CIUDAD › EDUARDO TRASANTE DECLARó EN EL JUICIO POR EL TRIPLE CRIMEN

El padre pide "justa justicia"

El relato del pastor repercutió con angustia en el resto de los familia de las víctimas. "Mi hijo Jeremías es famoso, pero no por sus logros ni un sueño alcanzado sino por su muerte", se lamentó. También declaró "Pitu" Salinas, del M26 de Junio.

 Por Lorena Panzerini

"Los primeros en enterarse de la muerte de los chicos fueron familiares de Claudio ("Mono" Suárez) y Adrián ("Patóm" Rodríguez). Después, los médicos nos hicieron saber que Jeremías ya ingresó sin vida. Había muerto en mis brazos". Con esas palabras llenas de dolor, Eduardo Trasante declaró frente a los jueces que juzgan a los presuntos homicidas de su hijo. Durante la segunda jornada del juicio oral por el triple crimen de villa Moreno, el hombre pidió al tribunal, compuesto por Gustavo Salvador, Ismael Manfrín y José Luis Mascali, una "justa justicia". El relato del pastor repercutió con angustia en el resto de los familiares que estaba entre el público. Más temprano, Pedro "Pitu" Salinas, representante del Movimiento 26 de Junio, fue el primero en brindar testimonio en el marco de la causa. Consideró que la muerte de los pibes, de entre 16 y 20 años, fue "un ataque y fusilamiento cobarde; una venganza ciega, confundida y errada sobre nuestros amigos", ante la mirada inerte de los cuatro imputados: Sergio "el Quemado" Rodríguez, Daniel "Teletubi" Delgado, Brian "Pescadito" Sprio y Mauricio Palavecino. Los jueces ordenaron una inspección judicial en la zona del hecho, a pedido de la fiscalía.

Si bien para la mañana de ayer estaba previsto que testimoniaran al menos seis personas, esto comenzó casi tres horas más tarde, ante una serie de pedidos que hizo la fiscal Nora Marull: la prueba ocular en el lugar de los hechos, a lo que el abogado Carlos Varela se opuso porque "se modificó el escenario" en casi tres años; pero el juez hizo lugar y dijo que se fijará fecha en los próximos días. Los cruces más fuertes entre las partes se dieron cuando Marull solicitó la incorporación por lectura de las declaraciones que oportunamente hicieron los imputados, tras ser detenidos. Las defensas se opusieron; pero el tribunal resolvió a favor de la fiscalía; y las declaraciones se leyeron en la audiencia de la tarde.

"Desde un primer momento intentamos hacer un seguimiento exhaustivo del hecho porque se había agraviado el buen nombre de nuestros compañeros. Fue un asesinato por error, dentro de una disputa entre dos bandas. Los atacaron y fusilaron cobardemente", dijo Salinas. "La comunidad barrial, los amigos de los pibes comentaban que había existido un primer conflicto que desató el asesinato", indicó, por lo que después se conoció como el ataque al hijo del Quemado, Maximiliano Rodríguez, que su padre intentaría vengar, según la acusación. "Una vecina dijo que vio una chata, que bajaron unos tipos y dispararon. Más adelante supimos también del hecho del 29 de diciembre de 2011", en el que Maximiliano Rodríguez fue acusado de haber baleado a Facundo Osuna. Para Salinas ese ataque fue parte de "una disputa de territorio para comercialización de la droga", cuyo hecho "tuvo su réplica". Después vino el crimen de los pibes como "una venganza ciega, confundida y errada. Con los chicos teníamos planes de tareas en el barrio, y proyectos musicales propios", recordó.

Pitu agregó que cuando llegó al Heca aquella madrugada, "la primera imagen era desgarradora: los pibes habían muerto", dijo, quebrado. El joven destacó: "Acá estamos, hace tres años que pasó, y queremos estar para ver que se haga justicia", dijo.

Cerca del mediodía, el relato de Tasante conmovió. Contó que la noche de Año Nuevo la pasaron en su casa, y que se fue a dormir a la 1 de la madrugada, mientras sus hijos jóvenes estaban con sus amigos. "Pasadas las 4, mi hija Gisella nos avisó que habían baleado a Jeremías, nos vestimos y salimos corriendo los 40 metros hasta la canchita del club Oroño. Había mucha gente. Vi a mi hijo tirado frente a uno de los bancos de material; a su lado estaba el Patóm. Traté de alzar a Jere, sus ojos estaban desorbitados, temblaba. Cuando levanté la vista vi que estaba también la familia de Claudio. Fue una experiencia de mucho dolor y confusión: se decía que les habían querido robar las zapatillas, luego que alguien los baleó y se fue; que fueron hombres con armas", señaló ante el tribunal.

"Un vecino me ayudó a cargar a mi hijo en la camioneta de la policía. Yo lo llevé encima. Viajé rezando, pidiendo que nada le pasara. En el Heca hubo muchos abrazos, desconcierto. A los primeros que llamaron fue a los padres del Mono y la experiencia de enterarnos que había muerto fue un gran dolor; luego llamaron a los padres de Adrián. Nos parecía todo una locura", dijo. "Mi esposa, que esperaba sentada me dijo, 'decime que con Jeremías está todo bien'; y enseguida nos llamaron a nosotros: el médico nos hizo saber que Jeremías había ingresado muerto al hospital; murió en mis brazos", dijo el hombre, angustiado. Es que meses después, según recordó, la madre de Jere falleció "por tanto dolor". Sumado a ello, en febrero de este año, otro de sus hijos, Jairo, fue baleado a la salida de un boliche.

"Todo lo que siguió a esa experiencia fue una larga espera, era feriado y hubo que esperar la autopsia, algunos de los papás habíamos decidido donar los órganos de los chicos y la espera fue agónica. Nos encontramos velando a nuestros hijos. Los seis padres nos abrazamos".

En tanto, lamentó que "otra mala noticia fue saber que los medios hablaban de un ajuste de cuentas, que el hecho tenía que ver con Ñuls, y que los chicos eran soldaditos de un narco. Salimos a la calle a decir que no eran soldaditos de nadie, ni barras de ningún club. Con el correr de los días ese rompecabezas fue tomando forma y cada pieza ocupó su lugar".

Sobre el final, Trasante hizo saber a los jueces, que como capellán carcelario conoció en Alcaidía al menor que está acusado también en el triple crimen. "Desde Coronda, Rodríguez muchas veces me envió a llamar. Pero nunca pude llegar, y Coronda no era mi lugar asignado. Todos los sábados cuando un hombre del equipo volvía de allí, me contaba que Rodríguez quería hablar conmigo. El mencionó su oposición a las marchas, dijo que yo era un agitador fino y le pagaba a la gente para salir a hacer ruido en la calle".

Para cerrar, contó la anécdota de que Jeremías les dijo una vez que iba a ser famoso con un disco y que su cara estaría en la tele y los diarios. "Mi hijo es famoso, pero no por sus logros ni un sueño alcanzado, sino por su muerte", lamentó.

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"Un vecino -narró Trasamte- me ayudó a cargar a mi hijo en la camioneta de la policía".
 
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