

Más chapas y más choferes

El camino hacia la incorporación de 500 nuevos taxis al sistema parece tan inexorable como imprescinbible para mejorar el servicio, pero abre algunos interrogantes. Por ejemplo, la disputa que se abrirá alrededor de la contratación de los peones más calificados para conducir los taxis.

 Por Leo Ricciardino

El intendente Miguel Lifschitz insistirá hoy, en un encuentro con los taxistas, en su decisión de incorporar 500 chapas más para el servicio cuya prestación sigue generando airados reclamos de parte de los usuarios y un costo político que el intendente no está dispuesto a pagar.

Ningún sector, a excepción de los propios taxistas (y en realidad no todos), reprocharían al jefe comunal la puesta en marcha de esta decisión política, más allá de los estudios técnicos que pretenden los propietarios y peones a taxis. La ciudad en su conjunto siente que este es un sector con demasiados privilegios, y ya ni escucha sus demandas relacionadas con la rentabilidad y, ni siquiera, los lamentos por la falta de seguridad que en rigor sufren todos los ciudadanos.

La percepción de que muchos prestadores se han olvidado de que tienen entre manos un servicio público, se ha hecho tan ostensible que ya nadie la puede disimular. La vergonzosa ausencia de taxímetros durante los horarios nocturnos y fines de semana, marcan claramente una ecuación económica favorable a los prestadores que -rondando menos tiempo- pueden sostener su negocio debilitando dramáticamente la calidad en la prestación.

Ahora bien, la cantidad de taxis no es la única discusión en esta materia. Lo que Lifschitz quiere con las 500 chapas es mucho más profundo: modificar para siempre esta idea de perpetuidad de las licencias que se transforman en un bien heredable y, por lo tanto, transferible y comerciable a precios exhorbitantes, rozando la actividad delictual. Las nuevas "chapas" serían licitadas y con un vencimiento a los 10 años, luego de ese tiempo volverían al municipio para ser licitadas nuevamente. Una condición sumamente lógica para un servicio público, ya que no hay otra prestación de un privado al municipio que sea para siempre.

Con todo, la decisión no está exenta de dificultades. Incluso más allá de la resistencia que puedan oponer patrones y choferes paralizando a la ciudad, ya que en este caso extremo el Ejecutivo tiene recursos legales para obligar a la prestación de este servicio esencial.

Uno de esos inconvenientes son los choferes. Para 500 nuevas licencias se necesitarán por lo menos mil. Es cierto que existe mucha demanda de trabajo, pero un chofer de taxi no se hace de la noche a la mañana. Es más -y aquí va otro dato para el asombro-, un sola compañía de seguros es la que cubre a la totalidad de los taxis de Rosario. Y no se trata precisamente de una empresa de primera línea. Esta compañía tiene identificados a los choferes de alta siniestralidad los que su vez tienen dificultades para obtener contratos, con lo cual conseguir un buen chofer, hoy por hoy, no será tarea fácil. Una cosa es manejar de casa al trabajo y del trabajo a casa todos los días, y otra muy distinta es recorrer entre 100 y 150 kilómetros diarios por la ciudad con la responsablidad de transportar a un pasajero. La permanencia en las calles y la fatiga laboral, incrementan el riesgo de siniestros y es por eso que una sola compañía acepta correr con semejante cobertura.

En este punto, los titulares de licencias de taxis temen a la siguiente situación: Que la competencia por esa masa laboral calificada pueda disparar una demanda que eleve los salarios del sector más allá de lo pactado actualmente. Si unos con otros comienzan a quitarse los choferes, eso sucederá inexorablemente.

Pero la decisión parece estar tomada. Principalmente porque contará con el respaldo de la gente, más allá de las premoniciones y malos augurios que los taxistas se encargan de lanzar sobre la misma. Ellos también han contribuido a esta coyuntura, rechazando todas y cada una de las propuestas que partieron del municipio para mejorar el servicio. No a los cronogramas que fueron llevados a la justicia que falló a favor del sector; no a la radiollamada obligatoria, no al control satelital, no al botón de pánico, no al blindex de seguridad entre el conductor y el pasajero. Son muchos "no" para una historia conflictiva a la que concejales e intendente intentarán ponerle un final. A menos que, en muy poco tiempo, patrones y choferes sean capaces de demostrar que esas nuevas chapas no son necesarias, algo que parece realmente improbable.

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