OPINION

Adiós al padre Arroyo

 Por Gabriel Andrade

"Se es persona en el complemento que tenemos del otro. Y se es fiel al pensamiento que se dice, o se traiciona al mismo. Es una dinámica interior que llega a conmover al poder. Por eso no hay que temerle a la coherencia hasta el grado de violencia. La cuestión es hacia dónde se canaliza". Padre Juan Carlos Arroyo.

La voz del profeta de ojos claros se escuchó sabia y militante hasta el domingo anterior al pasado sábado 2 de junio, en donde el sacerdote de la buena nueva de Jesucristo -juntando sus más de ochenta años y su pasión evangélica- partió hacia una tierra prometida de justicia eterna.

Alma mater y asesor diocesano de la Juventud Obrera Católica en la década del 60; cura obrero encarnado en la historia trabajadora del cordón industrial del Gran Rosario; vanguardista de las sotanas que encabezaron el "rosariazo" contra Onganía; sacerdote disidente durante la crisis del obispado rosarino de Monseñor Bolatti del 69 junto a otros 27 curas; preso en 1972 junto a Santiago Mac Güire, Néstor García y Jorge Ferrari -todos sacerdotes disidentes-; perseguido y exiliado por la dictadura de 1976 y finalmente militante popular ecuménico a partir de los 80: Juan Carlos Arroyo fue verbo, anunciando con su testimonio existencial "la concreción de la fe en el compromiso de vida". Compañero de estudiantes y delegados de fábricas hacía efectiva la "opción por los pobres" de los documentos de la IIº Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín del 68, encarnando su ministerio de servicio en lo profundo de su pueblo, afirmando en comunión con el Concilio Vaticano II que: "la verdad no se puede encerrar; la semilla para ser fecundada se debe desgarrar (...) el Espíritu sopla más allá de la estructura de la Iglesia".

Curiosa metáfora que a sólo dos días de su partida, el Documento Final de la V Conferencia Episcopal de América Latina y el Caribe hablara que "sin eucaristía no hay Iglesia, y sin Iglesia no hay espiritualidad", como si la eucaristía y no el bautismo fuera un criterio de pertenencia a la comunidad eclesial, contradiciendo a la tradición cristiana, a los padres de la Iglesia y a la Biblia en la frase del Evangelio de Juan 3: "el espíritu sopla donde quiere".

La misma conferencia que señala "la importancia de la misa dominical", aunque omite la referencia paulina (1 Cor 11) que cuando hay discriminación de los pobres por los ricos, esa "ya no es la cena del Señor". Así parece que personas que explotan a los pobres, los que provocan que "los ricos sean cada vez más ricos a causa de pobres cada vez más pobres" (Juan Pablo II), los desocupadores, desabastecedores, explotadores, sí pueden comulgar. Sólo los divorciados están impedidos de hacerlo. Están casi todos ellos de acuerdo en afirmar que estamos en un cambio de época, pero la jerarquía no parece preparada para cambiar lo secundario para mantener lo fundamental (¿vinos nuevos en odres viejos?).

Conferencia cuya comisión de redacción y traducción estuvo a cargo de los "sodalicios" de la agencia ACI Prensa, tributaria de los ultraconservadores cardenales vaticanos y por cuyas mediaciones se han quejado de múltiples "desapariciones" de lo acordado y redactado en varias comisiones con respecto a lo que después les llegaría impreso en el documento final. Sacar textos, borrarlos, presionar y manipular resulta antievangélico. Así se agregaron párrafos enteros como "corrección de modo" y se sacaron cuestiones fundamentales: las Comunidades de Base se diluyeron; la Lectura Popular de la Biblia quedó limitada y desvirtuaron la "opción por los pobres" ﷓parte constitutiva del ser Iglesia; por lo que no se puede "no optar" por los pobres y ser "cristianos"﷓ al anexarle en un mismo nivel opciones pastorales optativas. Aparecida, en la palabra y la práctica de algunos de sus miembros, se perfila quedar algo lejos de aquellos testimonios de vida como el del Padre Juan Carlos Arroyo, encarnado en los sufrimientos y esperanzas de los injusticiados de la historia.

"Por sus frutos los conoceréis", dijo hace unos dos mil años acerca de los verdaderos o falsos profetas un nazareno al que llamaban maestro. Es difícil pensar que haya sido una metáfora.

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