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Viernes, 22 de abril de 2011

A LA VISTA

Lxs novixs saludaron en el gimnasio

Sucedió hace exactamente una semana en el penal de varones de Ezeiza; el novio y la novia comparten pabellón aunque, según la ley, su intimidad como pareja deberá restringirse a dos horas quincenales en el cuarto destinado a tan feliz evento. No fue la única razón por la que lxs novixs incluyeron entre sus votos el deseo de que cambie la política carcelaria.

 Por Irupé Tentorio

¿Cómo se conocieron?

Vivian: –(Con mucha dulzura) Yo soy peruana. Nos conocimos hace cinco años en Perú. Me lo crucé mientras trabajaba en la calle. Nos hicimos amigxs y un poco nos enamoramos, pero él tuvo que volver para la Argentina. Al año siguiente yo me mudo para Buenos Aires, vivía por ese entonces en una pensión en el barrio de Once. Me lo vuelvo a cruzar por la calle cuando iba al almacén. Eduard me reconoce... ¡ay! Si vieras cómo me agarró y me declaró su amor, hasta el día de hoy se me aflojan las piernas. Además, en ese instante yo alborotadamente no sé por qué le dije que seguía trabajando de noche y él me entendió. Así que durante un tiempo me visitaba en el hotel para travestis en el que yo vivía. ¿Entendés?

Sí, Vivian, te sigo...

Vivian: –Ya por ese entonces me había propuesto matrimonio, pero aún no aceptaba. ¡Es que no podía creerlo! Nunca llegamos a vivir juntos, pero cuando la dueña del hotel no estaba, Eduard se quedaba conmigo todo el tiempo que podía. Después de un tiempo de no vernos, me lo encuentro por los pasillos de Marcos Paz. Ahí sí que no podíamos creerlo. “¡Qué haces acá!”, le dije. A él lo estaban entrevistando para el ingreso, entonces –yo, que hacía cuatro meses que estaba adentro– le aconsejé que pida para ir al módulo 1, pabellón 4, que allí estaban los homosexuales y travestis. Y así fue. Si bien no compartíamos celdas, una estaba pegada a la otra. Y finalmente, cuando se habilitaron los pabellones de género trans en Ezeiza, pasamos aquí.

Eduard: –(Tranquilamente) En un mes salgo y ella, el año que viene. Tenemos planes de vivir juntxs. Quiero que Vivian deje de trabajar la noche y se dedique a lo que quiera, si quiere ser ama de casa, que lo sea. ¡Yo soy feliz al lado de ella!

Se interrumpe la entrevista para avisar que sólo faltan 15 minutos para dar el “Sí”. Pero antes la novia dice:

Vivian: –Ojalá este país me dé una oportunidad. Estoy feliz de estar viviendo aquí, de las posibilidades que me da. En Perú jamás pude ser travesti y ni qué pensar en un casamiento. Yo soñé toda mi vida con este día, al igual que muchas mujeres. ¡Mi marido es argentino y lo amo! Estoy muy contenta. No quiero llorar porque se me corre el make up; decime, ¿tenés a mano un espejito, así me retoco?

Sí, claro.

Vivian se empolva la nariz mientras los flashes registran los últimos minutos de soltería. Esta cronista, que no puede más con la intriga, le pregunta por su noche de boda.

“Este casamiento nos permite tener cada 15 días visitas conyugales, durante dos horas. Ni te cuento cómo arderán las sábanas de estas camitas.” Imposible no imaginarlo, si de sólo ver cómo su marido la toma de la cintura (así de fogoso), una se imagina cada trote...

El gimnasio con sillas blancas y mesa de fondo lxs espera para la ceremonia, llena de directivxs, policías, travas, gays, activistas Glttbi, y demás. Todxs emocionadxs. Ellxs entraron de la mano, radiantes, emocionadxs. La jueza Catalina Ana Basilico felicitó a la pareja y recordó “las reivindicaciones alcanzadas en derechos humanos”. Luego hizo la pregunta célebre y lxs novixs contestaron: “¡Sí, hasta que la maldita muerte nos separe!”.

La ceremonia finaliza, esposa y esposo saludan a todxs y ambos gritan: “¡Otra política carcelaria es posible!”.

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