LECTURAS

Medio metro cuadrado de coexistencia

 Por Irina Garbatzky

Sábado, 25 de Diciembre de 2004

Haifa.

La ciudad de la furia.

Mi padre hace crucigramas, mi hermana mira ballet, mi abuela cose el ruedo de un pantalón. Afuera llueve.

Probablemente la capacidad de reconocimiento de un espacio procede del olfato. Cada vez este lugar se me hace más familiar. La mañana que me desperté en Jerusalem tuve lo que comúnmente se llama deja vu: reconozco este espacio. Es el olor de los árboles.

Contrariamente a lo que se supone, aquí hay árboles. Hay piedras. Papá trabaja en un lugar que hubiera sido filmado en una película hecha para el cable: Un bar que parece sacado de Brooklyn, a la italiana, con manteles de cuadritos en las mesas, donde las mozas acomodan las sillas arriba al momento de cerrar. La víspera de Navidad fuimos a buscarlo, mi hermana, su novio y yo, bajo la llovizna, al restaurant. La cocinera, una rusa recién llegada al país, de brazos gordos y venas azules me sonrió, con un acento. Su muela de plata brillaba. "No sabés lo que te quiere tu padre".

"Yo estuve seis meses en Argentina", me dice el muchacho de la caja y me ofrece, "como mínimo", un café. Pero yo sólo quiero agua mineral.

Las historias que se han contado de la inmigración son tantas. Los hombres con los brazos marcados, después o antes del genocidio. Los latinoamericanos en París, los marroquíes en España. La fenomenología del desastre indicaría que las épocas de éxodos nunca cesaron. Para mis padres argentinos, en los últimos años, la tierra prometida o la europea, les pareció el centro de un augurio vedado.

El aeropuerto Ben Gurión está remodelado. Una extensión de mármol blanco larguísima, una cinta eléctrica que recorre una punta a otra del lugar. En un lugar así podría darme un ataque de pánico, pienso cuando bajo a buscar las valijas. La pared es un amplio vidrio de color.

Dos minutos después de tres años, las personas que se quieren no saben qué decirse. Es normal.

-Te trajimos un teléfono.

Y me alcanzan una cosa mínima. Liviana. Una respectiva bolsita con un cargador y un enchufe. Mi padre me explica cómo se usa. Quizás por mi aversión a la tecnología, nunca se me ocurriría ser partidaria del celular.

Domingo, 26.

Nunca había estado sola en la habitación de un hotel, y mucho menos había estado triste en Yafo. La ciudad antigua de la época bíblica, su corredor.

-Tenés veinticinco años, lo que no aceptes ahora, no lo vas a aceptar. Hoy bajé la montaña, llegué hasta el mar. Allí, arriba, hay un templo que veneran las tres religiones monoteístas. Un hombre designado por el Todopoderoso se sentó en el monte Carmelo y enfrentó al Rey. Así solía ocurrir en los tiempos de las profecías.

Eliahu dijo a los pueblos que adoraban dioses de lata y madera. Dijo. ¿Hasta cuándo andarán al shnei a seiphim?

En arameo antiguo la imagen es doble e intraducible. Remite a la postura que hacemos cuando estamos con una pierna en un lugar y otra pierna en otro lugar. Decídanse, les dijo.

La sagrada escritura dice que el pueblo no emitió una sola palabra.

Yo miro el mar, bajo hacia él. Si están con Dios vayan con él, dijo Eliahu, y si están con los dioses, vayan con ellos. Eliahu hizo milagros de magia. Luego subió al cielo en una carroza. Habrá que dejarle una copa porque tal vez una noche venga a beber, como lo hacen siempre los fantasmas.

Bajo o sobre el mar, miro. ¿De quién es esta sombra? Vengo a buscar lo que siempre perdí. Papá me vio en el aeropuerto, lloraba, ya una mujer, decía. Puf, hacemos reconstrucciones.

Es hora de escribir un manual sobre cómo andar cuando no hay esfera de repetición, o cuando toda esfera de repetición es intuitiva.

Dicen que hay una instancia en la que la memoria se vuelve mentira. Los protagonistas de la historia reinciden en círculos laterales: okey, eso que se ve allí es el fin de la bahía. Detrás se ve una ciudad de la época de Bizancio.

28 de Diciembre

Hoy. Quince grados en un invierno primaveral. Puesta del sol: 16 horas sobre las aguas, jugo de frutilla-banana y hielo.

