CIUDAD › FOTOGRAFIAS DE LA ARQUITECTURA URBANA

Los rostros ocultos

En los frentes de los edificios antiguos de Rosario sobrevive
una gran varidad de rostros ornamentales. Antes de ser demolidos
por el boom inmobiliario, un fotógrafo los está registrando.

Muy pocos las advierten, diez o veinte metros por encima de la línea que la vista escasas veces supera. Son restos de una ciudad que en la primera mitad el siglo pasado hizo de la arquitectura un valor cultural distintivo, antes de la demoledora especulación inmobiliaria. Hombres, mujeres, niños, ancianos en piedra o argamasa, rostros ornamentales en el frente de antiguas viviendas que van siendo demolidas para dar lugar a adefesios en propiedad horizontal. Con el fin de alertar sobre esa pérdida del patrimonio urbano y dejar un registro de lo que se va perdiendo, el realizador audiovisual Carlos Larrosa encaró un relevamiento fotográfico sobre más de 30 edificios del centro de la ciudad. Las imágenes formarán parte de una exposición itinerante que llevará el nombre de "Testigos del tiempo".

"El trabajo pretende ser un relato fotográfico del pasado, en el que intentamos reflejar, por medio de las expresiones de los rostros, la poesía, la sensibilidad y la energía puesta en los mismos por sus escultores", precisa Larrosa, quien desde su oficio de camarógrafo y fotógrafo, ha incursionado en el documentalismo. Así es autor de trabajos para el Taller Ecologista y de "Memorias de un ausente", sobre la historia del ferrocarril en Rosario; "Rostros del cristianismo", referido al padre Armando Amiratti, de Cañada de Gómez; y "Vida y obra del Dr . Julio Maiztegui ", entre otros.

En este caso, Larrosa apunta al "rescate fotográfico" de esas huellas del pasado todavía presentes en el paisaje urbano de la ciudad, impulsado por "el ferviente deseo de que estas figuras sigan siendo nuestros testigos a través del tiempo". Con el antecedente de un relevamiento similar que hizo 20 años arás el arquitecto Mario Bonacci -recopilados en un audiovisual y en el libro Piel a piel con mi ciudad-, ahora Larrosa apunta a un relato fotográfico del pasado en el que intenta "reflejar, por medio de las expresiones de los rostros, la poesía, la sensibilidad y la energía puesta en los mismos por sus escultores", señala el realizado audiovisual. Agrega que "estos rostros son las primeras `intervenciones urbanas' de principios del siglo pasado" y si bien la vida apresurada de estos días limita el ejercicio de la observación, "ellos están ahí con sus miradas profundas, con sus rostros resquebrajados marcados por el paso del tiempo, observando atentos desde lo alto y en silencio".

Larrosa reconoce que en los últimos años la depredación arquitectónica se ha instaurado tan intensamente en lo cotidiano, al punto de que pasa inadvertida la ausencia repentina de alguna de esas construcciones antiguas cercanas o de más de un siglo de edad. "Por eso pensamos que la arquitectura como parte de la historia es fundamental para mantener nuestra memoria e identidad, porque perder estos edificios antiguos es perder también una parte significativa de nuestra historia", resalta el realizador.

Con la colaboración de Valentina Rojas y de su hijo José Luis Larrosa, el fotógrafo debió apelar a una grúa hidráulica para ponerse a la altura de algunas de los rostros ocultos de la ciudad. También es vital el apoyo que brindan a la iniciativa el Programa Municipal de Preservación del Patrimonio Arquitectónico y la Dirección de Comunicación Social de la Municipalidad.

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El realizador Carlos Larrosa.
Imagen: Alberto Gentilcore
 
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