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Viernes, 16 de septiembre de 2011

LUX VA A LA FIESTA FOLSOM, BERLíN

En cueros...

Y a lo locx, nuestrx cronista participó como jurado de la Fiesta Mundial para elegir a Mr. Leather 2011. Donde puso el ojo no puso el premio, pero sí puso la bala. Así es que esta crónica continuará la semana que viene con un título tan prometedor como clásico: “Lux, de Berlín a Estambul”.

Me había prometido, desde mis desventuras cariocas, no participar más de concurso alguno. Pero esta vez no pude negarme: me ofrecieron participar como presidentx del jurado en la elección de Mr. Leather Internacional 2011, que constituye uno de los eventos centrales del festival Folsom, el encuentro leather más importante de toda Europa, que empezó en 2004 y hoy es el suceso fetichista más conocido del mundo. ¿Iba yo a negarme a algo semejante, que incluía un pasaje, un viático, fiestas locas al final del verano europeo y la posibilidad de enamorarme?

Allí fui, sabiendo que nada sé de cueros y que mi habitual compañero de página me odiaría por mi atrevimiento.

Se presentaron 53 candidatos de todas partes del mundo para la preciada corona. Mi favorito era Ahmed, un fortachón peludísimo de 38 años que había venido desde Estambul y que, con los brazos gruesos como muslos bañados en una mezcla indescifrable de sudor y aceites aromáticos, hacía brillar la piel tanto como el apretado traje de cuero que portaba.

Lxs nueve integrantes del jurado teníamos el derecho (y la obligación) de evaluar al detalle a los postulantes, llegando incluso a la palpación, porque se ha dado el caso, en ediciones anteriores, de competidores desleales que habían rellenado sus trajes con medias, trapos, esponjas, con el fin de aparentar más de lo que la naturaleza les había regalado.

Ahmed era natural hasta en las entretelas de su alma y de una simpatía arrolladora. Quise sentir (y así se lo dije, en un susurro) su barba raspando la cara interior de mis muslos. Rió y asintió con la complicidad del caso.

Luché por él. Perdí. Lxs demás adujeron razones de orden étnico que no alcancé a comprender entonces del todo (lo mío es la belleza pura, sin distinción de razas ni de credos), pero que parece que en Europa hay que tener en cuenta... No sé. Me enojé y amenacé con renunciar. Para calmarme, me ofrecieron premiar a mi segunda opción: Eric Gutiérrez (que venía esponsoreado, el muy pícaro, por RoB Berlin, RoB Paris, ASMF and ECMC... así cualquiera).

Pero el joven valía cada gramo de su anatomía en oro y su producción era impecable.

Los 1500 asistentes a la coronación lo ovacionaron, antes de que saliéramos en caravana por las calles de Berlín. Señoras y señores: un barrio entero con el tránsito cortado y ocupado por una multitud rugiente de hombres (¡y mujeres!, o sea: dykes, mujeres y trans*), igualmente engalanados por el cuero brillante, uniformes de toda laya, trajes de goma, momificados, atados a potros, siendo alimentados directamente de un bidón de meo, en plena calle, exhibiendo sus glúteos marcados por el látigo, [email protected] borrachos.

Me explicaron que ahora se escribe trans* por razones de corrección política (una universalización que significa que todxs somos más o menos trans... Por eso las fiestas se llamaban “Lost in Translation”, “Meet, Trick and Treat” o “Welcome to the Darkside Ambience”).

A las 11 de un día había un brindis con prosecco para chanchos (o sea, la cosa venía con lluvia dorada inclusa). Después, un almuerzo con el artista leather del momento, John Palatinus. Más tarde, vernissage de su muestra. A la nochecita, la fiesta “Adán y Eva en el Jardín de los Deseos” (dresscode: leather, fetish o desnudx... ¿adivinan cómo fui?). Al otro día, la feria leather callejera por la Fuggerstrasse y la Weltstrasse: miles de personas comprando ropas, accesorios, dildos, pinzas para pezones, instrumentos de odontología, rollos de nylon para momificación, slings, fustas, rodilleras, máscaras con o sin aberturas para los ojos, cepillos para inodoro adheridos a mordazas. Y lo que es más importante: usándolo todo.

Y después, la cena “Carne cruda” en el Hotel Axel de Berlín (que esponsoreó mi excursión, y me alojaba).

Y tantas especies, incluso para mí desconocidas: los “amos-mascotas” que me hicieron acordar tanto a la serie australiana Wilfred: unos disfrazados de perritos (u osos o... en fin, animalitos) y otros (los amos) acariciándoles incesantemente las orejas y el morro.

La Europa entera entregada a lo que algunos pensarán que es puro consumismo y otros que es un salto hacia adelante, hacia lo desconocido. Yo no sé... yo no sé nada.

Me dije: “Por cuatro días locos que vamos a vivir...”.

Por supuesto, intenté que Ahmed cumpliera su promesa y que me raspara con su barba de tres días. Hablando con él, entendí la renuencia de mis compañ[email protected] de trabajo para coronarlo: era un jeque riquísimo de la parte asiática de Estambul, conocido por practicar la poligamia, que no está bien vista ni allí ni en el resto de Europa.

Pero como he dicho ya: yo no sé... No sabía, no me importaba. Los cuatro días locos tocaban a su fin, era ya el lunes 12 de septiembre y Ahmed insistía para que me fuera con él a Estambul en su jet privado. Acepté la oferta (me temblaban las piernas). No debí hacerlo...

(Continuará...)

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