Meto los dedos de los pies al lado mío los cuervos vienen y se llevan un pedazo de carne de sobra. si te das vuelta hay dos al lado tuyo y te cuentan como si fuera novedoso: Poe usó la palabra 'nevermore' por su sonoridad.

-Antes de que te vayas voy a pedirte que eches un ojo en el pozo

-¿Querés que lo mire? -y me levanto para ver un agujero en la arena. El que me habla tendrá seis años y lo hace en un idioma que acá traduzco.

Me hice amiguitos en la playa.

-Sí, no vaya a ser que alguien lo pise

Y se va al mar.

Más tarde. "Mi pobre angelito" por vez número mil y películas de 1980.

Viernes, 29 de Diciembre, 2004

Kav Hatefer es el nombre de un museo, insolente: No es estatal, no es nacionalista. Los organizadores son artistas de diferentes lugares del mundo. El lugar es "todo" audiovisual. Llegué y me rodearon tres paredes que pasaban videos editados especialmente para romperte la cabeza. La imagen: real. Acá la violencia no es un efecto de estética.

Tiemblo entre el rencor y la felicidad. Ahora siento que debería tomarme el primer vuelo de regreso. Hace una hora estaba en la playa mirando cómo un hombre le tiraba una botella de plástico a su perro, hacia las olas. El animal se internaba en el agua y la traía de vuelta. A primera vista, me parecía cruel. Después miré cómo el perro movía la cola. El perro claro, el hombre con mallas cortas, el cielo gris. Atrás, un carajo. Debería comprarme anteojos de sol.

1 de Enero de 2005

Anoche treinta y uno de Diciembre. Subimos a la montaña y miramos las luces de toda la ciudad. El aire estaba cálido y los autos se agolpaban con una música del infierno. Lo más hermoso fue el sonido de las sirenas de los barcos que venían de la playa.

Un beso eterno se daban dos freakim a mis espaldas. Extrañé tanto a Fran. Los fuegos artificiales se disparaban desde el valle árabe, pero lo cierto es que toda la ciudad festejaba y miraba el cielo o miraba a los otros y se deseaba buenas cosas. Mis tres deseos los pedí frente a una piedra de debajo de la ciudad, de unos dos mil años. Pedí ser tan firme como ella.

No puedo decir que estoy mal. El estar en una ciudad con mar me hace saber que voy a llevarme las 4 novelas que traje y voy a leer "el cómo lo hicieron otros". Sonrío. El agua aquí es de un color claro y la playa esta llena de niños.

Los niños son pura maldad de los padres, pura vacuidad. Tendría niños como mascotas. Sería madre para poder ser feliz hasta que ellos cumplan siete y aprendan del poder y la competencia.

Antes del primero de Enero. He hablado con papá. Me di el gusto de decirle: por qué esto y por qué aquello. Me di el gusto: "vos eras el que tenías un conflicto y lo pusiste en una nenita de nueve". Me di el gusto de decirlo por vez número mil, pero por primera vez, a él. Y me di el gusto de que mi padre, sinceramente, me mire y me responda: "tenés razón y no tengo ni una respuesta".

El terreno de frontera. Coexistencia puesto arriba como un todo al cual aspirar, -como una línea blanca de paracetamol picado y frío sobre un papel de arroz. Cero coma cinco centímetros cuadrados de coexistencia.

7 de enero de 2005

Wadi Nisnas con papá. El mercado árabe. Las calles están llenas de puestos de artistas israelíes, judíos, musulmanes, cristianos, árabes. Me llaman la atención las bombitas de colores. "Este es un lugar alegre. Estos barrios son alegres".

La maravilla de estos paisajes me abruma por tanta desesperación.

Cuatro capítulos de "Friends". Sushi desvirgada. Decir viernes acá es como pensar en un sábado a la mañana de allá. Hay un ruso que toca canciones de jazz en la entrada del caspomat. Una mujer baila y le tira monedas. Yo pienso que ella se piensa en Manhattan.

Hoy hizo un frío de la madre. Empecé a viajar sola a pesar de la lluvia. Todo viaje es un ensayo, me parece.

"A nadie le importa una mierda de tus vacaciones, creo que seguís preocupada por tener qué contar". Puf. Siempre estoy preocupada por tener qué contar.

14 de Enero

Un póster de las olas. Lo tengo en mi cuaderno. La sensación de estar mirando tu vida como una peli europea, en donde no hay diálogos, ni música de fondo.

Tener una rutina diaria, hacerla, verla morir. Creer en la rutina que se hace todos los días, creer que puedo escribir todos los días, o tomar este diario para escribir todos los días.

