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Viernes, 16 de septiembre de 2011

ENTREVISTA

Feo, sucio y malo

Ni cantante, ni actor, ni escritor: Alberto Bassi no encaja en ninguno de los oficios, aun cuando hace un poco de todo. En La Plata se lo puede ver en la calle, recitando poemas de amor a los taxistas que paran en el centro y también en pequeños bares donde presenta su show de canciones y monólogos porno-íntimo-humorísticos. A pesar de su larguísima trayectoria por territorio bonaerense, este viernes se presenta por primera vez en la Capital para demostrar por qué hay quien lo llama como en el título de esta entrevista.

 Por Ariel Di Paoli

En tus shows y tus textos hay una impronta subversiva. ¿Considerás tu arte una forma de militancia?

–Indirectamente, porque no es mi propuesta. Lo que yo hago es expresarme, comunicar sentimientos, sensaciones, que pueden ser tomadas de distintas maneras, de acuerdo con la subjetividad de cada uno. Si tuviese una postura militante, estaría en otra vereda: estaría enfocando la cosa desde otro ángulo.

Tal vez resulta revolucionario por lo transgresor...

–Bueno, a mí no me corresponde decir eso, es una palabra muy importante, quedaría presuntuoso. Pero, sí, pienso que lo que hago en el escenario y en mi vida es ir en pos de la libertad. De la libertad en todo sentido, de la libertad interior, de la libertad sexual, de la libertad con el otro. Esa es mi búsqueda. Yo trato de transmitir la liberación absoluta de las sensaciones del cuerpo, de la sexualidad, de la masturbación, de acariciarle el cuerpo desnudo al otro, de succionarlo, de ser feliz con eso, de que el otro sea feliz.

En tu espectáculo se mezclan la escritura y la interpretación, lo teatral y lo musical. ¿De qué estamos hablando al final?

–Yo nunca hice teatro, no me considero un actor, no tengo técnica teatral. Lo que hago es, simplemente, un espectáculo unipersonal donde tengo dos músicos que acompañan las canciones que escribo. Las letras y la música son mías, pero no me sé acompañar con un instrumento y, además, no me interesa, porque lo que hago en el escenario es muy corporal, me muevo, grito, no podría tener una guitarra entre las piernas porque me moriría. Lo mío es un unipersonal donde el único personaje que existe soy yo. Puede tener algún elemento teatral, pero nunca hice teatro.

Durante algunos años hiciste radio...

–Sí, tuve una experiencia en radio durante tres años, conduje un programa que se llamó La canción popular en Francia y en Italia, porque manejo el idioma francés y el italiano, y amo mucho la canción popular de esos dos países. Yo me ocupaba de hacer una historia de la canción popular francesa e italiana, traducía las letras y al final terminaba siempre con un texto mío. La experiencia en radio me sirvió mucho para explorar las capacidades vocales, la articulación, o sea un montón de cosas que a mí me importan mucho. También hice traducciones y versiones del castellano al francés de algunos tangos, por ejemplo, de “El día que me quieras”, de “Volver”, de un tango que se llama “Soledad”, de Gardel y Le Pera, que es hermosísimo. Todo eso lo hice con un poco de miedo, porque respeto mucho ese repertorio. En parte, gracias a esos dos trabajos, ahora tengo más redondeado todo, encontré mi estilo, ya sea en la interpretación como en la escritura. Y también el eje de lo que quiero transmitir: es el sexo, el sexo y la melancolía, el sexo y el humor, el sexo y la ironía, lo absurdo; pero siempre pasa por el sexo, de alguna manera. Y la ternura también, por qué no.

¿Cuándo empezaste a hacer shows?

–Desde que tenía 18 o 19 años. Lo que ocurre es que a mí me censuraron mucho. Hubo toda una época donde yo no podía actuar en cualquier lugar porque no me querían. Ahora las cosas cambiaron un poco, veo un público más predispuesto, los lugares y las salas mucho más abiertos, como que la gente está buscando cosas distintas. Me parece que es un quemo censurar en este momento.

¿Por qué creés que te censuran?

–Estoy seguro de que la censura tiene que ver con el miedo, tiene que ver con la represión hacia el otro y toda represión hacia otro incluye miedo. La persona que censura tiene mucho miedo de encontrar cosas de sí misma en la persona a la que está censurando; pienso eso.

El nombre de tu show, No hagamos el amor en silencio, ¿tiene algo que ver con rebelarte frente al mandato de silencio?

–Sí, absolutamente. “No hagamos el amor en silencio” es el tema con el que inicio el recital, y tiene que ver, concretamente, con el placer que a mí me da ir describiendo lo que va pasando, lo que te van a hacer o lo que le vas a hacer al otro. Igual no me gusta mucho explicar, me gustaría más que lo vayan a ver.

¿Y la homosexualidad cómo entra en todo esto?

