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Viernes, 13 de junio de 2008

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Tribadismo

No sólo la palabra lesbiana, original de la isla de Lesbos, nos fue legada por la cuna de la civilización. También de cuño griego es la práctica lesbiana conocida como “tribadismo”, que deriva del verbo griego tríbein, es decir, “frotar(se)”. Para la Antigüedad clásica, la tribas es una mujer que tiene relaciones sexuales con mujeres. Pero a diferencia de lo que ese nombre conlleva hoy (sexo por frotamiento entre vulvas, vulgarmente conocido como la tijereta, de allí las sissors sisters), las tribades romanas eran una especie de varón transgénero de la Antigüedad, o quizá drag king. La más famosa tribas de la literatura latina es Filaenis que, según el poeta Marcial, era una mujer que escondía sus atributos femeninos y se hacía pasar por varón hasta el punto de utilizar algo así como una prótesis para mantener relaciones sexuales con sus mujeres. ¡Filaenis es ridiculizada por Marcial porque su mascarada de género es perfecta hasta que se le ocurre encontrar placer en el sexo oral con otra mujer, cosa profundamente no viril para la mentalidad romana!

La historia de la palabra y su genealogía trans poco tienen que ver con lo que toda una rama lésbica radical quiere ver en el tribadismo: una práctica sexual política contra androcéntrica que descoloca el sistema sexual al desafiar los valores de actividad pasividad/masculinidad feminidad ya que nadie penetra, nadie es penetrada. De todas formas, la existencia histórica de la tribas (la palabra lesbiana en la Antigüedad no se usaba para el homoerotismo entre mujeres) permite pensar aquello de hasta qué punto es lícito hablar de homosexualidad o lesbianismo en la Antigüedad.

Sin embargo, la tribas, fricatriz, según su versión médica, o tribadista, es un tipo de mujer que, de algún modo, transgrede/transgredía la definición social de cómo tener sexo y los roles predefinidos para las mujeres con respecto a la sexualidad. Su cuerpo no está alineado a las prescripciones del sexo, del género y de la elección sexual, es decir, se convierte en objeto político, social y cultural, no una naturaleza pasiva gobernada por la cultura o la simple pulsión libidinal. Siguiendo a la fallecida Monique Witting, la tribas ocupa un lugar donde no se es ni varón ni mujer, puesto que estas nociones impuestas son insuficientes para representarla y donde, en un punto, no son necesarias para satisfacer el deseo amatorio, única ley a la que responden. Cabe pensar que tribas es cualquiera que se frote contra algo, sea esto lo que fuere, tal como el verbo en griego libremente permite imaginar.

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