Tener la rutina de ir al mar, todos los días, mover el cuerpo, saber que las cáscaras de caracol son huesos. El tut-banana esta cuatro shekels en la playa, en oferta.

Terminar el libro que estoy leyendo, con una mueca de asco.

Anoche, madre. Es extraño eso. "Una vez te llenaste de hipoglós todo el cuerpo y te sentaste en la bañadera, nada más que porque estabas celosa de tu hermana. Otra vez también estabas en la bañadera y Maia era bebé y la agarraste y casi la ahogás. Otra vez te contaron en la escuela un cuento de terror y te lo creíste tanto que te bajó la presión y te desmayaste".

Y en mi mente no hay nada.

Copio:

Haifa, mar. La gente se acerca a mirar las olas.

(igual que al pensamiento de los otros, o de los tiempos)

16 de Enero

Fuerte necesidad de desligarme, ¿de qué? Del miedo. Parezco rara. La gente por la calle se da cuenta que soy extraña, y no puedo atribuírselo a mi ropa o a mi forma de hablar hebreo, porque me miran raro incluso antes de que hable. Recibo un mail de Fran hablándome sobre sus reflexiones acerca del sexo, del sexo oral, de las posiciones, etcétera. No puedo liberarme de mi acento. "Es una sensación/ el alma debe existir". Fui a la universidad. Me monté en la sala de las computadoras. La primera vez que vine a visitarlos a mis viejos no tenían computadora y no había un solo ciber en toda la ciudad (todavía sigue sin haberlo). Ibamos con papá a Proza, un video club en el Carmel en el que había unas computadoras con unos banquitos, como propaganda de alguna marca de programadores supongo. Los argentinos sin dinero veníamos a mandar mails aquí, gratis. El problema era que podías encontrarte con parias como vos, colgados de una máquina. La ventaja era que podías escuchar buena música, porque el videoclub también es disquería. Me acuerdo una vez de unas chicas que golpeaban las manos sobre las piernas siguiendo el ritmo de los tambores. Acá, entre los árabes, está lleno de tambores.

19 de Enero de 2005

Roxette

Con una música a todo lo que daba corrimos el tren con mi hermana y nos fuimos al campo, en medio del desierto.

Jóvenes de 20 años de edad que están haciendo el ejército. Su lenguaje es rarísimo. No es castellano. Es una pegatina extrañísima que modifica tu voz, al momento.

Llegamos, hacemos tremp en la ruta. Cosas así.

Me parezco a mi hermana aunque ella por principio odia que yo tome caipirinha con el resto. Ahora intentaré traducir la jerga de sus amigos lo más limpiamente posible.

-Mirá, yo era izquierdista. Pero hace un mes, vi algo que cambió totalmente mi forma de percepción.

-¿?

-Estábamos en una fila de camionetas en el norte. Una camioneta de nuestro grupo iba adelante nuestro y explotó en la ruta. Yo vi cómo volaron los pedazos de personas. Y no sólo eso, al toque vinieron los árabes que vivían por ahí y agarraban las cabezas y festejaban con los pedazos. No eran uno o dos. Era todo un "pueblo" (aldea) festejando con eso, o negociando los restos por otras cosas.

-....

-Igual, creo que también los judíos, los religiosos son de lo peor. También,... por la fuerza deberíamos sacarlos... El otro día estábamos en un asentamiento y nos tiraban piedras,... no los árabes, ¡los judíos! Nos tiraban piedras. Y nosotros estábamos ahí, "defendiéndolos".

-¿Y vos cuántos años tenés?

Por lo demás los chicos sin el uniforme son adolescentes de secundaria contando sus anécdotas de sexo y borracheras, observándome todo el tiempo, en plan de: a ver "qué dice la hermana mayor".

Cine gratis. Before sunset. La vi en el avión. Pero la veo de vuelta.

Me duermo hecha un bollito intentando que mis pies no se congelen demasiado y sueño cosas. Entre las posiciones anti-freeze llego a dormirme en canastita, pero acostada, con la espalda pegada al suelo.

Aprendo a mirar. Miro cosas y escucho a los que me hablan. Pienso todo el tiempo que todo este diálogo lo tengo que copiar. Digo que no tiene sentido. Luego digo que sí lo tiene. Y así estoy un rato largo.

Maia comparte conmigo su mundo y un chocolate relleno con naranja. Me dan ganas de escuchar cosas como Roxette.