–En mi caso, es algo que está en primer plano, es algo fundamental porque yo soy homosexual, entonces no puedo hablar desde el espacio o desde la cabeza de un heterosexual, porque no lo soy. Yo soy homosexual y lo grito a los cuatro vientos, desde siempre, desde los años ’70 cuando estaba Videla, no tengo ningún problema. Pero lo importante es que de la misma manera que digo que soy homosexual y que se nota desde el primer tema del recital hasta el último, tampoco tiene demasiada importancia: es un factor completamente superficial. Por ejemplo, a mí me encanta Serrat, tengo todos los discos y lo voy a ver en vivo siempre. Serrat me transmite muchísimas cosas y no hay una canción de él que no esté dedicada a una mujer. Ahora, ¿a mí qué me importa? Lo que me transmite va mucho más allá, tiene que haber un poder de traslación mínimo porque, si no, nadie podría escuchar música, nadie podría leer nada, nadie podría ir a ver una película si no te están representando a vos mismo en la escena, y eso es una locura. Con esto quiero decir que yo puedo hablar de la pija y puedo dedicar mis poemas a hombres y, sin embargo, una mujer se puede sentir identificada o un hombre heterosexual se puede sentir identificado con algo mucho más profundo que el objeto sexual que yo elegí.

Pero me imagino que no siempre las reacciones frente a tus textos han sido iguales.

–Bueno, sí. Hay un tema, “El slip rojo”, que genera tantas pasiones como rencores. Una vez tuve una experiencia terrible. Una señora estaba sentada en una mesita con un señor y yo empecé a hacer “El slip rojo”, que produce reacciones contradictorias, desde la risa desenfrenada hasta lo que le pasó a esta mujer, que empezó a insultarme desde su mesa. Yo seguía mientras pensaba: “No estoy más concentrado porque esta mujer ya me sacó y va a seguir atacándome”. En ese momento podía hacer dos cosas: o la enfrentaba y le decía que por favor se fuera, que le iban a devolver la plata en boletería, o seguía diciendo el texto desconcentrado. Entonces me dije a mí mismo: “Respirá profundo, pensá que en el fondo de este local quizás haya una persona que te está escuchando, actuá para esa persona y cerrá los ojos, esa mujer no existe, no existe”, y seguí. Ella también siguió. A pesar de que la gente le pedía que se calle, mandó al marido a buscar al encargado, pidió que me echen y dijo: “Lo único que falta es que se desnude”. ¡Y yo me tenía que desnudar porque era parte del show! Hay que estar, hay que estar en esas situaciones... Pero ahora tengo un público muy joven, siento que gente de más de 50 años no iría a verme.

¿Por qué pensás eso?

–Se me viene a la cabeza una frase que dijo una amiga: “Porque tienen miedo a la libertad” (risas). No, yo pienso que hay gente que no me banca, qué le voy a hacer. La cuestión es así, no soy envidioso, pero sí envidio algo, envidio a la gente famosa, pero la envidio profundamente, quien sea, a cualquier artista famoso ya lo estoy envidiando, y sólo por una razón: porque el tipo o la tipa ya pasó la etapa del filtro, que es lo más duro. Por ejemplo, ¿quién va a ir a ver a Fito Páez para silbarlo o agredirlo? Nadie, van a ir los fans y lo van a aplaudir y lo van a amar, y me parece genial. Pero a mí no, porque no soy famoso. Entonces me tengo que bancar a esa vieja y quién sabe cuántas cosas más de gente que va desprevenida. Si yo fuese famoso, esa vieja habría dicho: “Ni en pedo voy a ver a Alberto Bassi”.

Famoso o no, tenés tu propio club de fans...

–Bueno, sí, está la gente que me va a ver a mí, que me aplaude, o que, por ejemplo, me piden temas y si no los hago me matan. “El slip rojo” está entre los más pedidos. En realidad, yo prefiero que me aplaudan pero, de cualquier manera, la reacción de esa mujer, bueno... me puso en órbita. Y me dije: “Andamos bien, si a esa mujer le produje eso es porque, Alberto, andás bien, estás bien enfocado”. Porque no me dirijo a esa gente, entonces está bueno. De cualquier manera, prefiero que me quieran. Pero bueno.. uno va construyéndose a sí mismo también a partir del rechazo que produce. Si sólo recibiera flores, sería otra persona, tendría otras reacciones para con este mundo. Pero está bien así.

¿Y por qué se supone que no hay que hacer el amor en silencio?

–Porque hay que hacerlo hablando, porque me gusta hacerlo hablando, porque me gusta hacerlo a la luz del sol, me gusta expresarlo, me gusta que sea sucio, me gusta que sea morboso, que sea excitante, que sea degenerado, y todo eso implica no quedarse en silencio. Le puse ese título porque es la idea general de mi postura en la vida y del recital. l

Alberto Bassi va a estar presentando su show No hagamos el amor en silencio el viernes 16 de septiembre en Una Casa (Humberto Primo entre Perú y Bolívar, San Telmo). A partir de las 21.

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