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Viernes, 11 de noviembre de 2011

MARCHAXX

Sin desperdicio

Puntos de contacto, coincidencias en la opresión, en la lucha y también en la salida: la activista Marlene Wayar entrevista al cartonero Ricardo “Coco” Niz, que participó con Soy en la Marcha del Orgullo. Juntos revuelven la basura y van dejando en evidencia lo que sirve.

 Por Marlene Wayar

Coco es hiperverborrágico, pero además mi presencia como parte de Página/12 le agrega adrenalina: su cooperativa El Correcamino va a salir en un medio por primera vez. Cuando llego al 1288 de Humboldt y toco el timbre, la respuesta viene desde la vereda. Una señora joven y un pibe me señalan la calle, pero de inmediato lo acompañan con un grito a coro (“¡Coco!”). En la vereda hay mates en un sillón de tres cuerpos bajo los árboles que luego Coco me dirá que fueron plantados por ellos hace más de veinte años. Al lado, una mesita ratona vuelve el sitio un living público. Allí me ubican y es donde Coco responde a mis preguntas.

¿Cuándo nace la cooperativa?

–Nace en 2001 pero toma forma en este último año. Se llama El Correcamino porque corremos por el camino donde encontramos nuestro destino y superación, trabajando y proponiendo. Ese camino también es el aporte al medio ambiente que hacemos lxs cartonerxs. Antes hice de todo: fui fletero, peón de albañil, futbolista en las Inferiores de Boca Juniors y ciruja.

¿Qué te llevó el sábado a la marcha?

–Es una pena que la gente esté marchando a grito pelado por sus derechos cuando deberíamos convivir y compartir. Cuidar el derecho de cada uno. ¿Quién soy yo, hombre, lleno de errores para decirte a vos qué ser? Nos autotitulamos poderosos y engañamos a nuestras parejas, engañamos a nuestros hijos, engañamos a nuestros vecinos... ¿Cómo te sentís con autoridad moral para opinar y criticar las elecciones de vida de otros?

¿Cómo se identifican hoy en la cooperativa?

–Antes nos decíamos cirujas, después fue cartoneros y ahora es promotores ambientales, a partir de allí queremos concientizar sobre la tarea profundamente protectora del medio ambiente que realizamos. Queremos comprar un generador de luz para hacer charlas ambientales en la plaza y que se puedan expresar los artistas callejeros que nos acompañen, porque Macri cortó la luz en todas la plazas. Esperamos generar vivienda para todos, obra social, y hemos logrado la libertad de no ser discriminados, luchando por trabajo y dignidad diciendo no a la droga, no al alcohol y no a la explotación.

¿Qué los llevó a armar la cooperativa?

Habernos cansado de cortar la calle. Los subsidios que nos ofrecían eran siempre “proyectos de cartoneros”, es decir conseguían financiamiento internacional y nacional y se llenaban los bolsillos a nuestra costa y nosotros sin nada. Siempre cambiando nada por nuestros derechos.

Le comento a Coco que de esto las travas sabemos mucho. Siempre fuimos el sustento de sendos proyectos donde todos los gays y lesbianas ganaban como partícipes del proyecto y nosotras sólo conseguíamos unos pesos para unas cinco o diez chicas y el derecho a tener forros para trabajar en lo de siempre. Pero aprendimos a salirnos de ese lugar de víctimas constantes, de eternas especímenes para exhibir y que otros dijeran qué éramos, qué necesitábamos y cómo lograrlo. “Nosotros pensamos al vecino como familia, y eso nos permitió dejar de revolver la basura. Hemos construido afecto y respeto: ¡Qué hermoso es ser respetado! Los vecinos separan la basura y nos la traen o nos dicen que pasemos a buscarla, tenemos varias empresas que nos dan por noche una tonelada de vidrio”, cuenta.

¿Cuál fue la primera vez que te sentiste discriminado?

–De chico, cuando caí en la calle por no tener papá ni mamá y me llevaban en cana. Lo único que hicieron es excluirme, reprimirme. Nunca hubo una mesa, lápiz, sábanas limpias, comida, una caricia. Hay un negocio del miedo y esto de la cooperativa de recuperar personas, autoestima, el artista interno, el propio talento lo necesitamos masivamente, apoyándonos podemos rugir como leones para perder el miedo. Estamos haciendo futuro con nuestrxs hijxs, ellos ya no serán cartoneros, todos están estudiando algo.

Recuerdo cuando viví y trabajé con la gente de la aldea rosa detrás de Ciudad Universitaria que me llamaba la atención cómo se colocaban las viseras y miraban para abajo. Vos, el Chapu, el Pitu (compañeros de Coco en la cooperativa) no sólo no usan gorras sino que miran muy a los ojos.

–Sí. Era vergüenza de uno mismo, ¿sabés lo que es tener que mirar al otro cuando estás revolviendo basura? Y que el otro te clasifica: cartonero, delincuente, drogadicto, lo peor. Hay toda una transición. ¿Cómo aprender a vivir si sos excluido de todos lados a patadas? El que agarra la droga es como un cable a tierra. Discriminar es criminal, juntémonos en un gran proyecto sin temor, somos idóneos. Un empresario cae en desgracia y está muerto, nosotros somos artistas, magos para sobrevivir, por eso fuimos a poner la cara en la Marcha del Orgullo, porque discriminar es criminal. Mejorar las condiciones de todos, y poner las palabras en práctica. A mí me gustaría que una chica trabajara aquí, en cualquier área: que construyamos más allá de las palabras.

No dejo de sorprenderme del transitar incesante de gente vecina, que pasó y se detuvo a saludar, a traer, a pedir, a invitar asado, a comunicarse con este hombre, que se quedó pensando mi propuesta de ser trans: ni hombre ni mujer. Estoy comprometida a regresar con arte y maestrxs de rap. Quieren explotar en canciones. Antes me subo a la camioneta que les prestó un vecino para que no tengan más tracción a sangre y vamos por el barrio acudiendo a los llamados de vecinos que tienen basura para entregar en mano.

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Ricardo “Coco” Niz y Camila Sosa Villada
Imagen: Sebastian Freire
 
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