3 de Febrero 2005

Bla Bla. Entonces se trató de no explotar.

Tenía una M﷓16 prestada, del ejército.

Tarivi li. En nuestro romance significa: disparáme. La bella enfermera, rubia y de ojos claros decide finalmente inyectarle veneno a un ex combatiente cuyo torso tiene un solo brazo y toca una campana.

Cosas así, por televisión.

Cosas así.

Haga equilibrio o disparo. Haga equilibrio. El olor de los pinos era una delicia. Hace, hace equilibrio. Se trata de suerte, o de disciplina. O lo que el Congo Belga.

Instinto de solemnidad. Solemnidad por defecto.

6 de Febrero

No toda distancia es ausencia, dice cualquier manual de viaje.

Nosotros, los de los ojos abiertos sentenciamos a nuestra musa a hacerse paño contra un vidrio lleno de barro.

El barro, su sustancia acuosa en un medio donde tirás un poco de agua y enseguida achárquese por ser toda arena pantanal o semejante

El barro.

-Ayer nos pusieron a hacer tiroteos -me dijo mi primo- ¿Qué soy, Rambo?

Tres de la mañana de un día laborable.

¿Descubriremos la oscuridad en Haifa?

De pronto un local de dos por cuatro con un tablón y música montada desde una pantallita extremadamente plana e insignificante mi primo yo y unos panqueques con chocolate y una bocha de helado de dulce de leche. El gay a nuestro costado me recordaba a Gabriela Bejerman. Uno quiere grabar al tipo o uno quiere grabar a mi primo o uno quiere grabar al muchacho-hace-panqueques que se pone a discutir de política con nosotros. O uno quiere ser mi primo guardia cárcel. O uno quiere tener dieciocho años y vivir en Francia. O estamos todos casados, somos cuerpos destinados al modelaje, tomamos cosas que nos dejan straight to the eye. Levantados como recién nacidos. Miami, New Orleans, London, Belfast and Berlin. Ochentas.

Ahora el tipo tiene corbata a rayas. Ahora quiero tomar nota de Tati, mi primo, hablando de su vértigo o de sus entrevistas psiquiátricas y de sus simulaciones para escapar del servicio militar.

Ahora que le digo que escriba todo lo que cuenta compruebo la imposibilidad de retransmitirlo como una señal teledirigida.

¿Saben qué? Detrás de todo muchacho con un par de katiushot en la cabeza hay un post-puber que quiere cojer, viajar, bailar o crecer. Para él, los consejos psiquiátricos son: tomá la pastillita, no leas, no te maquines, no pienses.

Montoto: "Ayer se suicidó un pibe y fue un garrón porque tuvimos que desocupar la carpa".

Mi hermana: "Estuve meses en donde sólo podía dormir en mi casa".

El Tati: "Tengo un amigo que se hizo monoteísta, pero su dios es Poseidón".

Hay cosas bellas en el mundo y el olor de los pinos. El tiempo todo lo destruye, dice Tati, y disuelve un pedacito de chocolate en la fe de cuyo nombre no sabemos el plural.

Se dice Feces. No, se dice Fes, digo yo, autosuficiente.

¿Hasta cuándo irán "al shnei haseipim"? Im ze Adonai, telju ajarav, im ze a Baal telju ajarav.

Una bruma gris sube desde la bahía hacia el centro del planeta. La vieja batonuda sale de mí, con su cigarreta en la boca,

le preguntamos a la Bejerman si conseguía hash o masheu

La Bejerman tomando y mostrando la mano acariciada de una muchachita más latina que israelí.

Digo que la vieja batonuda saluda en mí con un sesgo de la Dietrich de antaño pero postmoderna: pobre de mí que no tengo... un reproductor de emepetrés como mínimo, por ejemplo, o cualquier cosa: pobre de mí que no tengo cámara digital, cámara digital como agua, cámara digital para sobrevivir en un mundo de hienas, cámara digital porque sin ella no somos nadie.

Entre la vieja batonuda y la muchachita americana con olor a leche, en la piel, en mí, hay un abismo muchas veces transitado entre las múltiples facetas que. Ahora mismo puedo dar un guión.

Voy a escribir todo lo que se me cante el culo porque afuera llueve torrencial, o no llueve torrencial o porque en nada cambia las cosas o porque salvo la bruma sobre el mar o el olor de los árboles o lo maravillosa que es mi hermana, etcétera, porque estando a setenta y cinco mil kilómetros de distancia de mi casa todo es hermosamente "da lo mismo" y consecuente con la necesidad de decir.

Nada el sentimiento de humildad de cuando sabes que tenés una cuota de poder es mucho más soberbio que la soberbia misma, dice mi primo y dice verdad. Yo me juego el todo por el todo a hacerme la japonesa la baronesa la condesa de yorkshire la condesa de brooklyn haciéndose pasar por italiana (esa era una peli del cable) en medio del lejano o del cercano oriente o de europa es así: todas las sudamericanas son unas putas, todas las africanas son unas putas y en argentina construimos las mejores putas de la tierra mujeres putas contando los números de los talles en los que no entran en sus aceros aquí en el país de todos los talles y todos los consumos una mujer abandonada por su esposo me genera "acercamiento filial".

En europa y medio oriente y sudamérica todas las universidades son igual todos los académicos son igual...todos los artistas son igual...todos los ejércitos son igual

-Ani pazifist -dice el Tati- atá lo-

-Ani lo pazifist -dice él/la Bejerman-. Ani outsider.

Y no sé por qué. Les creo a ambos.

7 de Febrero

Ahora pusieron música. Son casi las dos de la tarde y en un día de invierno el sol empieza a decaer. Antes era el mar. Ahora cunde un ritmo funk.

"Dios mío. Que nunca se termine la arena, el mar y el sonido del agua. Sólo el cielo es la plegaria del hombre".

Los graznidos de los cuervos hacen de soporte.

A esta playa las mujeres vienen con tacos y galas. Hay sillas y mesas bajas de plástico, en la arena y una pasarela de porlan por la que camina gente heterogénea. Griegos, romanos, cruzados invaden las orillas. Herodes. Construyó una ciudad de verano a pocos kilómetros de acá. Un palacio, un anfiteatro, un hipódromo. De sus ruinas brota el rap.

8 de Febrero. Acre

Rapeaba incluso. Una melodia mizrají, all included: rap, rock. El grupo llamábase "subliminal", el canto: sobre el mesías llegado veinte miles de años para arriba. Festival de cocacola, rap en inglés, en un hebreo-árabe-inglés, hicimos zapping en el cable y vimos a andreita del boca hablando en turco (el turco se parece al alemán).

¿Qué ves? los jasidim bailando con una foto del rav de Jabad Lubavich. "Aquí todos ven el mar". "Estoy sentado sobre el cerco, y miro a un lado, y miro al otro". Ya no se usa el rock.

"sentado sobre la cuerda", sigue, "mirando pasar el mar".

nuestro dylan terrorista se sienta al lado del camino para escuchar decir a TVE: "ocurren cosas terribles en el mundo".

Acre II

La segunda obviedad del manual del viajero es la certeza de la extrapolación.

Hoy estuve en Acre.

¿Alguna vez sintieron fuego en la boca del esófago? Acre es una ciudad construida en la edad de fenicia.

Los objetos que se encontraron allí, con el correr de los acontecimientos se volvieron sumamente valiosos.

Hallaron una ciudad antigua en el norte de Samaria. Estatuas del dios Baal.

Hay una bella generosidad en las cosas convertidas en objeto de arte. Una foto medieval explica como "esto" se usaba. Amuletos del siglo del becerro o del rinoceronte.

uno dos tres y un hombre suelta que por donde levantamos un cerco.

¿Acá, allí? Estoy sentada en el toilette del museo y escucho el cántico de los árabes que invitan a rezar.

11 de Febrero

Hoy salí a caminar para separarme de esta ciudad. Pequeñas luces de las hojas. Hay un árbol de flores blancas aquí abajo, que casi no tiene hojas, sólo flores. Las mínimas. Hacía frío y había salido el sol sobre la bahía, enfrente. Me metí en un parque que tenía bambúes. Tal vez este sea el "barroco" de los árboles. No por la espesura, sino por la variedad. ¿Qué c. hacen acá estos bambúes? Y me metí dentro, esquivando unos pibes que fumaban algo. Era un museo de arte oriental.

De todo lo que vi, lo que más me gustó fue una estatuilla de madera, que como mucho habrá tenido cinco centímetros de alto. Era una pequeña vieja, que ocultaba detrás de su espalda la máscara de un demonio.

4 de Febrero

Un entretenimiento que tengo cuando salgo a caminar es pensar como si estuviera escrito. Lo que pienso. Después sentarme y escribir ese pensamiento es una frustración, porque nunca se llega y nunca se lleva un cuaderno exacto para escribir. Mientras se camina no se escribe. No es lineal.

Así que intentaré reproducir lo que se ha ido.

El paisaje de la bahía y del mar es habitual. La bruma y los árboles. Decido ir hasta un lugar que no sé si existe. Gan Psalim. Donde 'pesel' es estatua y 'gan' es jardín.

'Buenos días' me dice un cuidador de casas con un acento particular y yo asiento, como si fuera extraña.

En verdad soy extraña, pero si alguien me habla puedo entenderlo. Si alguien habla puedo entender. Es simple: al final de la calle no habrá otra cuadra, sino otra calle; estamos en el monte. Doblo y desde el frente diviso. Una estatua.

No es que haya gente en la ciudad. La vieja batonuda me dice que tenga miedo y que el cielo se nubla. Un poco más, le pido. Cruzo por la senda peatonal.

¿Alguien vio Blow Up? Allí hay un crimen en un parque parecido a este, piensa la batonuda, no yo. Me siento en la entrada y espero que el pánico se vaya. En efecto, lloverá. Saco una naranja de mi bolso y comienzo a pelarla.

A esta lluvia la llaman 'meada de camello': literal. Goterones que salpican aislados en medio de un sol indeciso. Nadie habla, pero no hay silencio. Este es el lugar más hermoso de todo Haifa.

Bajo el parque corriendo, porque es en bajada y porque tengo miedo. Lo cruzo en diagonal, deslumbrada, y cuando llego al final,

-Vení -dice una vieja canosa y yo con cierta benignidad me volteo. Le habla a su perra y entra. Vuelvo a entrar. 'Hasta que la vieja se vaya, me quedo'.

15 de febrero

Cuando te despertás a la mañana con el ruido mismo del grito que pegaste o la palabra que dijiste, es lo peor. Es peor que despertarse básicamente porque van a matarte o porque todo esta por resolverse. A diferencia de mi madre yo suelo hablar dormida y no recuerdo que dije. Sólo me acuerdo haber dicho algo. En medio del silencio o de la transpiración, lo que para quien fuera un quejido, para vos es un gorjeo que de manera tonta te avisa. Tarada, estabas durmiendo.

16 de febrero

Dos semanas. Cuando estás tan lejos tanto tiempo tan nada que ver con tu hogar. Como que sabés que no vas a volver. Como que empezás a escribir según tu oralidad. Como que la oralidad empieza a empañarse con palabras extranjeras que la gente que te reciba no va a entender. Llega el tiempo en que empiezo a pensar en una especie de jerga. Me esfuerzo por decirla correctamente en español. Depende quien escuche. Una jerga. Y los primeros días que llegues vas a estar traduciéndote de tu jerga cerebral a la jerga de los otros. Vas a subir la escalera y entretenerte con el hollywood del shop. Si tenés suerte tal vez te pruebes los perfumes o mires a los japoneses fotografiar las pantallas intermitentes.

2 de Marzo, 2005

TLV/MAD/EZE

El peso de una valija puede ser el peso de tu alma. Sobre todo si miraste tu destino en el tarot y te da positivo. Todavía estás sentada en frente del monitor, intentando conectarte lo menos posible con las personas menos posibles la menor cantidad de tiempo. Tengo 5 pantalones nuevos y una tacita de Pucca, musical.

El final ya fue. Todo lo que se escriba al final del final puede complicarse en esencia. El final fue una semana antes, en un patio privado, lleno de cactus, tomando fotos de ninjas y militares. Por lo demás escribiré liviano estos días, tal vez con esfuerzo.

Mañana tren. Pasado, Ezeiza. Más tarde. Espero que me miren entrar y no quiero que nadie me acompañe. Abro la puerta de calle casi corriendo. Corriendo por dentro. El vidrio de la cocina está roto por una piedra. En el piso camina la tortuga que no tengo. Los bártulos ocho pisos. Cierro la puerta. La abro de nuevo y bajo al minimarket.

(en el avión, yendo para Buenos Aires)

Lo abracé a papá y me largué a llorar como nunca. Tampoco me quería separar de mi mamá y de mi hermana. En ese momento sentí algo en las piernas. En ese momento dije, no puedo, la verdad es que no puedo. Querer mandar todo al carajo y decir: basta me quedo con vos.

Lloré un poco. De la debilidad a la bronca empecé a respirar fuerte. Mi papá me dijo: "vamos, no te vengas abajo ahora". Y entonces me separé. El último rostro de mamá era de mucho llanto, el último rostro de mamá era una grosería. Pasé la puerta de migraciones y salí del país. Oficialmente.

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